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España se queda fuera de la mesa de negociación sobre el Sáhara en Madrid

Albares tampoco asistió a la cita de febrero en la que Marruecos y el Frente Polisario tuvieron una toma de contacto

España se queda fuera de la mesa de negociación sobre el Sáhara en Madrid

Albares y el ministro de Exteriores de Marruecos el pasado 4 de diciembre en Madrid. | Eduardo Parra (EP)

España se queda fuera de la mesa de negociación sobre el futuro del Sáhara Occidental. Y eso a pesar de que la cumbre prevista para mediados de marzo se va a celebrar en Madrid y que, según las resoluciones de Naciones Unidas, España continúa siendo la potencia administradora de su antigua colonia. La cita tendrá lugar en la Embajada de Estados Unidos y reunirá a representantes de Marruecos y el Frente Polisario con emisarios del país norteamericano y de la ONU. También estarán Argelia y Mauritania, aunque como observadores, explican a THE OBJECTIVE fuentes diplomáticas.

La elección de Madrid para celebrar la reunión es una decisión unilateral de Estados Unidos. Las fuentes consultadas por este diario señalan que se escogió por puro pragmatismo, ya que para una mera toma de contacto sobre el futuro del Sáhara no merecía la pena que los representantes de las cuatro potencias implicadas se desplazaran a Washington. Marruecos tiene preparada una oferta de autonomía, pero el Frente Polisario solo contempla la celebración del referéndum de autodeterminación que llevan esperando 35 años.

A las reuniones del pasado 8 y 9 de febrero en la Embajada de Estados Unidos en Madrid asistieron una delegación de Marruecos que encabezaba el ministro de Exteriores, Nasser Bourita, y otra del Frente Polisario. Massad Boulos, asesor de Donald Trump para Asuntos Árabes y Africanos, y el embajador norteamericano ante la ONU, Michael Waltz, participaron como mediadores. En la reunión también estuvieron presentes el enviado especial de Naciones Unidas, Staffan de Mistura, y representantes de Argelia y Mauritania como observadores.

El futuro del Sáhara

Llamó la atención la ausencia del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, que aprovechó la ocasión para recibir en el Palacio de Viana a sus homólogos de Argelia y Mauritania. Tampoco se ha convocado al dirigente socialista para la cita de mediados de marzo, donde se prevé que las partes expongan sus posiciones con el objetivo de resolver el conflicto del Sáhara, enconado desde hace medio siglo. Por el momento, las posturas están muy alejadas.

La intención de la Administración Trump es que Marruecos y el Frente Polisario firmen un acuerdo que ponga fin al conflicto antes de que finalice el mandato de la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (Minurso), que expira el próximo 31 de octubre. Por eso va a acelerar los tiempos. Como avanza El Confidencial, Boulos ha convocado a las partes a principios de esta semana en Washington para una nueva ronda de negociación secreta sobre la antigua colonia española. Las fuentes diplomáticas sostienen que esa reunión no afecta al encuentro previsto semanas más tarde en Madrid.

Los primeros contactos entre Marruecos y el Frente Polisario tuvieron lugar a mediados de enero en Washington, pero no trascendieron. Tampoco lo hicieron los encuentros que mantuvieron a principios de febrero en la Embajada de Estados Unidos en Madrid. El reino alauita parte del plan de autonomía para el Sáhara que presentó a la ONU en 2007. El texto ha sido mejorado y ampliado, pero la propuesta requiere reformar la Constitución. Esta solución podría generar controversias internas, especialmente en el Rif, una región que reclama el reconocimiento de su identidad.

El Frente Polisario está en las antípodas de esa solución y aboga por la celebración del referéndum de autodeterminación que pactó con Marruecos en 1991. Ese ha sido siempre uno de los cometidos de la Minurso, aunque ha fracasado hasta el momento. Rabat ha mostrado poco entusiasmo en avanzar en la resolución del conflicto y lleva años trabajando en buscar apoyos a su plan de autonomía. Los países de la UE lo respaldaron a finales de enero en Bruselas. España lo hizo casi cuatro años antes.

El plan de Marruecos

Marruecos reveló en marzo de 2022 que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, había enviado una carta al rey Mohamed VI en la que aseguraba que dicho plan constituye «la base más seria y realista» para lograr una solución al conflicto. De esa manera, el dirigente abandonaba la postura tradicional de España respecto al Sáhara. Ese giro histórico sobre la antigua colonia no lo consultó ni al Consejo de Ministros ni al Congreso, lo que motivó las quejas tanto de sus socios como de la oposición.

El viraje se produjo solo tres meses después de que los emisarios de Sánchez y de Marruecos se reunieran en dos ocasiones, una en Marrakech y otra en Málaga, para cerrar la crisis abierta por la infección de los dispositivos móviles del presidente con Pegasus, el programa de espionaje de origen israelí. El Gobierno ocultó un año los hechos, que tuvieron lugar en mayo de 2021, cuando el líder socialista acudió a Ceuta en plena llegada masiva de inmigrantes después de que el reino alauita relajara la seguridad. Poco antes se había conocido que España había permitido la entrada del dirigente saharaui Brahim Ghali para recibir atención médica.

Boulos, representante de Donald Trump, considera que la negociación debe partir de la resolución 2797, aprobada el pasado octubre por el Consejo de Seguridad de la ONU. El texto aboga por una solución «justa, duradera y mutuamente aceptable». El Sáhara fue colonia española entre 1884 y 1975. Su proceso de descolonización se interrumpió cuando España lo abandonó tras la Marcha Verde. Marruecos ocupa desde entonces gran parte de su territorio, uno de los 17 no autónomos en el mundo que se encuentra bajo supervisión de la ONU.

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