THE OBJECTIVE
Pepa Gea

A por la siguiente

«Tras la ‘ley trans’, la del ‘solo sí es sí’ y la de vivienda, una se pregunta cuál será la próxima que venga a complicarnos la convivencia y la subsistencia»

Opinión
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A por la siguiente

Ilustración de Erich Gordon.

Medio año después, con cientos de agresores y violadores de niños y mujeres liberados antes de tiempo, y corregida la torpeza de la ley del solo sí es sí, una se pregunta cuál será la siguiente ley a retocar de esas otras dos que por decreto nos han impuesto para complicarnos la convivencia y la subsistencia.

Por un lado, se van a cumplir los tres meses en vigor de la ley trans, y eso significa que ya se podría ratificar el deseo —de justicia o de conveniencia— del viraje al sexo opuesto con el que el solicitante nació. Hecho que implicaría, ahora sí, cambios sociales que nos afectarán, sobre todo, a todas nosotras. Por ejemplo, de haberse celebrado las pruebas físicas dentro de unos días, el policía de Torrelodones habría podido ratificar su cambio de sexo en el registro y, sin margen de duda, una de las seis plazas destinadas a las mujeres habría sido suya, dado que con su constitución masculina habría mandado el balón medicinal femenino mucho más lejos que cualquiera de ellas y sin esfuerzo.

Por otro, se acaba de aprobar la reforma de ley de la vivienda que previsiblemente va a entrar en vigor a finales de este mes de mayo —acabadas las elecciones municipales y autonómicas—, cuando los casos de desigualdad por la ley trans comiencen a llenar la información de la prensa no sumisa a la causa gubernamental, que decía haber llegado al Gobierno para defender a las mujeres y para solucionar en la legislatura el problema de la vivienda, que por aquel entonces era una nimiedad comparado con el que tenemos ahora.

Total, que cinco años más tarde, las mujeres estamos más inseguras laboralmente y más agredidas sexualmente, y de todas las viviendas que dijeron que construirían no se ha levantado ni una porque vienen ahora todas de golpe a falta de unos meses para las elecciones generales.

«Si no se respeta la propiedad de una vivienda, corremos el riesgo de no respetar ninguna propiedad privada»

Apadrinemos un okupa y no seamos transfóbicos: ese el mensaje que nos transmiten. Y ni tenemos por qué hacer lo primero y menos aún nos tienen por qué acusar de lo segundo. Estará de acuerdo conmigo en que si no se respeta la propiedad privada de una vivienda corremos el riesgo de no respetar ninguna propiedad privada, ya sea hecha de ladrillos, con ruedas o con ropas; y que si no se protege a las mujeres de discriminaciones físicas, nos romperemos como sociedad porque no sabremos cómo establecer una convivencia basada en un continuo aprovechamiento del prójimo.

Ya verá como en breve andarán reñidas las dos leyes —a ver cuál de las dos nos da más problemas y dolores de cabeza con una justicia flemática y unos jueces y fiscales, además, en huelga—. Ya hay propietarios que están informando a sus inquilinos de que la política intervencionista del Gobierno ha convertido su actividad en inviable y van a pasar a fórmulas más equilibradas como el arrendamiento por temporadas o el turístico. Y también ya hay centros deportivos con problemas en los vestuarios; familias en crisis con adolescentes perdidos y federaciones que han decidido no permitir participar a los transexuales en sus competiciones con el consiguiente cabreo de los fanáticos de ese antro que es el Ministerio de Igualdad. Pero es lo de menos. Han tardado medio año en corregir las deleznables consecuencias de la ley del solo sí es sí con cerca de 1.500 violadores y agresores sexuales liberados antes de tiempo.

Por lo tanto, podemos imaginar los dramas que van a ser necesarios para que comprendan que un cambio de sexo es una necesidad que no se puede legislar a la ligera, y que la falta de viviendas condicionará y condenará la vida de muchas personas. A ver cuál es la siguiente: haga su apuesta, porque mantener la esperanza de que aprendieran a corregir errores y no a fingir perfección, es mucho pedir.

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