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David Mejía

El procés en bachillerato

«Ahora que los bachilleres tendrán tiempo para estudiar nuestro pasado más próximo, me pregunto cómo se estudiará el ‘procés’»

Opinión
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El procés en bachillerato

Adam Nieścioruk|Unsplash

Ayer escuché al ex secretario de Estado de Educación Alejandro Tiana en el matinal de Onda Cero. Carlos Alsina tuvo a bien invitarlo para aclarar algunos aspectos de la Ley Celaá, que ha recobrado el foco informativo tras el recurso presentado por la Comunidad de Madrid ante el Tribunal Supremo: Isabel Díaz Ayuso ha declarado que la nueva ley educativa atenta contra la justicia y la libertad de los alumnos y ha solicitado medidas cautelares para suspender su entrada en vigor.

Las dos cuestiones medulares son el andamiaje de valores y el currículo de bachillerato, donde desaparece la historia de España anterior a 1812. Y es el trenzado de ambas lo que activa la alerta de adoctrinamiento. Destacados historiadores han mostrado su preocupación ante la preminencia en el plan de estudios de la historia contemporánea, en especial del siglo XX, y temen que sea una estrategia de ideologización; nadie ignora que desdibujando el pasado es más sencillo resignificar el presente.

Tiana explicó que la intención no es ignorar la Historia anterior al XIX, pues esta se estudia en otras etapas educativas, sino dar respuesta a los profesores y alumnos que lamentan no llegar nunca al final del temario. Muy de acuerdo, ¡cuántas veces nos quedamos en la revolución industrial cuando lo que queríamos era llegar a los Nazis! Tiana lo dijo de otra forma: no puede ser que un alumno termine el bachillerato sin saber quién es Franco.

Respecto a los valores que permean el plan educativo (sostenibilidad, desigualdad, emergencia climática), Tiana negó todo conflicto con la vocación pluralista del sistema y descartó los sesgos políticos: se trata de bienes elementales con los que cualquier democracia debe estar comprometida. Y sí, la escuela no se puede limitar a transmitir conocimientos, debe formar ciudadanos responsables, instruidos en valores democráticos. 

Coincido en lo sustancial con el señor Tiana en ambos puntos: el sistema educativo no puede formar alumnos de espaldas a los fundamentos morales que lo sostienen, y parece sensato dar respuesta a la petición de los educadores respecto al vacío de la historia contemporánea. Pero convencido de esta noble tarea de educar en contenidos y valores, me asalta una duda pedagógica.

Ahora que los bachilleres tendrán tiempo para estudiar nuestro pasado más próximo, me pregunto cómo se estudiará el procés. A fin de cuentas, se trata de un hito en nuestra historia reciente, el mayor atentado contra el orden Constitucional desde el 23-F, la mayor afrenta a esos valores democráticos que tan importante es transmitir a los muchachos. Y entonces reviso que la Ley Celaá, en cuya médula laten la formación en valores democráticos, salió adelante gracias a los votos favorables de ERC y las abstenciones de Junts y Bildu, entre otros. Y sin acritud pregunto: ¿no es extraño que el Gobierno apruebe una ley de educación en valores democráticos con el apoyo de aquellos que se ufanan de traicionarlos?

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