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Macarena Olona: la mujer fuerte de Vox

«Olona es una congresista hábil y de verbo afilado. No se arredra ante nada y ante nadie»

Macarena Olona: la mujer fuerte de Vox

Macarena Olona en un acto de campaña. | Juan de Dios Ortiz (Europa Press)

Fue una sorpresa que desembarcara en la política tras abandonar la vida judicial como también lo fue que el presidente de Vox, Santiago Abascal, decidiera presentar a Macarena Olona (Alicante, 1979), no sin polémica a raíz de su rápido empadronamiento en Salobreña (Granada), candidata del partido de ultraderecha a gobernar Andalucía en las elecciones autonómicas del próximo domingo. Las encuestas pronostican, además de la victoria del actual presidente, Juanma Moreno Bonilla, una subida notable de Vox. Sin embargo y por paradójico que resulte, la fuerza arrolladora de su candidata, su verbo exaltado y el insulto que a veces emplea pueden pasar factura a Abascal y hacer que su ascenso como tercer grupo no sea tan espectacular. 

Olona es una mujer de rompe y rasga. Es una jurista bastante preparada, premio extraordinario en Derecho por la universidad de Alicante y abogada del Estado, puesto que ejerció durante cinco años en el País Vasco enfrentándose al Gobierno vasco y al PNV e interponiendo recursos contra todos los actos de homenaje a etarras y la ley de abusos policiales. No fue ella quien se marchó voluntariamente de allí, sino el entonces jefe del Ejecutivo, Mariano Rajoy, el que la retiró. Éste quería acercar su política a la de Ajuria Enea y la presencia de Olona incomodaba. La trasladó a la empresa pública Mercasa, salpicada por entonces de corrupción y mordidas tanto de sus anteriores responsables socialistas como de los populares. Cuando la abogada del Estado llevó el caso a la Audiencia Nacional fue apartada del cargo.

Fue poco más tarde cuando Abascal le propuso ingresar en su formación. Olona dudó, pues nunca le entusiasmó la política. Ella prefería la carrera judicial. Gozaba de prestigio entre sus colegas por lo bien que solía armar los recursos, especialmente en el sector mercantil. Aseguró cuando fue fichada por Vox que para ella la actividad política sería algo temporal. Ahora, sin embargo, tal afirmación no es tan segura, pues parece sentirse como pez en el agua en este campo cuando ha ejercido como portavoz de su grupo parlamentario. Entró en el Congreso de los Diputados en 2019 y desde el primer instante no pasó desapercibida. Al poco la presidenta de la Cámara baja, Meritxell Batet, la expulsó del hemiciclo por negarse a ceder su butaca a un diputado de Ciudadanos.

Olona es una congresista hábil y de verbo afilado. No se arredra ante nada y ante nadie. Menos aún cuando se trata del primer ministro Sánchez, del titular de Interior o de la bancada podemita. Articula bien, no en balde procede de la judicatura, pero abusa de clichés como la patria y la bandera al igual que su jefe Abascal: «Es un honor servir a España. Es el momento adecuado para servir a un país que me duele». Recurre a frases falangistas si lo estima oportuno: «La bandera está alzada. Vamos a defenderla alegre y poéticamente». Sin embargo, niega ser «facha» ni que su partido sea de extrema derecha: «Defender la unidad de España y la bandera no es ser fascista. Yo nací en democracia y no tengo nostalgia del pasado». Es de los oradores parlamentarios que despiertan de la modorra a sus colegas al igual, por ejemplo, que el nacionalista catalán Gabriel Rufián. 

Sabe que su nombre ya se lo ha aprendido la prensa, que aguarda con curiosidad sus preguntas en la sesión de consulta al Gobierno. No sólo sus cuestiones, sino también cómo se presenta ese día en el hemiciclo, con qué atuendo aparece, que incluso en ocasiones se cambia en las pausas. Le gustan las camisetas con eslóganes que provocan la irritación de la izquierda podemita sobre la violencia de género. En una de ellas estaba grabada la siguiente leyenda: «El hombre no viola, viola un violador. El hombre no mata, mata un asesino. El hombre no humilla, humilla un cobarde». Al respecto mantuvo una trifulca con Teresa Rodríguez en el primero de los dos debates electorales entre los seis candidatos a la presidencia andaluza celebrado el pasado lunes. El segundo tendrá lugar mañana. Rodríguez, líder del grupo izquierdista Adelante Andalucía, le acusó de ser el brazo político del terrorismo machista a lo cual ella respondió: «Sus insultos son galones en mi pecho».

Olona tiene una debilidad por la Guardia Civil, sobre todo desde su periodo en el País Vasco. La Benemérita le concedió la Orden al Mérito Civil. A veces porta la mascarilla contra el coronavirus con el escudo y colores del instituto armado y en una ocasión subió al estrado ante el estupor de sus demás parlamentarios ataviada con una extraña chaqueta en la que uno de sus frentes parecía el uniforme de la Guardia Civil. Y no olvidó a ese cuerpo armado cuando nació su hijo, al que le colocó un gorrito con el escudo benemérito.

La vida privada de la candidata andaluza por Vox está rodeada de claroscuros. Nada se sabe sobre su estado civil. Prácticamente fue educada por su madre, abogada como ella y que es propietaria de una agencia inmobiliaria alicantina en la que tienen participación las dos hijas. La otra hermana reside en Londres. El padre desapareció de casa cuando Olona apenas tenía 12 años. Es un empresario de Lérida con negocios presuntamente delictivos vinculados a la familia Pujol, condenado por insolvencia punible, que se fugó de la cárcel y huyó a Andorra donde posteriormente fue extraditado a España.

¿Hasta dónde puede llegar Macarena Olona en Andalucía? ¿Se cansará si no gobierna y regresará a Madrid en busca de mayores aspiraciones políticas o volverá a la judicatura? La clave de estas elecciones reside en saber si Moreno Bonilla necesitará el apoyo externo permanente de la extrema derecha para formar Gobierno, como así fue en la pasada legislatura o los resultados le forzarán incluso a una coalición con Olona. El actual presidente no se lo plantea. Quiere «hacer un Ayuso» en su tierra. Es decir, repetir el gran triunfo de mayoría relativa que obtuvo la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en las autonómicas de hace un año sin tener que depender del respaldo de Vox. La diferencia está en que la presidenta madrileña formó un gobierno de coalición con Ciudadanos y en Andalucía no va a ser posible que Moreno Bonilla reedite la actual fórmula con el partido centrista que tan buenos resultados le ha generado durante estos tres años y medio pues las encuestas dan apenas representación a los centristas. 

Abascal parece resuelto a exigir que Vox entre en el nuevo Ejecutivo andaluz al igual que lo que acaba de lograr en Castilla y León. Eso es algo que en lectura nacional puede tener trascendencia y dañar las aspiraciones del líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, de llegar a La Moncloa en las próximas elecciones sin ninguna coalición con la ultraderecha. La fuerte personalidad de Macarena Olona hace improbable pensar que se contente simplemente con tener la representación de su grupo en el Parlamento andaluz y que aguante toda la próxima legislatura atada a su escaño. Ya le dijo a Moreno en el debate de hace una semana con cierto tono condescendiente: «Juanma, en el próximo Gobierno tú serás mi vicepresidente».

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