THE OBJECTIVE
José Carlos Rodríguez

Pedro Sánchez y Adam Smith

«Sánchez ha continuado en estos dos últimos años aumentando el gasto público y los impuestos, gobernando por decreto y minando la seguridad de la propiedad»

Opinión
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Pedro Sánchez y Adam Smith

El filósofo inglés Adam Smith. | Wikimedia Commons

Este año se cumplen 300 del nacimiento de Adam Smith. Smith no fue un economista, o al menos no en el sentido en que luego se le ha dado al término. Era un filósofo moral. Tuvo, eso sí, el acierto, entre otros, de fijarse en una cuestión que exigía una explicación racional: ¿qué es lo que hace que algunas naciones se escapen a la pobreza que ha acompañado a toda la humanidad desde el inicio de los tiempos? O ¿cuáles son la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones?

Su respuesta es no menos importante que la pregunta que se formuló. La clave para la creación de riqueza, dijo Smith en 1776, es la división del trabajo. Esta es, al menos, su respuesta más directa. Porque Smith, en este largo libro repleto de digresiones, también señaló a la acumulación de capital como otra de las causas de la prosperidad.

Smith observó que ese proceso de profundización en la división de trabajo y acumulación de capital es más o menos armónico. La razón es que cada uno actúa buscando su propio interés. Pero, al hacerlo, contribuye con sus acciones a que otros cumplan sus propósitos. Como el interés propio y el de los demás están vinculados, hay un trasfondo armónico en la sociedad.

Esta vinculación hace que los fenómenos sociales sean el resultado de nuestras acciones, pero no un resultado diseñado por nadie. Y ese hecho es lo que explica que haya ciencias sociales. Si los fenómenos sociales respondieran a la intención y al diseño de alguien, no habría una diferencia entre el orden social y cualquier otra tecnología. 

«Que la libertad favorece el progreso y la riqueza es el hallazgo más importante de las ciencias sociales»

Si el propio interés conduce a comportamientos que sirven a los demás, la labor de la política es la de asegurar que todos actuamos en libertad. Es el «sistema obvio y simple de la libertad natural» del que hablaba Adam Smith. 

Que la libertad favorece el progreso y la riqueza es el hallazgo más importante de las ciencias sociales. También de la historia. No hay más que comparar a Alemania bajo el régimen nacional socialista y la Alemania de Konrad Adenauer. O las Alemanias cruelmente separadas por el muro del comunismo. O las dos Coreas. O Miami y Cuba. La libertad nos permite progresar, y la imposición, el socialismo, nos empobrece. 

Hay dos instituciones que se han propuesto una empresa tan difícil como medir la libertad. Son el Fraser Institute (cuyo estudio se remonta a 1980), y la Heritage Foundation (que comenzó con este empeño en 1996). Para acercarse a la cuestión, el Fraser Institute mide cinco ámbitos de las políticas públicas: el tamaño del gobierno (el nivel de gasto público y los impuestos), la calidad del sistema legal y la protección de los derechos de propiedad, la libertad de comercio internacional, la regulación y la calidad del sistema monetario sano. La Heritage Foundation prescinde de este último criterio.

Los dos informes otorgan un valor del 1 al 10 (Fraser) o del 1 al 100 (Heritage), en el que cuanto mayor sea más libertad económica hay, y más represión en cuanto sea más bajo. En los dos índices aparecen en los primeros puestos los mismos países, más o menos. Son Hong Kong, Singapur, Suiza, Nueva Zelanda, Dinamarca, Australia, los Estados Unidos, Estonia, Isla Mauricio e Irlanda, en el caso del Fraser Institute. La Heritage no cuenta con Hong Kong, que ve ya parte de China, e incluye en su lista de diez primeros algunos países que no encabezan la lista del Fraser, pero que tampoco andan muy lejos en ese índice: Taiwán, Nueva Zelanda, Luxemburgo, Holanda y Suecia. 

¿Qué dicen estos dos informes sobre la relación entre libertad y prosperidad? Los dos observan que la renta media de los países más libres es muy superior al resto. Fraser Institute divide los países en cuartiles. La renta media del primer cuartil (48.251 dólares) es el doble que la del segundo (23.234). Lo mismo ocurre con la Heritage, sólo que ésta divide los países en función de si entran en estas cinco categorías: libres, mayormente libres, moderadamente libres, mayormente reprimidos y reprimidos. Los países libres tienen una renta media por encima de los 92.000 dólares per cápita, y los reprimidos (Cuba, Venezuela y demás), por encima de 8.000

«Las dictaduras suelen reprimir también la economía y tienden a maquillar sus estadísticas»

No es necesario repasar uno a uno todos los criterios de estudio. Baste con decir algunas de las conclusiones de Fraser: en los países libres, el 10% más pobre tiene una participación mayor en la riqueza del país, y por supuesto su renta media es muy superior a la de otras economías. La esperanza de vida es mayor (80,4 años frente a los 66 de los países reprimidos). Hay una mayor escolaridad. El Índice de felicidad de Naciones Unidas es mayor. Y según el estudio de la Heritage, en los países libres el desarrollo humano es mayor, el medio ambiente se cuida más (hay más recursos para hacerlo), y el progreso social también es mayor. 

Todos estos resultados son consistentes. Además, un reciente informe señala que en realidad se ha minusvalorado la contribución de la libertad al progreso, por un motivo fácil de entender: las dictaduras suelen reprimir también la economía, y éstas tienden a maquillar sus estadísticas. Teniendo en cuenta eso, nos dicen Sean Patrick Álvarez y otros, vemos que la libertad económica es más virtuosa de lo que pensamos.

España está en el puesto 28 en el índice del Fraser Institute. En el informe de la Heritage Foundation estamos mucho más abajo, en el puesto 51. Esto es porque el informe de la institución estadounidense no contabiliza el paraguas del euro, que nos sostiene en el informe canadiense. 

¿Qué ha hecho el Gobierno de Pedro Sánchez? El informe de la Heritage de 2021 (con datos de 2019) nos colocaba con una décima por debajo de los 70 puntos sobre 100. En el último informe (se corresponde con 2021) tenemos 65 puntos. Sánchez ha continuado en estos dos últimos años por el mismo camino de aumento del gasto público y los impuestos, gobernando por decreto y minando la seguridad de la propiedad, como es el caso de la vivienda. Pedro Sánchez no es un lector de Adam Smith, y lo estamos pagando

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