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Tus años de colegio

Ha empezado el colegio. Los niños de pronto encuentran algo de ilusión tras la aparente calma: poder encontrarse con sus compañeros, con sus profesores… con el deseo de que no falte ningún compañero, ni profesor, que quede algo de aquel pupitre...

¿Recuerdas tus años de colegio? Los juegos en el recreo, las clases divertidas (y las soporíferas también);  aquel profesor que te tenía manía y el que parecía tu padre, ir con tu amiga de la mano por el campo de tierra o jugar al fútbol con tus compañeros.

El bullicio en el patio, en el comedor, en los pasillos… bullicio… ruido… gritos… alaridos… miedo. Terror.

El que ha sentido cada niño de Gaza. El bullicio de los habitantes de la franja corriendo, el ruido de las bombas al caer, los gritos asustados de las familias, los alaridos del que lo pierde todo. El silencio. El que llega tras cada explosión. Sólo dura unos minutos pero se escucha hasta la respiración de la gente que vive en el edificio. Si con suerte no lo han derruido.

Esta es la realidad de cientos de personas en la franja de Gaza, algunos han tenido que huir y otros tratar de refugiarse en sus casas con la esperanza de que las bombas no les alcancen. Pero ahora ha empezado el colegio, aunque con dos semanas de retraso; los  niños de pronto encuentran algo de ilusión tras la aparente calma: poder encontrarse con sus compañeros, con sus profesores, sentarse en sus mesas, aprender cosas nuevas… con el deseo de que no falte ningún compañero, ni profesor, que quede algo de aquel pupitre y que consigan olvidar lo que han tenido que ver sus ojos.

No busco el morbo o la lágrima fácil, simplemente me gustaría que nos paráramos a pensar en que, aunque estén a miles de kilómetros y nos parezca algo tan alejado de nuestra vida cotidiana, ellos sólo son personas como tú y como yo, a las que les ha tocado vivir en un lugar al que no llega la paz, rodeados de otra gente que se mata por una idea, por un territorio. No importa la vida. Sólo ganar.
 

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