The Objective
Esperanza Aguirre

Comunismo no es democracia

«La mejor demostración de la vocación totalitaria de Sánchez la tenemos en la forma en que, elección tras elección, los comunistas abandonan sus partidos para votarle»

Opinión
Comunismo no es democracia

Ilustración generada mediante IA.

«La democracia —como dictaminó Winston Churchill— es el peor de los sistemas de gobierno, excepto todos los demás que se han probado».

Y la democracia, como sistema de gobierno, ha nacido y se ha desarrollado en los países que somos hijos de la civilización occidental, que podemos estar orgullosos de haber entregado esa forma de organizar la vida en común dentro de las naciones a todo el mundo.

Occidente puede estar contento de haber creado la democracia, a pesar de que, como muy bien decía Churchill, encierra peligros que hay que sortear. Pero, al mismo tiempo, tenemos que reconocer que Occidente también ha sido la cuna de los totalitarismos más perversos de la historia: el comunismo y el fascismo.

Comunismo y fascismo coinciden en reconocer el poder absoluto del Estado, que, por supuesto, recae en las manos de los partidos que profesan esas ideologías. Un Estado, al que los ciudadanos tienen que obedecer en todo, porque, para los totalitarios, los ciudadanos tienen que estar siempre al servicio del Estado y nunca el Estado al servicio de los ciudadanos. De ahí, que esas dos ideologías totalitarias hayan sido la raíz de las peores dictaduras del siglo XX y de lo que va del XXI. En ellas se ha suprimido, en primer lugar, algo tan fundamental como la libertad, y, a continuación, la propiedad y la iniciativa privada, porque para un totalitario el ideal es que todos los habitantes de un país sean obedientes funcionarios del partido que lo gobierna.

El fascismo tiene sus raíces en el socialismo (no olvidemos que el partido de Hitler se llamaba nacional-socialista) y basa su totalitarismo en la pertenencia a una raza y en la exaltación de un nacionalismo excluyente. Y De Gaulle ya nos dejó dicho que el nacionalismo es el odio a las demás naciones, porque el amor a la propia se llama patriotismo.

«Hoy en España sólo se encuentran restos de fascismo en los partidos nacionalistas»

Hoy en España sólo se encuentran restos de fascismo en los partidos nacionalistas que, además de cultivar el odio y el desprecio hacia el resto de los españoles, buscan apoyar sus pretensiones en la pertenencia a una determinada raza, como hicieron los fundadores de esos partidos en Cataluña y el País Vasco, y en su afán por destrozar la España a la que han pertenecido desde tiempos de los romanos.

Por su parte, el comunismo justifica el poder absoluto del partido porque divide a las sociedades en opresores y oprimidos y se arroga la exclusiva representación de esos oprimidos.

En 1989, cuando cayó el Muro de Berlín y, sin paliativos, se pudo ver el desastre en lo moral y en lo material al que había conducido el comunismo a media Europa, se pensó que, igual que el fascismo había sido derrotado al final de la II Guerra Mundial, también entonces desaparecería el totalitarismo comunista.

Pero estamos viendo, cada vez con más claridad, que el totalitarismo comunista está teniendo una especial habilidad para disfrazarse de demócratas, cuando, en sus actuaciones concretas, buscan en todo momento acabar con los pilares fundamentales de la democracia de la que nos habla Churchill. Unos pilares que no está de más recordar: la libertad de los ciudadanos, la separación e independencia de los tres poderes, el imperio de la ley, la defensa de la propiedad y de la iniciativa privada y la limitación de la intervención del Estado en las actividades económicas y empresariales.

«Sánchez lleva ocho años dando pasos para acabar con la separación de poderes»

Lo estamos viendo de manera cada vez menos disimulada en la España de hoy. Aquí, Sánchez lleva ocho años dando pasos para acabar con la separación de poderes. Para controlar a jueces y fiscales. Para impedir ser controlado por el Congreso (donde no contesta nada de lo que se le pregunta y se limita a insultar al que osa cumplir con su obligación de preguntarle), sin que la presidenta Armengol le haya llamado nunca a la cuestión. Y tampoco en el Senado, donde lleva más de dos años sin acudir. Lleva tres años sin cumplir con el deber constitucional de presentar presupuestos, lo que no es ningún inconveniente para él, pues está recaudando cifras astronómicas por su empeño en no deflactar la inflación y no parar de subir impuestos.

Esto es lo que le está permitiendo hacer lo que le da la gana con el dinero de todos los españoles. Así está coartando la libertad de los ciudadanos, que tienen que dedicar la mitad de las horas que trabajan para llenar de dinero unos ministerios que, después, ya sabemos lo que hacen con él (ahí está, por ejemplo, el estado actual de nuestras carreteras y trenes) o sí (y ahí están los innumerables casos de corrupción que le asedian). Y, para demostrar todavía mejor su vocación totalitaria, ya no disimula su afán de intervenir en todas las facetas de la economía, asaltando todas las empresas que se ponen por delante, de Telefónica a Indra.

Pero la mejor demostración de la vocación totalitaria de raíz comunista de Sánchez la tenemos en la forma en que, elección tras elección, los comunistas de toda la vida están abandonando sus partidos para votar con devoción a Sánchez, que todavía pretende hacernos creer que tiene algo que ver con la socialdemocracia que en España implantó Felipe González.

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