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Unidos rondamos

Iglesias pidió "discreción" después de su reunión con Sánchez, como si no supiéramos que el conciliábulo trató de cómo crujirnos a impuestos

Foto: Luca Piergiovanni | EFE

Rondas hay muchas. La ronda informativa del gran Pepe Domingo, la Ronda del Guinardó de Marsé. La Ronda de Rilke y de Trujillo y la Ronda de las guardias legionarias y las tardes de goyesca. Las rondas de Madrid, donde las barrancas y los valentones. Y luego las rondas para formar gobierno de Pedro Sánchez, que vienen a ser un besamanos donde “las tres derechas” le reafirman por contraste en lo profetizado por Tezanos: que ‘sólo él’ es presidente.

Desde el infarto de Casillas, España ya ha pasado página -a peor-, y en la calle los tullidos y los rentistas disfrutan lo votado. Entre la necesidad y la virtud van llegando unas elecciones, las del 26-M, con esa cosa de votar al alcalde, al presidente de una región no cojonera y eso del Parlamento Europeo, que es algo que nos afecta y del que chupan no pocos pesos muertos de los partidos.

A Europa no va Borrell y van una plana de mediocres, porque el buen catalán ya es un lastre para el sanchismo. Sin embargo, lo fundamental son esas rondas que Pedro Sánchez se ha montado en la Moncloa para restregar que es el más votado, que no hay más ‘tutía’ que la gobernanza con Podemos y con el separatismo de tontos útiles vestidos de amarillo. Y es que después del 26-M, España coronará a Narciso Castejón.

La última, la reunión con Podemos de esa ronda con todos menos con Vox, duró dos horas. Al salir, Iglesias pidió “discreción”, como si no supiéramos que el conciliábulo trató de cómo crujirnos a impuestos.

Antes de esta columna mía le ha dado el traquido que hemos dicho antes a Casillas, y se ha muerto Pitita Ridruejo -que levitaba como Sánchez sobre las aguas-, y España va quedándose del modo y de la forma que quería Iván Redondo y hasta Puigdemont es sujeto “elegible”. Pasa que Iván Redondo hace con maestría lo suyo: vender humo. Y pasa que el país no está ni para rondas estériles ni para que el presidente nos marque paquete -ideológico-.

Está España para echársela a los puercos. Y sin embargo, amanece…

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