El PP frena a Vox en Castilla y León y le obliga a desbloquear los acuerdos de gobierno
Alfonso Fernández Mañueco sube dos procuradores y los populares crecen casi cinco puntos

La dirección nacional del PP felicita al candidato del Partido Popular en Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco. | PP
El Partido Popular ha conseguido frenar a Vox en Castilla y León y ha alcanzado el principal objetivo de estas elecciones autonómicas: subir en procuradores, de 31 a 33, y en votos. Pero, además, sus dos escaños más, y su distancia de nueve de Vox, que no consigue lograr su objetivo de alcanzar el 20% de votos, obliga a la formación de Abascal a desbloquear los Gobiernos en Extremadura y Aragón. Un enfrentamiento con el PP que ha terminado por pasarle factura y que abre ahora una página distinta en las relaciones entre ambas formaciones políticas. El PP ha obtenido el 35,45% de los votos y ha subido 4,8 puntos respecto a los comicios de 2022, que llegó al 31,39%.
En el guion de los últimos días de campaña no estaba que el PP iba a contener con esta intensidad la ola de Vox; pero sí había una sensación de que «la cosa va a ir mejor» de lo que pensaban, como aseguraron fuentes populares a THE OBJECTIVE un día antes de finalizar la campaña electoral, que los trackings internos lo reflejaban. La realidad ha sido mejor de lo esperado y el principal resultado de esta situación es que al Partido Popular le ha salido bien su estrategia de hacer ver que Vox no quiere gobernar y que votarlo puede ser inútil. De hecho, fuentes populares hacen hincapié en la pinza PP-PSOE en Extremadura, al destacar que «los partidos del bloque que votaron en contra de María Guardiola suben mucho menos que el Partido Popular».
La primera reacción de la dirección nacional ha sido la del secretario general, Miguel Tellado, que ya ha apuntado a que, quizás, ahora que Vox no puede hacer un «cálculo electoral» haya un acuerdo «rápido». El número dos del PP ha incidido en que esta formación política tiene «más del doble de escaños que Vox» y una ventaja de casi 17 puntos, lo que consolida su posición como primera fuerza política y única alternativa de gobierno. A su juicio, «el cambio en España se acerca» y «hoy está más cerca que ayer».
Los populares iniciaron la campaña con la amenaza de un Vox en alza que se situaba más cerca del 25% que del 20, pero a medida que iba avanzando, las expectativas de la formación de Santiago Abascal fueron menguando, lo que llevó a los populares a ser más optimistas sobre el resultado final. Este descenso de Vox coincidió, según fuentes del Partido Popular, con la percepción que tenían los ciudadanos de que Vox no tenía intención de alcanzar un acuerdo de Gobierno con María Guardiola en Extremadura. A ello había que añadir la crisis interna de Vox, con la expulsión del líder de Murcia, José Ángel Antelo, y el portavoz de Vox en el Ayuntamiento de Madrid, Javier Ortega Smith.
Estos dos elementos explican la dureza de los últimos discursos del presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, que llegó a pedir un «voto de castigo» contra Vox, al considerarlo una «estafa» para los ciudadanos. Los populares presionaron al electorado del centro derecha insistiendo en la estrategia de un partido, Vox, que no quiere gobernar, y que se alía con el PSOE para bloquear los gobiernos del Partido Popular. La caída de Vox empezó a detectarse a partir del 19 de febrero.
Un síntoma de que las cosas no funcionaban bien en Vox es el acuerdo al que llegó con Guardiola sobre un decreto-ley que permite blindar el funcionamiento de los servicios públicos en Extremadura el mismo viernes, día del cierre de la campaña electoral en Extremadura. Además, empezaron a deslizar la idea de que el acuerdo de Gobierno con el Partido Popular estaba cada día más cerca. A juicio del PP, «empezaron a tener miedo de que se percibiera que Vox es un partido que no quiere gobernar».
Antes de conocer el resultado final de Vox, las fuentes de la dirección nacional no daban importancia al crecimiento de la formación de Abascal que marcaban todas las encuestas, superior al 20%, que era su objetivo, y ponían el foco en la subida del centroderecha en su conjunto. «Subir tres puntos entra dentro de lo razonable», señalaban.
Los populares aseguran que «en la España de Pedro Sánchez la derecha sube y la izquierda baja y el Partido Popular sigue acumulando victorias electorales sin que el PSOE tenga opción de gobernar en ningún territorio». «El partido del presidente del Gobierno es ahora una formación pequeñita que solo va a las elecciones para ver de cerca cómo quedan Partido Popular y Vox», aseguran fuentes de Génova.
«Gobernaremos como llevamos haciéndolo en los últimos años porque nuestra última mayoría absoluta fue en 2011 y antes de la ruptura del bipartidismo, y nada cambia salvo que el Partido Popular sube y la izquierda baja», aseguran en el PP. «Triplicamos nuestra ventaja respecto al Partido Socialista e incrementamos en tres puntos nuestra ventaja a Vox en este momento del escrutinio, llevándola hasta casi los siete puntos: la victoria es incontestable». Estas fuentes del PP subrayan que «un parlamento autonómico sin extrema izquierda es un parlamento mejor» y desean «mucha suerte», con ironía, «al candidato de Podemos en sus futuras responsabilidades ya fuera de la política».
Las elecciones en Castilla y León cierran un primer ciclo electoral en el que el Partido Popular ha conseguido asestar tres derrotas al PSOE y se sitúa en una posición, junto con Vox, de mayoría del centroderecha. El mejor resultado hasta ahora lo había obtenido en Extremadura, donde María Guardiola consiguió un parlamentario más, 43, y creció en porcentaje de voto hasta el 43,18%, cinco puntos más que en las anteriores elecciones. La candidata del PP le sacó casi 20 puntos de distancia al PSOE, que perdió diez diputados. En Aragón. El PP perdió dos diputados, el PSOE cinco y Vox subió siete.
