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Díaz interrumpe su táctica del silencio y desafía todas las instrucciones de Iglesias

La ministra Yolanda Díaz reivindica su «libertad», niega haber tenido responsabilidad en la campaña de Castilla y León y cuestiona la estrategia de alianzas de Podemos

Díaz interrumpe su táctica del silencio y desafía todas las instrucciones de Iglesias

Europa Press

Yolanda Díaz ha decidido romper por primera vez y de forma muy contundente su conocida como «estrategia del silencio». Hasta ahora, la ministra de Trabajo y vicepresidenta del Gobierno había mantenido una línea enfocada en sortear las provocaciones que provenían del sector duro de Podemos, y centrarse en su perfil reformista para empezar la construcción de su plataforma. Sin embargo, el hecho de que la cúpula morada busque endosarle el batacazo el Castilla y León la ha hecho reaccionar. En menos de una semana, Díaz ha desafiado hasta al ex líder morado: niega tajantemente haber tenido papel alguno en la campaña de Castilla y León y pide un «cordón democrático» al PSOE contra Vox en contra de la instrucción de Iglesias.

Hasta ahora, los asesores y consejeros más estrechos de Díaz, tanto del ámbito político como sindical, sugerían a la lideresa in pectore de la izquierda alternativa al PSOE «no entrar» en una disputa directa con los morados. Díaz ha puesto en práctica esta estrategia hasta la aprobación de la reforma laboral y el último aumento del Salario Mínimo Interprofesional. Pero no ha resistido ante los dardos de que se están lanzando contra ella en los últimos días.

Fuentes gubernamentales desvelan a este diario que Díaz ha entrado en una fase de enorme desconfianza hacia sus ex compañeros. La relación personal con miembros de la cúpula morada empezó a torcerse en 2020, cuando algunos sectores la culparon de que en Galicia el partido se quedara fuera del parlamento regional. Ella protestó, y según fuentes de su entorno pudo guardar la amistad con Iglesias. Pero no con algunos miembros de su círculo. Hasta la negociación de la reforma laboral.

Problema que viene de lejos

Durante dicha negociación, Díaz cree que cayó en una «trampa» de la cúpula de Podemos, que exigió convocar reuniones extraordinarias con los socialistas para adelantar el pacto con los agentes sociales. Esa semana fue particularmente convulsa. Y Díaz entendió hasta qué punto podían llegar ataques internos bajo la bandera de la «resistencia» a la patronal y al ministerio económico de Nadia Calviño.

La polémica no acabó en un enfrentamiento con el sector socialista del Gobierno, y la reforma laboral se pudo aprobar con el apoyo de los sindicatos y la patronal. Pero Díaz tuvo que mediar directamente con Sánchez y su equipo en la Moncloa, y ese ruido no ayudó a consolidar su imagen en el espacio más radical de la izquierda, ahí donde Podemos deja entender que la gallega no llega al igual que lo hacía Iglesias y sus protegidos.

El día de la votación en el Congreso tenía que ser el más importante de la vida política de Díaz. Y así fue, pero gracias a una votación rocambolesca condicionada por el error de un diputado del PP. Los morados, que en los días previos alentaban en la sombra ciertas críticas a la reforma por demasiado blanda, celebraron con muy poco entusiasmo el «hito» de Díaz.

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Díaz, una lideresa «poco generosa»

La ministra de Trabajo, además, está convencida –las principales voces llegan desde el sector de Ada Colau– de que la cúpula de Podemos alentó a ERC a rechazar la reforma laboral. Según esta tesis, ERC y sobre todo Gabriel Rufián actúan para debilitar a Díaz como aliado de Podemos en el Congreso, porque desconfían de ella.

Las declaraciones del portavoz de los republicanos contra la reforma laboral se interpretaron en el entorno de Díaz como la prueba de la conexión con los ambientes más duros de Podemos. Ambos segmentos le reprochan centrarse en ella misma y obviar la aportación de Podemos a su liderazgo. La idea de que Díaz «carece de generosidad» hacia Podemos está muy arraigada en la cúpula morada. El día de la votación, Díaz casi llega a romper su promesa del silencio. Atacó a ERC y llegó a calificar su posición de «poco seria». Pero no fue más allá. Evitó la charla habitual con los periodistas, y rápidamente salió del hemiciclo para cobrarse su victoria. Acto seguido, se centró en otra subida del Salario Mínimo Interprofesional.

Eso le ha servido para mantenerse lo más lejos posibles de la campaña de Castilla y León, tal y como publicó en exclusiva THE OBJECTIVE. Su silencio en la noche electoral del pasado domingo, cuando Unidas Podemos cosechaba otra derrota muy dolorosa (de dos a un escaño, y 50.000 votos menos que en 2019), reveló la distancia que existe con la cúpula de Ione Belarra e Irene Montero.

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El ‘toque’ de Iglesias

El pasado lunes, Pablo Iglesias cuestionó la fortaleza del liderazgo de Yolanda Díaz. Iglesias dijo que no es «suficiente» su proyección mediática, la reforma laboral y el aumento del SMI para mejorar los resultados de Unidas Podemos. Díaz empezó a calentarse. Escribió un mensaje en Twitter para algunos algo críptico que, sin embargo, reveló cierta irritación: «Toca una reflexión profunda. La ciudadanía que quiere cambios y exige ambición de transformación está ahí esperando. Solamente tenemos que mirar al lugar correcto y estar a su altura«.

Las fuentes consultadas, incluso las de Podemos, coinciden en que la «clave» para Yolanda Díaz es mantener un perfil alejado de las polémicas. Y sobre todo limitar el desgaste de su imagen como ministra emergente. Los datos de audiencia en la televisión son para Díaz una enorme ventaja que hace falta gestionar. Y para ello es esencial que cabalgue la ola que está creciendo incluso en ambientes muy cercanos a Podemos para una «refundación» o «renovación» del espacio político.

Tal vez sea por esto que en los últimos días la ministra de Trabajo ha modificado su estrategia. Los suyos se han lanzado a algo parecido a una guerra de relato para desvincular a la política gallega de lo ocurrido en Castilla y León. Niegan que haya tenido algo que ver con el diseño de la campaña. Y que tiene total «libertad» para decidir sus movimientos a partir de ahora.

A la vez, Díaz reivindica su autonomía en asuntos como la política de alianzas. En Podemos sospechan que la gallega no quiere insistir con el pacto con los independentistas. Díaz es consciente de que hay sectores de Podemos críticos con un matrimonio con ERC sin condiciones. Y es más. Ahora también propone crear un «cordón democrático» hacia Vox, rompiendo la estrategia de Iglesias para que el PP se acerque al partido de Santiago Abascal. Esto obligaría al PSOE a blindar la alianza (tal vez ya preelectoral) con Unidas Podemos. Iglesias y todos sus afines lo tienen claro desde hace años: hay que hacer todo lo posible para evitar pactos entre PSOE y PP a la alemana.

Iglesias quiere atar al PSOE porque sabe que así Yolanda Díaz tendrá menos márgenes de maniobra. «Quiere que Irene Montero siga mandando», resumen fuentes de Podemos. A la vez que revelan que Iglesias espera que la unidad de bloque con el PSOE le reporte beneficios en el ámbito de los medios de comunicación, como desveló este diario. Díaz, sin embargo, reivindica su «libertad». Y queda claro que a esta altura de la legislatura no es lo que desea Iglesias.

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