Se cumplen 55 años del primer asesinato en Cataluña por el terrorismo independentista
El historiador Gaizka Fernández Soldevilla rescata del olvido la figura del guardia civil andaluz Dionisio Medina

Dionisio Medina, la primera víctima mortal del terrorismo en Cataluña. | Gaizka Soldevila
Este sábado, 7 de marzo, se cumplirán 55 años de la primera víctima mortal en Cataluña a manos de lo que los historiadores consideran «terrorismo moderno» y que la ley 29/2011, de 22 de septiembre, de Reconocimiento y Protección Integral a las Víctimas del Terrorismo, reconoce también así a efectos de poder indemnizar a las víctimas de todos los asesinatos cometidos desde el 1 de enero de 1960. El grupo independentista FAC (Front d’Alliberament de Catalunya) acabó el 7 de marzo de 1971 con la vida del guardia civil Dionisio Medina, un andaluz de 35 años destinado a la región.
El historiador Gaizka Fernández Soldevilla rescata ahora su perfil del olvido para conmemorar el aniversario de su muerte. En un extenso artículo en la revista Andalucía en la Historia, y en conversación con THE OBJECTIVE, hace un recuento de todos los asesinados por distintos grupos terroristas catalanes. Este agente de la Benemérita, además de ser el primer asesinato en Cataluña, también fue el primer andaluz al que un grupo terrorista segó la vida.
Atentados independentistas
En los estertores de la dictadura franquista se multiplicaron los atentados de ETA, algo sobradamente conocido. Pero hubo otros terrorismos, como el catalán, que continuaron su actividad durante la Transición democrática y más allá. «Desde 1971 y hasta 1987, el FAC (Front d’Alliberament de Catalunya), EPOCA (Exèrcit Popular Català), Terra Lliure y ERCA (Exèrcit Roig Català d’Alliberament) cometieron siete asesinatos. El 7 de marzo de 1971, este guardia civil jienense inauguró la lista de víctimas. Su familia quedó desamparada por las instituciones», explica Fernández Soldevilla.
Dionisio Medina murió cuando iba a casa tras terminar su servicio nocturno en la estación ferroviaria de La Sagrera. Al despedirse de su compañero tras una jornada laboral que transcurrió «con normalidad», Medina fue testigo de cómo una persona colocaba un bulto en la ventana de la Agencia de Recaudación de la Diputación Provincial, o bien se dio cuenta de que había algo raro en ella, relata el historiador sobre la base de los sumarios policiales.

Por un motivo u otro, se acercó a la Agencia. La explosión se produjo a las 7.30. «La onda expansiva lanzó a Medina contra la pared de la vivienda situada en la acera de enfrente, a unos 20 metros. Su muerte fue instantánea. El informe forense certifica que el cuerpo quedó totalmente destrozado: tenía amputadas las dos piernas y el antebrazo derecho. «De no ser por su documentación», se constata en las diligencias, «hubiera sido imposible su identificación». La potencia de la bomba equivalía a dos kilogramos de trinitrotolueno (TNT).
A Dionisio Medina le arrebataron la vida con 35 años. Como tantos otros jóvenes de la Andalucía rural que huían del desempleo, ingresó en la Guardia Civil el 7 de marzo de 1967. Fue destinado a Barcelona. En 1971 todavía era un modesto agente de 2ª clase, pero había formado una familia: estaba casado con Amparo, de 26 años, con la que tenía una hija de cuatro, María Dolores.
Las otras víctimas
Además de Medina, engrosan la lista de víctimas mortales de grupos independentistas Diego del Río Martín, policía asesinado en 1975 (atribuido a EPOCA, aunque algunas fuentes lo atribuyen a FRAP o Grapo); José María Bultó Marquès, empresario asesinado en 1977 con una bomba adherida al pecho por EPOCA; Joaquín Viola Sauret, exalcalde de Barcelona, muerto en 1978 también por una bomba de EPOCA; Montserrat Tarragona Corbella, fallecida en el mismo atentado que su marido Joaquín Viola; Emilia Aldomà Sans, pensionista asesinada por una bomba de Terra Lliure en 1987; y Ronald C. Strong, suboficial del ejército de Estados Unidos, asesinado por una granada de ERCA en 1987.
En el caso de Medina, que este sábado se cumplen 55 años, el historiador que ha narrado su caso es muy escéptico sobre el hecho de que «en Cataluña nadie quiera recordarlo». Su investigación también abunda en el papel del FAC como «uno de los representantes a nivel local de la tercera oleada internacional de terrorismo, un fenómeno que impactó en el mundo occidental, tanto en democracias (Reino Unido, Italia, la República Federal Alemana, etc.) como en dictaduras (por ejemplo, la franquista)». Los perpetradores se adscribían a la extrema izquierda, al nacionalismo radical o a la ultraderecha.
