THE OBJECTIVE
Ricardo Dudda

'American Fiction': falsa provocación contra el sistema

«La película, nominada a los Oscar, no es una crítica a lo ‘woke’ ni a la industria cultural. Es una biografía autorizada del ‘establishment’ cultural estadounidense»

Opinión
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‘American Fiction’: falsa provocación contra el sistema

Una escena de la película 'American Fiction'. | IMDB

En dos ocasiones (una ya sería suficiente sufrimiento) dos personajes de American Fiction, la película nominada a los Óscar que se ha estrenado directamente en Prime Video, hacen el típico chiste que confunde doctor/médico con doctor/PhD.  Ya saben, el típico «¿Hay algún doctor en la sala?» y alguien dice que es doctor… en Literatura Comparada. Es un chiste que ya no hacía gracia en 1963. En otra escena, un jurado de un premio literario compuesto por dos individuos blancos y dos negros vota a favor de premiar una novela de un autor negro. Los que están a favor son los blancos; los que la rechazan son los negros. «Hay que priorizar las voces negras ahora», dice una de las mujeres blancas antes de dar por zanjada la discusión: los blancos han decidido que el premio irá al negro. ¿Lo pillas? La peli hace esfuerzos para que lo pilles. Está todo bien subrayadito. 

La historia de American Fiction no es mala. Está basada en una novela de Percival Everett publicada en 2001 (la fecha es importante: satirizaba una sociedad americana muy diferente a la de hoy, en la que ni Black Lives Matter ni lo woke existían). Un escritor frustrado está cansado de que los escritores negros como él escriban solo sobre su «experiencia negra», una experiencia que suele ser un puro cliché: las drogas, el gueto, los padres ausentes, los embarazos adolescentes, el rap, las armas y la violencia. También está harto de que sus libros, solo porque él es negro, sean categorizados como literatura negra. Entonces decide escribir un libro negrísimo, en la idea que tiene el establishment de un libro negro: es una historia exagerada con faltas de ortografía, drogas, insultos, y supuestamente el autor es un prófugo de la justicia. Lo presenta a su agente como una provocación que cree que nadie publicará. La industria editorial, en cambio, se vuelve loco con él y es un exitazo. 

Y ya está. Esa es la historia. Más allá de esa trama, la historia es un telefilm familiar: la muerte del padre, la enfermedad de la madre, el divorcio, la soledad, gente de mediana edad bebiendo vino tinto (es el atrezzo imprescindible en todo drama serio de Netflix/Prime/HBO: un filme es serio si aparece una pareja descorchando un vino en la cocina mientras discuten sobre su relación)

Es una película mala, sin alma, que cae en los errores que precisamente quiere denunciar, con una estética blanda y blanca. Pero tiene un aura intelectual, en la concepción de lo que «intelectual» significa a menudo en Hollywood últimamente: el provincianismo cultural, la sociología baratilla, la colocación de temas candentes pero nunca su exploración, la alegoría fácil (toda escena es un vehículo para las ideas que se quieren contar), lo meta (la fascinación por lo metacinematográfico en sí mismo me recuerda a la fascinación por los planos-secuencia: es algo como de estudiante de primero de Comunicación Audiovisual), la autopercepción de que estamos ante un producto «posmoderno».

Por eso hay gente que dice estar sorprendida de que haya sido nominada a los Óscars: ¡es una crítica precisamente a esa industria cultural! En realidad no. Es una película de Eddie Murphy para lectores de la New Yorker (el lector de The New Yorker es posiblemente más provinciano que el de el Diario de Teruel, pero el Diario de Teruel no vende totebags), y su principal objetivo es que el estadounidense progresista blanco medio pueda autocompadecerse. 

«La película ha sido nominada a los Óscar a mejor película, mejor actor, mejor guion adaptado y mejor banda sonora»

«Todo es demasiado limpio, demasiado pijo, demasiado televisivo. Fuera de la trama literaria, American Fiction parece un cruce entre Friends y El show de Bill Cosby», ha escrito Alberto Olmos, uno de los pocos críticos que han visto la vacuidad de esta película. Porque ha habido un consenso crítico favorable. Luis Martínez de El Mundo: «Una fábula ácida, visionaria y muy divertida sobre los límites de la apropiación cultural». Mi compañera de Letras Libres Fernanda Solórzano: «Una cinta que desafía los nuevos estándares culturales». “Impresionante debut», dicen en The Guardian. «Se burla de la miopía del mercado cultural», escriben en The Hollywood Reporter

La película ha sido nominada a los Óscar a mejor película, mejor actor, mejor guion adaptado, mejor actor de reparto y mejor banda sonora. Solo he encontrado una crítica negativa en los medios principales estadounidenses, de la periodista Angelica Jade Bastién, de la revista New York, que también se atrevió a criticar duramente Poor Things, otro filme donde ha habido mucho consenso crítico. Jade Bastién dice que «lucha por ser a la vez un drama dolorosamente serio sobre una familia negra acosada por la muerte, la demencia y la homofobia, y una sátira que denuncia a la industria editorial y a Hollywood sobre cómo la negritud se ha convertido en moneda de cambio. Pero carece de la delicadeza y la profundidad necesarias para acercarse a sus objetivos». Y añade que parece «un sketch de un programa de humor de principios de los ochenta ampliado a una película». 

No es, obviamente, una crítica a lo woke ni a la industria cultural. No es provocadora. Al leer las reseñas sobre su «provocación» me he acordado de Saltburn, otra película de Prime Video que se vendió como provocadora (porque salen dos escenas de sexo rarito) y tenía menos provocación que un sándwich de margarina con pan de molde sin bordes. Provocadora y crítica con lo woke es Tar, un filme que analiza tanto la histeria con la política de la correción política como el privilegio de quienes nunca han visto cuestionado su poder. American Fiction es una carga controlada, una biografía autorizada del establishment cultural estadounidense. 

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