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Cristina Casabón

Reventar la Transición

«El pacto entre el PSOE y Bildu da alas a los nacionalismos útiles y a los fanáticos para reescribir la historia»

Opinión
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Reventar la Transición

La portavoz de EH Bildu en el Congreso, Mertxe Aizpurua. | Europa Press

La portavoz de Bildu en el Congreso dice que se ha abierto «un camino para poner en jaque el relato de la Transición» y construir una «memoria inclusiva» para la Izquierda abertzale. Todo esto con el beneplácito del PSOE. Menudo contubernio. Nuestra Santa Transición no fue Santa ni ejemplar, ciertamente, por culpa del terrorismo de ETA. Esto es, hubo en aquel periodo más muertos a manos de ETA que muertes por el proceso de transición.

Y ya saben quien correrá con los gastos de esta nueva ley de desmemoria, el Estado, o sea nosotros con nuestros impuestos. Ahora quieren involucrarnos a todos en estas batallas de Lepanto, abriendo una disposición adicional que propone crear una comisión para estudiar «la vulneración de derechos humanos» hasta el 83. Aquí la cretinez va tan imbricada de intereses y aferramiento a los privilegios que el diagnóstico se vuelve complicado, pero me aventuro a creer que quienes conceden a Bildu esta prerrogativa ficcional no pueden creer en su propio montaje.

Así es como damos alas a los nacionalismos útiles y a los fanáticos para reescribir la historia. Si no estuvieran algo tocados de la azotea histórica, los del PSOE dirían que ETA fue el mayor desafío para la joven democracia española sobre todo en el periodo 1976/83; que ETA desencadenó desde 1978 una violentísima campaña contra todo el nuevo orden político español, incluido el PSOE mismo. Todo esto está en la historia, naturalmente, y lo cuenta Juan Pablo Fusi en su libro Pensar España, donde identifica a la banda criminal como el mayor desafío de la Transición.

«Toda la lucha contra ETA ha sido también contra los términos con los que se autodefinía la banda, el lenguaje siempre fue importante»

Además, supone una difamación política abrir la puerta a investigar las actuaciones de los gobiernos de Suárez, Calvo Sotelo y el primer año de socialfelipismo (año en el que comienza la operación de los GAL). Los defensores de terroristas no pueden ser sus víctimas, como es lógico, y hubo cacería contra socialistas y miembros de UCD, con lo que el asunto se complica.

En realidad todo este tema es más de psiquiatrías y muy poco de articulistas, aunque ya sabemos que la maldad y la estupidez van con frecuencia unidas. Sabemos que ETA no fue más que la fuerza bruta, la viñeta española del terrorismo que no quería ser interpretado sino temido, que no quería acabar con ningún franquismo, sino atemorizar a la sociedad bajo la «dictadura del terror». ETA no fue en la práctica más que un arsenal de bombas que en sus lacónicos comunicados reivindicaba su autoría, como si alguien dudara de su estupidez. 

Lo importante de los comunicados era el lenguaje. Independencia, lucha armada… son los eufemismos que podrían volver a imponernos en una nueva «memoria inclusiva». Toda la lucha contra ETA ha sido también contra los términos con los que se autodefinía la banda, el lenguaje siempre fue importante. Pero es que en nombre de estos eufemismos e imágenes poéticas se asesinaron 859 personas. Por desgracia, todavía en este país la historia la escriben los estúpidos y los nostálgicos. Y los españoles, que no tienen ganas de molestarse, se levantan un día y aceptan las nuevas consignas de su memoria democrática. 

Concederle a Bildu la prerrogativa ficcional de extender el franquismo hasta 1983 legitimará toda su campaña contra el orden político de nuestra joven democracia. Los socialistas, que son los reyes del oscurantismo, de los pactos a puerta cerrada y de las negociaciones de la memoria revanchista, deberían tener más cuidado con su mala memoria, ya que donde termina el racionalismo de los hechos comienza el irracionalismo de que salpica a los «hunos» y a los «hotros».

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