The Objective
Teresa Giménez-Barbat

De truhanes, señores y amigos del alma

«Si tantas personas han descubierto al cabo de 30 años de matrimonio que su cónyuge no era quien creían, también puede pasar con un amigo»

Opinión
De truhanes, señores y amigos del alma

Julio Iglesias. | Gtres

Recuerdo que cuando vi las fotos, más o menos el 2022, de un Julio Iglesias en la playa, avanzando vacilante y asistido por unas solícitas mujeres, sentí incomodidad y desazón. Incluso, no exagero, imaginé el peligro que podría venir de tales imágenes. Y es que esas señoritas, naturalmente en biquini, eran jóvenes y atractivas, lo más alejadas posibles de una Florence Nightingale tropical. Inevitablemente, sugerían cierto mundo y cierto ambiente: el de un universo Hugh Hefner más casero, más campechano y más reggaetón, pero igualmente fuera de onda, políticamente hablando. 

Las apariencias engañan, no engañan tanto o no engañan nada. Yo no sé si Julio Iglesias es un simpático truhan o algo menos simpático. Pero seguro que Ramón Arcusa, el autor de la canción que invoco, es un señor. Ramón conoce como casi nadie a Julio Iglesias tras 19 años de trato profesional y privado. Han compartido intimidad en sus casas, en hoteles en gira o vacaciones, por no hablar de cómo se revela el carácter de alguien en un estudio de grabación. No solo es un señor; es un amigo leal. Por eso no me ha extrañado que corriera a defender a su amigo y a publicar a los cuatro vientos que Iglesias es, más que posiblemente, víctima de acusaciones falsas. Que Ramón ofreciera su propio cuerpo a las balas, en una palabra. Porque él es así: fiel e incondicional. Lo sé porque hemos escrito un libro y hemos estado más de un año en un trato continuado: presencialmente, por teléfono o por mail. Y lo gracioso del caso es que, en el primer capítulo, yo le digo que me recuerda a Clint Eastwood porque «sois tipos altos, espigados y dais la cara por vuestros principios». También por los amigos.

A Julio Iglesias le gustan las mujeres (y, si atendemos a otra canción, el vino) y él les ha gustado también muchísimo a ellas. Un hombre atractivo y poderoso, y a pesar de lo que nos quiere vender el actual feminismo puritano y vengativo, es un imán para las chicas de todas las épocas. Y ahora que está semi retirado en el corazón de las selvas domesticadas de algunas islas bonitas, lo que siempre ha deseado, y nunca ha ocultado, lo debe de seguir deseando. Yo no me lo imagino allá, en el paraíso, dedicado a construir maquetas de barcos históricos. Está mayor, y las secuelas de un antiguo accidente le causan incomodidades y dolores. Ya no es atractivo, pero sigue siendo poderoso, y eso es la mitad de la ecuación.

No, a Ramón no le cabe en la cabeza que Julio haya podido abusar sexualmente de ninguna mujer. Nunca ha necesitado algo tan cutre como el sexo sin consentimiento. Hay muchos aspectos de esta demanda que pueden hacer sospechar. Que la inicie una asociación de feministas radicales, por ejemplo. O todo el tiempo transcurrido desde los supuestos abusos. También lo bienvenido que iba a ser un escándalo así por parte de un gobierno -cercado por la corrupción y los escándalos- con ganas de reprocharles a Ayuso y Almeida los honores concedidos a nuestro cantante «más universal». Incluso la posibilidad de ser víctima de una poderosa familia dominicana con la que no está en buenos términos. Los medios han encontrado, con esta noticia y sus glamurosos protagonistas, un nuevo filón para llenar horas y horas de emisión. 

Y, luego, tal vez podría haber algo o mucho de cierto. Si tantas personas han descubierto al cabo de 30 años de matrimonio que su cónyuge no era quien creían, también puede pasar con un amigo. Y más con el que hizo de las relaciones con múltiples mujeres un sentido importante de su vida, y que ahora, en dolorosa decadencia, se halla encerrado voluntariamente con su, quizás, único juguete (disculpen la referencia fácil). Ramón dice que después de la cruzada por su amigo no vamos a vender ni un libro. Pues igual tiene razón. Aunque no le cambiaría por nadie: es lo que tiene escribir con Clint Eastwood.

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