THE OBJECTIVE
Ricardo Dudda

El gañán acorralado

«Su reacción se ha convertido en un meme, ha hecho el ridículo, y quizá es ese ridículo y sus malas formas lo que le hagan dimitir, y no su pecado original»

Opinión
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El gañán acorralado

Luis Rubiales.

Quizá no debía dimitir por el beso; ahora sí debe hacerlo por su reacción desproporcionada, sus malas formas, su victimismo falso, su impertinencia, su actitud matona. El presidente de la Real Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales, dice ser víctima de un «asesinato social», ha criticado el «falso feminismo, que es una gran lacra en este país», ha gritado: «No voy a dimitir». Hablar de «falso feminismo» después de la victoria de un equipo femenino en un mundial de fútbol no es quizá la reacción más inteligente. Agarrarse los huevos tras un gol de la selección femenina tampoco lo es. Y darle un «piquito» a una jugadora cuando es conocido el sexismo que sufren las futbolistas y lo sensible que está la sociedad con esos asuntos es de una torpeza incomprensible.   

Aquí da igual si tiene razón o no; es una cuestión de conocer el mundo en el que vives. A Rubiales le ha podido su arrogancia, pero también su ingenuidad: piensa que la sociedad en la que vive es igual que su entorno. No es así. Y solo por esa torpeza debería dimitir. Un cargo institucional así puede tener sus ideas, pero no tenemos que conocerlas. Y un cargo institucional así no puede estar justificándose como un adolescente ante sus padres. 

«Llevamos ya varios años hablando de la cultura de la cancelación. Si algo hemos aprendido es que quien agacha la cabeza mientras transcurre la tormenta sobrevive»

La defensa paranoica del acorralado Rubiales solo denota vulnerabilidad, una actitud patrimonialista con respecto a su cargo: es el rey enamorado de su trono, que no contempla siquiera la posibilidad de abandonarlo. El poder es una droga. El sediento de poder cree, como el enamorado, que su situación es vitalicia. Rubiales ha cometido el pecado de explicar de más. El que explica pierde. Cuanto más te explicas, más te hundes. Es como las mentiras; cuanto más elaboradas, más se nota que son mentiras. Explicar que fue un piquito, que fue consentido, todo ese tipo de cosas solo te culpabilizan más. Su reacción se ha convertido en un meme, ha hecho el ridículo, y quizá es ese ridículo y sus malas formas lo que le hagan dimitir, y no su pecado original. 

Llevamos ya varios años hablando de la cultura de la cancelación. Si algo hemos aprendido es que quien agacha la cabeza mientras transcurre la tormenta suele sobrevivir. A veces su situación es injusta, y esa injusticia le hace revolverse. Pero eso es lo que suele sentenciarlo. El ciclo informativo es muy rápido: mañana una nueva polémica sepultará la de hoy y la presión social amainará. Es posible que Rubiales no se hubiera salvado de esto. Tiene varias investigaciones judiciales abiertas, está en una guerra abierta con el presidente de La Liga, Javier Tebas. Pero al menos no habría hecho el ridículo. Rubiales se cree un mártir y al explicar su supuesto martirio, su «asesinato social», se ha hundido más aún. Antes quizá tenía que dimitir por torpe, por no saber estar, y por ponerse en una situación así sabiendo que su puesto era vulnerable. Ahora tiene que dimitir por gañán. 

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