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Lorenzo Grahema

Visión Global

«Oponerse a la OTAN como alianza estratégica por una mera cuestión de ideología no es una postura realista»

Opinión
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Visión Global

Decía Walter Lasky, el personaje que interpretaba Martin Sheen en El final de la cuenta atrás, que avanzamos en el conocimiento gracias a un fundamento científico, no supersticioso. A ver… Lasky estaba a bordo del USS Nimitz, un portaaviones nuclear de la Armada americana inmerso en la víspera del ataque a Pearl Harbor a causa de una tormenta que les había hecho viajar 40 años atrás. La necesidad de buscar explicaciones científicas se imponía, en ese momento, a otras opciones como pudiera ser una potencial maldición.

Pero la frase está cargada de solidez. Poder evidenciar una opinión sobre cualquier tema, obligaría a sacrificar rigor en virtud del impacto. Por plantearlo de forma concisa: si yo fuera un candidato político y creyera que usted, lector y votante, tiene una ideología liberal, daría por supuestas ciertas referencias en su pensamiento como que cree en el libre comercio, en la propiedad privada, en un Estado limitado, en la separación de poderes, en la libertad de elección en la educación y en un sistema fiscal ajustado a las necesidades sociales del país: ecuánime, progresivo, y descartando cualquier indicio de ambición recaudatoria. Suena lógico.

Pero puede no serlo. Puede que mi información sobre usted sea incompleta y que usted, como persona cabal que es, reorganice su pensamiento y su escala de valores en función de qué está ocurriendo en el mundo y en su bolsillo. Puede, por tanto, que hoy esté considerando que el Gobierno debe reorientar su política impositiva porque recauda demasiado con los combustibles.

O puede que usted siempre se haya considerado de izquierdas, que siempre haya creído que el mejor gasto público es el gasto social, pero también que hoy Putin está sacando los pies del tiesto y que, ante un escenario de fuerza se necesita presentar fuerza. Que, si los aliados están preparándose, es nuestro deber prepararnos. No descuidar la política social, pero tampoco la defensiva.

Puede ser.

Puede ser que la solución de las ministras Irene Montero e Ione Belarra recomendando»altísima política» y «diplomacia de precisión» allá por marzo, le pareciera a usted un tanto cándida, dado que se estaba bombardeando Mariupol.

Con lo cual hoy, al conocer el resultado de la Cumbre de la OTAN de Madrid y vista la urgencia de Finlandia y Suecia por ser miembros de la Alianza (recuerden aquí aquella propuesta también de Podemos de que Ucrania se convirtiera en un estado neutral como los dos países que acabo de citar), usted, lector y votante, no entiende muy bien por qué Podemos insiste en oponerse al acuerdo alcanzado en Madrid.

Puede que Podemos se esté hablando a sí mismo, o a una imagen autogenerada de lo que cree que es la sociedad o solo a un grupo de románticos que aún son sus votantes objetivo.

«Si Podemos quiere seguir pensando sin perspectiva, sobre supersticiones y marcos desfasados, a lo mejor sería un buen momento para salir del Gobierno»

Su posición radica en que un incremento en el gasto de defensa no es necesario, lo que implica una visión limitada al considerar Ucrania una cuestión anecdótica. No banal, ojo, pero sí un hecho puntual y no una inflexión en el orden mundial: de ahí lo de hablar gratis de «diplomacia de precisión», como buscando reinventar aquel eslogan de Mayo del 68 que rezaba «debajo de los adoquines está el mar».

Oponerse a la OTAN como alianza estratégica por una mera cuestión de ideología, por cumplir con el marco esperado, por ser la referencia de un pacifismo improbable, no es una postura realista.  De hecho, entiendo, que el pack incluye estar en las antípodas de Vox, pero es que a Vox todo esto les ha cogido sin mayor discurso porque hoy, el apoyo a las Fuerzas Armadas, viene vía incremento presupuestario inmediato de 1.000 millones de euros, que es bastante más que su tradicional palmadita en la espalda.

Pero sobre todo lo que muestra es una carencia absoluta de perspectiva internacional por parte de la izquierda populista.

La OTAN se ha reunido en Madrid por dos motivos: uno evidente y el otro durmiente. El evidente es la guerra en Ucrania, el durmiente es China y, si me apuran y me disculpan la aliteración, les diré que el más urgente es el durmiente, no el evidente.

Una de las reuniones de la semana pasada, que aquí nos pasaron desapercibidas entre Las Meninas y The Beast, fue la trilateral EEUU, Japón y Corea del Sur. Estos países, invitados a la cumbre junto a Australia y Nueva Zelanda y que no forman parte de la Alianza Atlántica, sino del eje Asia-Pacífico, son los que hoy más amenazados se encuentran por China o por la influencia de China.

Estados Unidos ve en China una amenaza real. No va a descuidar la OTAN y tiene desplazados en Europa a más de 100.000 efectivos (casi lo mismo que el total de militares españoles), pero pide a sus aliados continentales que incrementen sus aportaciones, tanto presupuestarias como materiales y humanas porque no puede estar en ambos frentes.

En el acuerdo estratégico se pide alcanzar el 2% del PIB. Estados Unidos destina a defensa el 3% y España está en el 1%. Estados Unidos mueve más de 800.000 millones de dólares, cantidad igual a la suma de los siguientes ocho países que más gastan en defensa, seis de los cuales (si incluimos India) son aliados. Entre ellos están Reino Unido, Francia y Alemania, con gastos entre 50.000 y 56.000 millones anuales. ¿Saben quién está también en ese intervalo? Rusia. ¿Saben cuánto gasta España? Algo más de 12.000 millones. El cálculo inmediato indica que nuestro compromiso deberá duplicar esa cifra.

Porque el llamado Frente Este debe ser una preocupación europea. La Administración Americana ha venido a cauterizar en la medida de lo posible y poder, así, mirar hacia Asia, donde Taiwan puede ser una Ucrania a la enésima potencia. Es, en amable, el mensaje que ya lanzó en su momento Trump de «o se participa o me salgo».

China no tiene prisa y tiene recursos. China piensa en decenios, nosotros, apenas, en legislaturas. Construir una alianza estratégica fuerte implica sobreponerse a unas medidas del tiempo caprichosas y pensar más en los plazos del adversario. Implica salir de la dependencia tecnológica e invertir aquí en el desarrollo y fabricación de aquellos componentes esenciales para un desarrollo casi autónomo (algo incluido también la estrategia OTAN) y, sobre todo, implica que, aunque China parezca muy lejana, entender que hay una línea que lleva hasta allí desde Rusia y que se llama, entre otros nombres conocidos, «33% de las exportaciones de petróleo».

Si Podemos quiere seguir pensando sin perspectiva, sobre supersticiones y marcos desfasados, a lo mejor sería un buen momento para salir del Gobierno y ver qué valor real pueden aportar desde fuera, no utilizar Moncloa como altavoz para nuevas y viejas plataformas.

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