Marta Parreño Gala

Poderoso malnacido es don Dinero

Tiene muy poco y se lo quieren quitar. Se lo quitan los que tienen mucho para tener más. Y así siempre con todo. Y así pagan los de siempre.

Opinión

Poderoso malnacido es don Dinero
Marta Parreño Gala

Marta Parreño Gala

Periodista y cineasta. Escribo, filmo y creo. He rodado 7 cortometrajes y trabajado en El Periódico de Catalunya, Ling Magazine, COM Radio y La Vanguardia. Ahora en Adams Editorial.

Tiene muy poco y se lo quieren quitar. Se lo quitan los que tienen mucho para tener más. Y así siempre con todo. Y así pagan los de siempre.

Tiene muy poco y se lo quieren quitar. Se lo quitan los que tienen mucho para tener más. Y así siempre con todo. Y así pagan los de siempre. Ella se aferra a la viga de madera como si le fuera la vida en ello. Y es que le va la vida en ello. A los que se la quitan, en cambio, les va un puñado de billetes a repartir entre los más listos de la clase. Qué pesadilla. Qué pesadez. Cuánta soberbia, cuánta maldad. Y cuanto malnacido repartido entre las altas esferas de todos los países. Maltratadores moviendo los hilos de nuestras vidas, de nuestras casas, de nuestras normas, de nuestra educación e incluso de nuestros cuerpos. ¿Quién les habrá dicho que necesitamos que nos gobiernen con sus leyes antipersona?

Esta pobre mujer tiene la desgracia de vivir en un asentamiento que alguien ha decidido que es ilegal, no pienso entrar en ello. Hay ilegalidades infinitamente más justas que muchas leyes. 

Hablo de humanidad, no de números ni de papeles. Hablo de humanidad, ese concepto etéreo que cada vez cuesta más tener presente. Hablo de humanidad, de personas, de esta persona. 

A esta pobre mujer la quieren echar de su casa porque hay una necesidad imperante de construir un centro de negocios. Yo leo la noticia y ya de entrada me da bastante asco. Asco y rabia. Ganas mortales de vomitar y la necesidad imperante de escupirle a alguien en la cara. Ganas de encender una hoguera con todos esos billetes manchados de lágrimas y de sangre y de dolor y regalarle las cenizas, envueltas de regalo, a los más listos de la clase para que adornen sus despachos, sus salones y sus tumbas por los tiempos de los tiempos, como símbolo de lo que hicieron. Porque ya nunca podrán borrarlo.

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