The Objective
Juan Francisco Martín Seco

Ni fondo ni soberano

«La creación de un fondo de inversión soberano quedará en humo o en pérdidas, incluso en interferencias espurias del sanchismo en las empresas privadas»

Opinión
Ni fondo ni soberano

Ilustración de Alejandra Svriz.

Lo más propio de Sánchez es la representación y el relato. El relato que casi siempre suele ser falsario e inventado. Representación fue una vez más su intervención en el Foro Internacional Spain Investors Day, anunciando de forma pomposa la creación en España de un fondo de inversión soberano, al que tituló España crece, que ni es fondo ni seguramente acabará siendo nada. Todo quedará en humo o, lo que es peor, en pérdidas, incluso en lo que es aún más grave, en interferencias espurias del sanchismo en las empresas privadas. Felipe González, copiando al chino, afirmaba que gato negro o gato blanco, lo importante es que cace ratones. Sánchez nos quiere meter siempre gato por liebre.

Gato y muy grande es hacernos creer que lo que pretende crear es un fondo soberano. Es más, resulta difícil de aceptar que en la economía española se den las condiciones para tal experimento. Andrew Rozanov, de State Street Global Advisors, los definió, como «aquellos que se dedican a acumular el dinero proveniente de superávits presupuestarios derivados de operaciones macroeconómicas, comerciales y fiscales favorables». Se trata, sí, de superávits presupuestarios, pues los que lo constituyen son los Estados, pero también en casi todos los casos van unidos a superávits en la balanza de pagos.

Así ocurre en los grandes países asiáticos tales como Japón, Corea del Sur, China o Singapur, que tienen una balanza de pagos exorbitantemente positiva, con un superávit comercial gigantesco. Sus bancos centrales acumulan un gran exceso de divisas extranjeras. La decisión de sus gobiernos ha sido invertir ese stock de cara a un previsible futuro más negativo. Algo parecido sucede con las importantes naciones petroleras —Arabia Saudí, Qatar, Noruega, Kuwait, Kazajistán—, incluso con Estados norteamericanos tales como Alaska o Texas. En casi todos estos casos la finalidad es invertir en el extranjero.

Es evidente que el sector público español no tiene un fuerte excedente presupuestario, sino todo lo contrario, y a consecuencia de ello lo que sí presenta es un elevado endeudamiento público. No está para invertir fuera, sino más bien para que le presten. Tan solo en 2007 el déficit público fue positivo, pero como resultado de haber ido manteniendo a lo largo de todos los años anteriores desde la entrada en el euro un crecimiento económico a crédito, fruto de desequilibrios negativos más elevados cada año en la balanza de pagos y el consiguiente incremento en el endeudamiento exterior del sector privado, origen para España de la crisis de 2008.

A partir del 2012, como consecuencia de la devaluación interna impuesta por la UE y la crisis económica, la balanza por cuenta corriente se ha equilibrado, pero en contrapartida, amén del empobrecimiento de los salarios y de la población que aún continúa, se ha producido una traslación del endeudamiento privado al público. En cualquier caso, nuestro país no se ha caracterizado, y menos ahora, por ser excedentario de recursos, tanto en el sector público como en el exterior. Los pequeños superávits actuales en la balanza de pagos se van a ir reduciendo y es muy posible incluso que terminen en déficits. Resulta por tanto absurdo hablar de constituir un fondo soberano.

«Sánchez suele utilizar palabras grandilocuentes para temas nimios, que después quedan en nada»

En algunos países en los que no existe la Seguridad Social (SS) se dan otros fondos públicos, los llamados de pensiones, que se nutren de las aportaciones de los trabajadores que, junto con sus rentabilidades, se recuperan en el momento de la jubilación. Se compensa así la previsible inflación. Es un modelo individualista carente de cualquier función redistributiva. Cómo se puede apreciar, totalmente alejado del sistema español, aun cuando frecuentemente desde el ámbito neoliberal y financiero se coquetea con la idea de ponerlo en práctica en nuestro país. Hace poco, con la superficialidad que le caracteriza, Escrivá, cuando ocupaba el Ministerio de la SS, anunció solemnemente la creación de un fondo público de pensiones. Por supuesto, inviable, y que lógicamente se ha quedado en el aire.

