THE OBJECTIVE
Manuel Fernández Ordóñez

Un nuevo atraco, otro impuesto al CO2

«De nada sirve el ingente esfuerzo de Europa en esta materia, cuando únicamente emite el 7% del CO2 a nivel global»

Opinión
11 comentarios
Un nuevo atraco, otro impuesto al CO2

Emisiones de CO2. | Google

Hay muchas formas de hacernos pobres. Hay cientos de pasos, apenas imperceptibles, que van en la dirección de minar nuestra productividad, nuestra competitividad y nuestra capacidad de crecer. La Unión Europea es, sin lugar a duda, el mastodonte burocrático más empeñado en desmontar los pilares en los que se asienta nuestro bienestar. Desde hace décadas, buena parte de sus decisiones están destinadas a boicotearnos a nosotros mismos. Y a buena fe que lo están consiguiendo.

El impuesto a las emisiones de CO2 es un claro ejemplo de esto. Una tributación que no consigue los efectos deseados en su diseño, pero que aumenta de manera artificial los precios de la electricidad para todos los europeos. Una electricidad más cara implica una industria menos competitiva y una sociedad con menos poder adquisitivo. Simple y llanamente, pobreza.

Y ahora se han inventado un nuevo tiro en el pie, un impuesto llamado CBAM (del inglés, Mecanismo de Ajuste de Carbono en Frontera) que entrará en vigor de manera transitoria el próximo 1 de octubre. El espíritu de este impuesto es hacer artificialmente caras las importaciones de bienes de terceros países fuera de la UE. ¿Cuál es la excusa para hacer esto? Que esos países a los que les compramos cosas no se toman tan en serio nuestra preocupación climática y no instauran en sus países impuestos a las emisiones de CO2. Esto, para los burócratas de Bruselas, constituye un pecado inaceptable.

Es evidente que el problema climático es global y las soluciones han de ser conjuntas. De nada sirve el ingente esfuerzo de Europa en esta materia, cuando únicamente emite el 7% del CO2 a nivel global. Si nosotros hacemos mucho, pero otros no hacen nada, el problema no se solucionará. Las acciones, por tanto, deben ser coordinadas y acordadas a nivel internacional. En este marco, ¿servirá para algo un arancel unilateral a la importación de bienes de otros países? Lo dudo mucho.

La política arancelaria no es más que una intervención proteccionista que genera pobreza, tanto en el país que decide instaurarla como en los países de los que se importan los bienes. Los aranceles se establecen por intereses políticos de algún sector particular que busca las prebendas del estado para mantener sus privilegios a costa del resto de ciudadanos. Son, en realidad, una subvención encubierta. Y las subvenciones nos empobrecen a todos (salvo al que las recibe).

«La Unión Europea es, sin lugar a duda, el mastodonte burocrático más empeñado en desmontar los pilares en los que se asienta nuestro bienestar»

Imagine usted que el sector de las almohadas en España produce almohadas a 25 euros la unidad, mientras en Ruanda producen las mismas almohadas a 15 euros la unidad. La única forma de que las almohadas españolas puedan competir con las ruandesas es que el estado español imponga un arancel de 10 euros a la importación de esas almohadas, con el fin de igualar los precios de manera artificial. Para poder llevar esto a cabo, hay que desplegar un relato en defensa del productor nacional o cualquier otro discurso falaz de superfluo españolismo para incautos. La realidad es que nos están obligando a todos a pagar las almohadas 10 euros más caras de lo que deberíamos pagarlas.

Como dijo Adam Smith hace casi 250 años «el interés de la población es y debe ser siempre comprar lo que necesita a quien vende más barato». Cuando el estado impide que podamos hacerlo, nos está empobreciendo. Es una falacia argumentar que defender el sector de las almohadas en España permita mantener el empleo en nuestro país porque, como todos tenemos 10 euros menos en nuestros bolsillos, generaremos desempleo en otros sectores como el de los pantalones, el cine o la restauración porque tendremos menos renta disponible para consumir. Además, generaremos más pobreza en Ruanda al quebrar su industria de producción de almohadas. Si bien esto a la mayoría de la gente puede darle igual, los que enarbolan los argumentos de la política arancelaria suelen luego estar muy preocupados por la ayuda a los países pobres del mundo. Un sinsentido.

Ahora se pretende hacer lo mismo a nivel europeo. Si uno quiere importar acero de Kazajistán, hay que aplicarle un impuesto equivalente al CO2 que se hubiera emitido si ese acero se hubiera producido en Europa. Y ese impuesto lo vamos a pagar los ciudadanos europeos mientras construyen el relato de que esto es bueno para el cambio climático y para el mantenimiento del empleo en la Unión Europea. Ambas cosas son falsas.

Durante décadas, Europa ha ido externalizando a terceros países las actividades más emisoras y contaminantes. Es lo que hacen todos los países a medida que se van haciendo ricos. Conforme la inversión en capital y la división del trabajo nos conducen al desarrollo de tecnología más avanzada, las economías se van enfocando en actividades de alto valor añadido. Los bienes de las actividades más intensivas los compramos fuera. Por eso los países europeos han sido capaces de reducir el carbono emitido para generar PIB, porque las actividades que más riqueza generan son menos emisoras.

Instaurar un impuesto al carbono en frontera es desandar el progreso. Es una involución económica que hará de Europa un continente más pobre y, lo que es peor, condenará a los pobres del mundo a seguir siéndolo al impedirles competir en un mercado global. Al aumentar artificialmente los precios de los bienes importados se reducirá la competitividad de nuestras economías y la productividad de nuestros empleos. Es decir, bajarán nuestros salarios y, por tanto, nuestra calidad de vida. Nos llevan al decrecimiento y lo disfrazarán de lo que haga falta para que ustedes lo compren. Ya están en ello.

Publicidad
MyTO

Crea tu cuenta en The Objective

Mostrar contraseña
Mostrar contraseña

Recupera tu contraseña

Ingresa el correo electrónico con el que te registraste en The Objective

L M M J V S D