The Objective
Ricardo Dudda

Simulacro dentro y fuera

«Siempre hay que volver al presente y a la realidad, y la realidad es que Sánchez sigue siendo un presidente incapaz de gobernar efectivamente, es decir, de sacar leyes»

Opinión
Simulacro dentro y fuera

imagen creada con inteligencia artificial.

Quizá se nos ha olvidado o, sobre todo, se le ha olvidado al propio presidente, en estas semanas de caos internacional y diplomacia arriesgada y entrevistas en podcasts extranjeros y elogios por su postura con respecto a la guerra en Irán (¡algunos merecidos! Creo que Sánchez ha hecho lo correcto, aunque sea por los motivos incorrectos), pero Pedro Sánchez sigue sin ser capaz de gobernar de verdad, en el Congreso, donde realmente reside su legitimidad o falta de ella. Por eso le gusta tanto el extranjero, porque allí no te tienen que votar ni tiene que buscar apoyos para aprobar algo tan sencillo como unos Presupuestos. 

Me lo imagino deprimido aterrizando de vuelta en Madrid después de algún viaje al extranjero, donde le mencionan el artículo que escribió en The Economist (un semanario que hace poco más de un año tituló: Pedro Sánchez se aferra al cargo a costa de la democracia española) o su intervención en el podcast británico The Rest is Politics (con el exjefe de Gabinete de Tony Blair, que apoyó fervientemente la guerra de Irak y hoy le parece fatal la de Irán), donde lo han descrito como el único líder europeo que se ha enfrentado a Trump. En España, tiene que lidiar con problemas mucho más prosaicos, nada acordes a su estatura de estadista internacional y líder del mundo libre. 

Le ocurre algo parecido a Emmanuel Macron, líder cada vez más agotado políticamente en su país y que intenta compensar su decreciente relevancia interior con un despliegue excesivo en el exterior. Si Macron se ha presentado en esta crisis como un líder napoleónico y pomposo y ha sacado a pasear las armas nucleares, Sánchez ha escogido una actitud que le pega mucho más, la del activista que dice «no a la guerra», una postura más de actor en los Goya que de diplomático. 

Esos fuegos artificiales le funcionan mediáticamente en el exterior, y también algo en el interior. En los mítines de las elecciones en Castilla y León sacó a pasear a Zapatero, que a su vez sacó a pasear a Aznar y el «no a la guerra». Hay votantes a los que les funciona. Cada cual con sus fetiches: hay todavía gente en 2026 que te habla del tamayazo…

«Los decretos ley del Gobierno suelen ser más promesas electorales que leyes realmente aplicables»

Pero son maniobras con fecha de caducidad. Siempre hay que volver al presente, y a casa, y a la realidad, y la realidad es que Sánchez sigue siendo un presidente incapaz de gobernar efectivamente, es decir, de sacar leyes. Por eso vuelve al simulacro y se inventa ocurrencias como la herramienta Hodio, que se define como el Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia; o recurre de nuevo, ya un clásico en él, a los decretos ley. Esta semana, aprobó dos. Y ambos, como es esperable, acabarán siendo rechazados por el Congreso en unas semanas. Pero su objetivo no es más que performativo. Los decretos ley del Gobierno suelen ser más promesas electorales que leyes realmente aplicables. Y uno sabe que las promesas electorales nunca se cumplen.

Uno de esos decretos congela los alquileres durante dos años. Como el Congreso no lo aprobará, el Gobierno podrá decir que la oposición no quiere hacer nada para solucionar la crisis de vivienda. Lo importante nunca es cómo solucionar el problema, que es multicausal y necesita de un apoyo muy amplio (reducir cargas burocráticas, construir mucho más, limitar la tenencia de grandes tenedores, limitar los alquileres turísticos, recalificar suelo…). Lo importante es encontrar la manera de endosarle la culpa a otro. El Gobierno lleva ocho años en el poder; la culpa de que hoy los jóvenes no puedan ni alquilar una habitación en las grandes ciudades es, obviamente, de la oposición.

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