Lo más parecido a ese fondo fue la constitución de la denominada hucha de las pensiones en tiempos de Zapatero. El Gobierno y los sindicatos la plantearon como algo similar, pero en realidad poco tenía que ver con un auténtico fondo de pensiones, pues se trataba tan solo de crear una caja con el excedente, entonces existente, de la SS, que se invertía en deuda pública. Constituía un puro artificio, al igual que la concesión de créditos por parte del Estado a la SS, un mero juego contable, ya que la SS es tan solo una parte del Estado. Y juego quizás peligroso porque se daba la impresión de que SS y Estado eran realidades independientes y que debían financiarse de forma distinta.

El gato de Sánchez no tiene nada que ver con todo esto. Sánchez suele utilizar palabras grandilocuentes para temas nimios, que después quedan en nada. En la pandemia empleó las de Pacto de La Moncloa o Plan Marshall. Ahora habla de Fondo Soberano cuando en realidad es tan solo un intento de no perder una partida de los fondos de recuperación que apenas se ha ejecutado y que le sería imposible realizar antes de que venciese el plazo el año que viene.

La semana pasada ya indicamos las deficiencias que estaba teniendo nuestro país a la hora de ejecutar los fondos, hasta el extremo de tener que renegociar el acuerdo con la Comisión. Es en este nuevo pacto en el que aparece ya el vehículo anunciado por Sánchez, que se nutrirá de los fondos europeos y por una cuantía inicial de 10.500 millones de euros, cifra que coincide casi exactamente con la que queda por ejecutar del que estaba destinado a ser el gran proyecto asociado a Next Generation, los denominados Perte Chip, y Next Tech, con una dotación inicial de 12.000 millones de euros y con un grado de realización tan bajo que queda aún por ejecutar una cifra superior a los 10.000.

«Desde que Alemania ha entrado en crisis, Europa está asumiendo contradicciones como la de aceptar las ayudas de Estado»

En este cambalache de dar gato por liebre Sánchez ha contado con la complicidad de la Comisión que está dispuesta «a casi todo», para cumplir los plazos que ella misma se fijó, en lo que respecta al despliegue de los Next Generation. Es más, otros Estados miembros que también presentan demoras en la ejecución han hecho peticiones parecidas y que, según parece, van a ser aceptadas por Bruselas. En el caso de España, la Comisión ha transigido en el pasado con casi todo. Así, se mostró indulgente con los continuos retrasos en las solicitudes y en la ejecución de los recursos, y ha suavizado en mucho las exigencias de reformas pactadas. Desde que Alemania ha entrado en crisis, Europa está asumiendo contradicciones como la de aceptar de buen grado las ayudas de Estado.

Detrás del fondo soberano planteado por Sánchez se encuentra un cierto miedo a la posible ralentización del crecimiento económico a partir del próximo año, tal como auguran la mayoría de los servicios de estudios. Crecimiento económico del que hace gala el Gobierno, pero que está basado únicamente en los fondos Next Generation y en la llegada de emigrantes y, por lo tanto, sin consistencia alguna y sin incrementos significativos de productividad y de la renta per cápita, pero del que Sánchez se vale como medio de propaganda.

El fondo soberano denominado a propósito España crece y establecido en un principio con los 10.500 millones de euros de aportación gubernamental se proyecta que alcance, con la participación de la inversión privada, hasta los 12.000 millones de euros. Es lógico, aunque muy poco democrático, que Sánchez después de estar tres años sin aprobar los presupuestos busque fondos alternativos. Hay que preguntarse, sin embargo, si este es el mecanismo adecuado y si va a tener éxito, incluso si él mismo se lo cree o prefiere engañarse y, lo que es peor, engañar al personal. No parece que la situación política y económica actual proporcione suficiente seguridad jurídica como para atraer la inversión extranjera, a no ser que se trate de entidades de dudosa solvencia y en proyectos de escasa viabilidad, cuyo final puede ser ruinoso y en pérdidas, que terminaría asumiendo el Estado.

Dadas las últimas actuaciones del Gobierno en el ámbito privado empresarial, es difícil no pensar mal, y habrá quien sospeche si detrás del nuevo instrumento que se quiere crear no existe la pretensión de controlar y de interferir en los grandes conglomerados empresariales. En circunstancias normales esto podría ser hasta positivo, pero tratándose de Sánchez y del sanchismo da miedo.

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