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Fernando Savater

Peor que los ongi-etorris

«Los ‘homenajes’ que promueven los mismos que pactan con los herederos del crimen tratan de lavar las manos emporcadas por estrechar otras manchadas de sangre»

Opinión
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Peor que los ongi-etorris

Una persona sostiene una pancarta con la imagen de Miguel Ángel Blanco. | Carlos Luján (Europa Press)

En unas pocas semanas se han concentrado aniversarios luctuosos que a algunos viejos nos traen lúgubres recuerdos y a los más jóvenes probablemente no les sonarán ni a chino (idioma que al menos se va poniendo de moda por razones mercantiles): 35 años de la matanza de Hipercor en Barcelona, 25 de la liberación de Ortega Lara en Mondragón, 25 de la ejecución criminal de Miguel Ángel Blanco y de la formidable reacción ciudadana de repudio que la siguió… Estas efemérides tienen lugar precisamente cuando nuestro Gobierno, que no hace falta que Dios confunda porque se confunde sólo con toda naturalidad, saca adelante una Ley de Memoria Democrática (¿por qué no otra de Digestión Cosmopolita?) que extiende el área delictiva del franquismo hasta 1983, en pleno felipato.

Si ustedes se interesan realmente por los crímenes que se cometían en esas fechas no hace falta que le pregunten a Mertxe Aizpurúa, que es olvidadiza, basta con que vean 1980 de Iñaki Arteta. Ahí conocerán a los indudables continuadores del franquismo, o sea a los despiadados, nacionalistas y fanáticos clericaloides (seguidores de aquel inquisidor que en la duda mandó ejecutar a cualquier sospechoso: «Matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos») encuadrados en esa banda mafiosa llamada ETA. Muchos de sus asesinatos siguen sin esclarecerse, aunque a los últimos responsables, los jefes que los ordenaron, les conocemos más o menos todos. Y siguen vivitos -no como otros jerarcas franquistas de antaño- la mayoría ya en libertad y txikiteando con la cuadrilla. Una pista: por lo general hablan en euskera, entonces y ahora. Naturalmente, el euskera tiene tanta culpa de ésto como el idioma alemán de las órdenes ladradas por Himmler. Hoy resulta que no sólo se han hecho por lo visto indispensables para la gobernabilidad del país sino que influyen en la redacción de leyes que, absurdas como son en su proyecto mismo, gracias a su tutela se convierten en perversas. Pues les propongo un sencillo experimento para que estudien de primera mano el sesgo cognitivo político de este bendito país: pregunten a cualquier ciudadano de aspecto normal (si es periodista no vale, ahí la respuesta está cantada) cuál es el peor peligro que amenaza a nuestra democracia. Verán como la mayoría se decantan por Vox y la ultraderecha, como si el franquismo no tuviese más obvios y peligrosos herederos. Creen recordar la guerra civil, que conocen de oídas poco y mal, pero Hipercor, Ortega Lara o Miguel Ángel Blanco son nombres de los que sólo recuerdan que más vale olvidarlos.

«¿Qué sentido tiene reivindicar y celebrar el espíritu de Ermua en compañía de los que representan su negación más traicionera?»

De modo que es comprensible que hoy en Ermua muchas víctimas y sus asociaciones no quieran participar en el homenaje institucional a Miguel Ángel Blanco. No se trata de hacerle un feo al Rey, la única autoridad que estará presente por compromiso con la Constitución y con quienes cayeron por ella. Pero ¿qué sentido tiene reivindicar y celebrar el espíritu de Ermua en compañía de los que representan su negación más traicionera? Se han denunciado con razón los ongi etorris a presos etarras que han cumplido su condena como una forma de humillación a las víctimas de ETA y una celebración pública del terrorismo. Pues bien, las ceremonias de homenaje a las víctimas que organizan quienes se apoyan en los etarras políticamente reciclados son mas ofensivas para los que han sufrido el terrorismo (en último término todos los demócratas del país) que los propios ongi etorris. Después de todo, éstos los llevan a cabo los partidarios explícitos o disimulados de ETA: son abominables pero no hipócritas. En cambio los «homenajes» a los liquidados por la banda que promueven los mismos que pactan con los herederos del crimen tratan de lavar las manos emporcadas por estrechar otras manchadas de sangre y acostumbradas a rentabilizarla. Fingen una piedad que no sienten y unos principios democráticos que respetan en las formas pero en realidad pisotean. Los partidos de la oposición harán muy bien en no prestarse a ese juego y denunciarlo alto y claro, Así efectuaremos el verdadero homenaje a las víctimas del terrorismo, empezando por la simbólicamente principal: la democracia española.

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