THE OBJECTIVE
Jorge Vilches

Me toca el totalitario

«La doble vara de medir define al totalitario porque significa que no busca justicia, sino apartar al enemigo»

Opinión
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Me toca el totalitario

La Secretaria de Estado de Igualdad y contra la Violencia de Género, Angela Rodríguez Pam y la ministra de Igualdad, Irene Montero. | Europa Press

Irene Montero y sus secuaces han pagado con nuestro dinero una app llamada ‘Me toca’ para controlar nuestra intimidad y las bases de las relaciones familiares. No podía esperarse otra cosa de un partido totalitario inmerso en un Gobierno intervencionista. Primero crean la mentalidad para expulsar de la sociedad a los que no coinciden con el dogma. Luego movilizan a los suyos para conseguir la cancelación de los que no comulgan. Después pasan a la ley dichas ideas, y así ponen las bases de la transformación social. Para que todo esto sea posible hace falta dinero público, claro, pero también el silencio, la complicidad o la indiferencia de la mayoría. 

Estos totalitarios parten de la idea de que deben establecer su hegemonía cultural o psicológica porque les asegura el dominio político por el repudio general del adversario. Véanse los complejos en la derecha de todos los partidos, incluida la vieja generación del PSOE. Sin esa hegemonía, según los plúmbeos Laclau y Mouffe, es imposible hacer la revolución por la puerta de atrás, que es la forma práctica. 

Un buen ejemplo es el histerismo colectivo de la prensa de izquierdas por un chat privado de un grupo de estudiantes universitarios de La Rioja. Esos hiperventilados piden la expulsión de los alumnos del centro educativo, su cancelación social, el conocimiento de sus nombres y el arrepentimiento público porque son «machistas». Hablo de los mismos medios que guardan un silencio vergonzante cuando se producen violaciones grupales a menores por parte de inmigrantes porque, dicen, eso genera «racismo». O no vomitaron editoriales cuando un delincuente sexual, libre gracias a la ley de Irene Montero, volvió a agredir a una mujer a finales del pasado mes de agosto. Y sí, son los mismos que callaron con la corrupción desvergonzada de Rubiales porque era un chico del PSOE pero han pedido su despido por la ordinariez violenta del beso. 

«La privacidad deja de ser un valor y lo aprovechan los totalitarios. Por eso somos cada día menos libres»

La doble vara de medir define al totalitario porque significa que no busca justicia, sino apartar al enemigo. Esta izquierda no censura, cancela y persigue esgrimiendo los mismos principios con independencia del señalado. ¿Qué hubiera pasado si Feijóo hubiera escrito en un chat privado «la azotaría hasta que sangrase»? Imagine. Si ya le persiguieron por una foto de hace tres décadas, el acoso al líder popular por esa frase hubiera sido insoportable. 

El objetivo del totalitario es convertir la intimidad en política, porque solo así se pueden inmiscuir completamente en la vida de las personas, dictar doctrina, castigar comportamientos y transformar. Ahora lo tienen más fácil porque la revolución digital ha conseguido la muerte clínica de la privacidad. Esto se debe no solo a que la gente regala su intimidad en las redes, sino porque los datos se recogen. A esto añadimos la necesidad de muchos de sentirse parte del colectivo colgando fotos y vídeos de sus actividades privadas, y contando intimidades para conseguir la aprobación de desconocidos. 

La privacidad deja de ser un valor y lo aprovechan los totalitarios. Por eso somos cada día menos libres. Como recuerda Manuel Toscano en un artículo publicado en Isegoría: la esfera privada es una conquista liberal para limitar el alcance del Gobierno y salvaguardar la libertad y los derechos individuales. El fundamento liberal es considerar que el Estado y el Gobierno no están por encima del individuo ni de la familia, sino que son entes a su servicio que solo deben actuar a petición del interesado. Los totalitarios defienden lo contrario: el individuo y la familia están mal, piensan peor y actúan pésimamente, y el poder político debe cambiarlos aunque no lo pidan. 

Volviendo a la app, el ministerio no es quien para meterse en la intimidad de nadie, ni establecer una escala de valores sobre ciudadanía positiva y negativa, de masculinidad aceptable o no, según su particular moral. Tampoco son quiénes para dar rienda suelta a una policía política en los medios y redes que señale a infractores del dogma y conseguir su cancelación y castigo. Eso es propio de dictaduras y de totalitarios.

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