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Cristina Casabón

Irene Montero debe dimitir

«A la ministra de Igualdad no le interesan quienes señalan los problemas reales de una ley que facilita la labor a los pederastas y está desprotegiendo a los menores»

Opinión
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Irene Montero debe dimitir

Ilustración. | The Objective.

Hay un empeño por parte del feminismo de hablar con una sola voz indivisible o callar con un silencio atronador. De ahí la ira suscitada por las voces disonantes o los silencios atronadores. En principio las propuestas de la ley del solo sí es sí parecen inofensivas, pero su falta de lucidez las vuelve peligrosas y de facto beneficia a abusadores y pederastas. En lugar de persistir en negar la evidencia del problema y mantener la ilusión de una guerra a muerte entre hombres y mujeres, deberían navegar en Internet y ver que hay más de cien rebajas penales o informarse de los efectos de esta ley en menores.

Las neofeministas pueden tener mil veces razón en algunas de sus reclamaciones, pero se han equivocado con esta ley. Mi colega Sonia Sierra ha sido prácticamente la única con valor para denunciar que con este escándalo de las rebajas penales ha pasado casi desapercibido lo más importante: tener sexo con adolescentes de entre 16 y 18 años deja de estar penalizado aunque haya engaño, abuso de una posición reconocida de confianza, autoridad o influencia.

Antes de la reforma, el artículo 182 condenaba al que con engaño o abusando de una posición reconocida cometía abusos sobre una víctima de entre 16 y 18 años, pero ahora, como vemos en la resolución que ha rebajado la pena de un abusador, ya no hay delito: «[ese delito, el del abuso sexual] interviniendo engaño o abusando de una posición reconocida de confianza, autoridad o influencia sobre la víctima (…) con persona mayor de dieciséis y menor de dieciocho ha sido destipificado con la reforma efectuada (…), por lo que siendo evidentemente más favorable la regulación actual debe aplicarse la misma» (El Mundo).

«Por desgracia, todas las feministas de izquierdas callan como fantasmas»

En este momento paroxístico, la voz de la mujer debe ser una e indivisible, y por desgracia, todas las feministas de izquierdas callan como fantasmas. Han puesto en marcha las condiciones del drama perfecto. Solo la ideologización explica la impermeabilidad total a la realidad y la ausencia de una reacción contundente por parte de estas farsantes. En el caso que he recogido anteriormente no hay violencia, pero sí abuso de autoridad. Incluso contando con el consentimiento de los menores, y poniéndolo en el centro, es obvio que éstos son víctimas de un zumbado que ha abusado de ellos.

El adolescente es inocente, es inocente de verdad y es la verdadera víctima. Vive en un mundo ideal y está empezando a conocer la vida sexual. De un modo general, teme y respeta a los adultos, considera que son seres sabios y benévolos. Craso error. Solo la ley les protegía frente al encuentro con un desalmado, pero ahora influenciar a un menor para mantener abusos sexuales ha dejado de ser delito porque lo dice la ministra empoderada.

Me parece útil recordar una verdad obvia; que no hace falta ir de feminista para oponerse a una ley que desprotege a nuestros jóvenes. Pero el silencio de las feministas profesionales, las que viven de este chiringuito de jugonas, es especialmente atronador. Hasta ahora el feminismo ha vivido el momento de la venganza, no de la inteligencia. Se impone así en la esfera feminista una especie de metanarrativa que hace que las personas tomen conciencia de aquello que interesa al poder en cada momento. A la ministra no le interesan quienes señalan los problemas reales de una ley que facilita la labor a los pederastas y está desprotegiendo a los menores. Y así, mientras las feministas se comportan como fantasmas obedientes, Irene Montero las unta con ayudas y subvenciones.

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