Luis Antonio de Villena

Todo empieza y termina en Sánchez

«A Sánchez (enfermizo ególatra) sólo le preocupa seguir en el sillón de la Moncloa -me parece vergonzoso- y para eso paga cualquier precio que deba pagar»

Opinión

Todo empieza y termina en Sánchez
Foto: Quique García| EFE
Luis Antonio de Villena

Luis Antonio de Villena

Nacido en Madrid en octubre de 1951, Luis Antonio de Villena es licenciado en Filología Románica. Su obra creativa —en verso o prosa— ha sido traducida, individualmente o en antologías, a muchas lenguas, entre ellas, alemán, japonés, italiano, francés, inglés, portugués o húngaro. Ha recibido el Premio Nacional de la Crítica (1981) —poesía— el Premio Azorín de novela (1995), el Premio Internacional Ciudad de Melilla de poesía (1997), el Premio Sonrisa Vertical de narrativa erótica (1999) y el Premio Internacional de Poesía Generación del 27 (2004). En octubre de 2007 recibió el II Premio Internacional de Poesía «Viaje del Parnaso». Desde noviembre de 2004 es doctor 'honoris causa' por la Universidad de Lille (Francia).

Nuestro muy ínclito Pedro Sánchez, del que más de medio país abomina, entre otras raras virtudes posee ser Jeckyll y Hyde. Cuando habla para la nación (poco) o en organismos internacionales, saca su muy presentable lado socialdemócrata, amante de España, ponderado y abanderado de todo europeísmo. Pero, ¿qué ocurre cuando habla con sus minoritarios (pero imprescindibles) socios nacionalistas vascos y catalanes o catalanistas que rozan la ferocidad antiespañola? Pues que el pobre Pedro Sánchez, mal su grado, debe agachar la cerviz y decir amén a todas las tropelías antiespañolas que le propongan. A Sánchez (enfermizo ególatra) sólo le preocupa seguir en el sillón de la Moncloa -me parece vergonzoso- y para eso paga cualquier precio que deba pagar. No hay límites. Ni siquiera la desintegración del país que preside y dice amar

Si lo sé yo -me lo narró de cerca un amigo mallorquín ayer-, Sánchez debería saberlo mejor. En los colegios de Baleares si unos alumnos, en el recreo, son pillados hablando en español, una mujer fiera los amonesta: deben hablar en catalán o sufrirán severas sanciones. Pero el dislate aumenta: si un director de cine pide una subvención, Agustí Villaronga digamos, el dinero se le da sólo si rueda en catalán. Mas como hay actores mallorquines que hablan en el dialecto local, la película (bajo un férreo nazismo catalanista) es redoblada al catalán normativo, al de Pompeu Fabra. ¿Mallorquín? Nada. Supongo que el necio valenciano Ximo Puig estará al borde de lo mismo, incluso si gobierna una región bilingüe natural. Claro, así -en este contexto antiespañol- el tremendo Otegui ya está negociando con el sibilino PNV que la enseñanza en el País Vasco sea sólo en euskera, nada de español, aunque ello deje peor que cojitrancos a los alumnos. Si yo sé estas cosas (y otras tantas más del mismo jaez), ¿debo pensar que el pobre presidente Sánchez las ignora? No. Él las conoce sin duda mejor que yo, pero vanidoso y tonto coqueto, mira a otra parte.

En las últimas manifestaciones vascongadas -autorizadas- en favor del terrorista Parot, que son básicamente manifestaciones antiespañolas, al final del discurso se arrían o queman banderas españolas o se las arroja a la basura. Guste o no, esa bandera simboliza a la entera nación española y toda su historia y principios constitucionales. Y Pedro Sánchez debe ser el primer defensor de esa bandera, la del país que gobierna y a la que juró lealtad. ¡Váyase al hoyo la bandera, que yo voy al bollo de la Moncloa! Eso es Sánchez, ni multa ni sanciona ni llama al orden a los que desdeñan el símbolo patrio. De nuevo, aberrantemente, mira para otro lado. ¡Ahí se las den todas! Pero, ¿qué ocurriría si un grupo de exaltados y peligrosos nazis quemaran -como réplica- la bandera de Sabino Arana? No sólo serían delincuentes y fascistas abominables, sino gentuza incívica. Es decir (no hace falta un cerebro privilegiado) lo que ayuda al mantenimiento presidencial de Sánchez -el nacionalismo vasco, incluso el más brutal- es un incidente sin importancia. Pero lo que -entendiendo defender a España- cometan, en igual línea, unos declarados enemigos de Sánchez, eso es abominación y debe ser reprimido y castigado. A mí no me gusta ni uno ni otro, pero me parece vergonzoso decir que Vox es un peligro, pero Bildu o los terribles nacionalistas catalanes, son santas hermanitas de la caridad. ¡Señor Sánchez! Usted ya no engaña a nadie, aunque persevere en la mentira de los socios que le hacen falta. Su doble discurso es infame, su afán de no abandonar la Moncloa, cueste lo que cueste, es miserable. Es usted el peor presidente de esta democracia. Si le resta algo de dignidad (temo que no le quede nada) ¡convoque lo antes posible elecciones generales!

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