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El buzón secreto

Un informe de Bono al presidente Zapatero alertó de que el 11-M se pudo haber evitado

El CNI alertó el 8 de marzo a la Policía de la probabilidad de un atentado yihadista

Un informe de Bono al presidente Zapatero alertó de que el 11-M se pudo haber evitado

Atentados del 11 de marzo de 2004. | Europa Press

Se han cumplido 18 años del atentado yihadista contra los trenes de Madrid. Muchos han sido los temas de debate, pero a uno se le ha prestado menos tiempo del que se debería: ¿pudo haberse evitado? La respuesta es un sí rotundo, aunque es un tema del que prefieren no hablar ninguna de las partes implicadas.

Aunque el asunto tiene otros protagonistas importantes, para explicarlo con sencillez voy a adoptar como hilo conductor exclusivo a Allekema Lamari, un militante del argelino Grupo Islámico Armado (GIA) que jugó un papel clave en los atentados. Detenido en una operación policial, en 2002 quedó en libertad por un error judicial y se instaló en Valencia, donde todos sus movimientos fueron controlados por el CNI.

«El Pollero»

La Casa captó a Sabagh Safwan, conocido como «El Pollero», que mantenía buenas relaciones con los yihadistas, para que le controlara e informara de sus acciones. Así lo hizo y les detalló que había salido de la cárcel mucho más radical de lo que había entrado, obsesionado con vengarse.

Seis meses antes del 11-M, «El Pollero» les advirtió que Lamari estaba poniéndose en contacto con otros islamistas para organizar un atentado en suelo español, del que desconocía los detalles. Un mes después, la preocupación de los agentes del servicio secreto creció: Lamari había desaparecido y los intentos por localizarle fracasaron.

Alerta a la Policía y a la Guardia Civil

El 6 de noviembre de 2003, creyendo que realmente Lamari y su acólitos podían cometer un atentado, emitieron una alerta a la Policía y a la Guardia Civil para que lo localizaran. Se desconoce si ambos Cuerpos pusieron mucho o poco empeño, el hecho es que siguió libre.

El 8 de marzo de 2004, los espías recibieron informaciones que acrecentaron la preocupación de que ese atentado islamista pudiera llevarse a cabo en suelo español. Ante la imposibilidad de localizarlo por sus propios medios, decidieron repetir la alerta para buscar a Lamari y sumaron a los cinco yihadistas que también habían desaparecido sin justificación de sus hogares y puestos de trabajo.

La siguiente noticia sobre Lamari que recibieron en el CNI fue cuando reapareció como uno de los responsables de la colocación de bombas en los trenes. Y el 3 de abril se encontraron sus restos entre los de los terroristas que se inmolaron en un piso de Leganés durante el asalto de la Policía que los tenía cercados.

José Bono encargó un informe al CNI

Tras el atentado, se celebraron elecciones generales, en las que triunfó el PSOE. Al Ministerio de Defensa llegó José Bono, que encargó al director del CNI que nombró, Alberto Saiz, un informe sobre el tema. Apenas pasaron unas semanas cuando Bono envió un informe por escrito al Consejo de Ministros presidido por José Luis Rodríguez Zapatero, en el que resaltaba la alerta dada por el servicio de inteligencia tres días antes de los atentados sin que nadie la atendiera.

Esta sorprendente noticia hay que verla dentro de un contexto. El servicio secreto estaba comandado el 11-M por Jorge Dezcallar, a quien pocas horas después de los atentados le pidieron desde el Palacio de la Moncloa que les mandara un informe urgente. Su conclusión fue que el responsable había sido ETA. Lo que me lleva a preguntarme: si ellos llevaban meses alertando de que Lamari y otros yihadistas captados por él estaban a punto de cometer un atentado, ¿por qué no lo valoraron adecuadamente, o es que ellos mismos no se creyeron su propia información?

«El PP alargó la mentira»

Dezcallar se lo explicó en su momento a Bono: «Mira, nosotros nos equivocamos, pero nuestro error duró unas horas. El PP alargó la mentira todo lo que pudo por intereses electorales.»

La realidad volvió a manifestarse en los atentados yihadistas en Barcelona y Cambrils del 17 de agosto de 2017. Hubo una alerta procedente de un servicio de inteligencia de Estados Unidos, pero tan genérica como otras muchas que se lanzan sin elementos de credibilidad. Nadie la prestó atención.

Los atentados de Madrid podrían haberse evitado, quizás, solo quizás, si el CNI se hubiera creído la amenaza, hubiera utilizado una forma de comunicarla adecuada –por ejemplo, a través de su director a altas instancias del Ministerio del Interior- y si la Policía y la Guardia Civil se lo hubieran tomado en serio y hubieran dado prioridad a la caza de los terroristas. Parecido a lo que ocurrió en Estados Unidos con motivo del 11-S, sólo que allí el Congreso les echó un rapapolvo de narices al FBI y a la CIA. Aquí nada.

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