Un alto mando del Ejército español: «El poder blando no construye la paz por sí solo»
El director del Ceseden critica también el «poder duro» de Trump: «La coerción sin legitimidad genera resistencia»

El Jemad, Teodoro López Calderón (i) y el director del Ceseden, Miguel Ballenilla (d) junto al director de la RAE, Santiago Muñoz (c). | RRSS RAE
La presentación del libro Geopolítica del español este miércoles en la sede de la Real Academia Española (RAE) llevó a varios altos mandos de las Fuerzas Armadas a destacar el «poder blando» del castellano en las relaciones internacionales, frente al «poder duro» del inglés personificado en Estados Unidos con su última intervención militar en Irán de la mano de Israel. «En un mundo que vuelve a hablar el lenguaje de la fuerza, defender el poder blando no es ingenuidad, es inteligencia estratégica», resaltó el teniente general Miguel Ballenilla, director del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (Ceseden), tras el pulso entre Donald Trump y Pedro Sánchez, aunque luego hizo una afirmación que sonó a advertencia al presidente del Gobierno: «El poder blando no construye la paz por sí solo».
El citado libro es fruto de la colaboración entre la RAE y el Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), el principal think tank del Ministerio de Defensa y dependiente del Ceseden. La obra cuenta con un prólogo del rey Felipe VI y ha sido coordinada por el académico Juan Luis Cebrián, exdirector de El País y expresidente del Grupo Prisa, y ahora colaborador de THE OBJECTIVE.
El acto en la sede de la RAE contó con tres intervenciones de altos mandos castrenses junto a la catedrática de IA y académica Asunción Gómez-Pérez y el escritor nicaragüense y premio Cervantes Sergio Ramírez. El primero en tomar la palabra fue el jefe del Estado Mayor de la Defensa (Jemad), el almirante Teodoro López Calderón, que subrayó que «no hay duda de que la cultura y la lengua tienen una dimensión geopolítica».
«El concepto de poder blando alude a la capacidad de un país para influir en otros actores internacionales a través de la atracción, la cultura y los valores, en contraposición al uso de la coerción, la fuerza o lo que se denomina poder duro. El idioma desempeña un papel central en ese llamado poder blando», hizo hincapié tras recordar que el castellano lo hablan más de 600 millones de personas en el mundo y que está presente en más de una veintena de países.
Por su parte, el director del IEEE, el general Víctor Bados, recordó que a lo largo de la historia de España, «las Armas y las Letras no han sido realidades enfrentadas, sino complementarias». «Desde Garcilaso de la Vega hasta Cervantes, la espada y la pluma han convivido en una misma biografía nacional, necesitándose recíprocamente, porque sin Derecho no hay sociedad, pero sin Defensa, tampoco».
El propio Bados reconoció que este libro iba «más allá de la dimensión histórica o sociolingüística», ya que el español se sitúa como «un activo geopolítico de primer orden» en la actualidad. «En un mundo convulso, marcado por la reconfiguración del orden internacional», en referencia a la situación bélica en Irán, «el idioma es poder blando, es influencia cultural, es proyección estratégica y es capacidad de atracción y articulación global».
El más vehemente, sin embargo, fue Ballenilla. «No son tiempos aparentemente propicios para escribir sobre el poder blando. Vivimos en una etapa en la que el poder duro, militar, tecnológico, financiero, ocupa de nuevo el centro del escenario», dijo en una clara alusión a la campaña de Estados Unidos en Irán.
En opinión del director del Ceseden, la erosión del «atractivo internacional de Estados Unidos», junto a las dificultades de Europa para «estabilizar su vecindad estratégica» o la proliferación de conflictos abiertos, «podrían inducirnos a pensar que la capacidad de atracción cultural es secundaria frente a la coerción o la disuasión, pero esa conclusión sería un error». Tras ello, el teniente general hizo hincapié en que el poder duro que encarna la primera potencia mundial —aunque no la citó en ningún momento— «carece de legitimidad en sus fines si no es capaz de generar adhesión».
«Del mismo modo, el poder blando por sí solo no construye estabilidad ni garantiza esa paz kantiana que sigue siendo horizonte normativo de la comunidad internacional. La clave no está en elegir entre uno y otro, sino en comprender su complementariedad», advirtió Ballenilla a renglón seguido. «Despreciar el poder blando sería desalojar el humanismo de la geopolítica. La estabilidad duradera no se impone únicamente por la fuerza, sino que se construye sobre la legitimidad», señaló el alto mando en un cierto paralelismo a lo que pregonó el presidente del Gobierno desde el Palacio de la Moncloa este miércoles tras las palabras de Donald Trump en las que dijo que España era un «aliado terrible».
El ejemplo de los militares españoles
Ballenilla recordó que más de 200.000 militares han servido en 70 misiones en cinco continentes desde el primer despliegue de cascos azules españoles a finales de los ochenta. «Lo han hecho con profesionalidad, disciplina y una sensibilidad cultural que ha preservado intacta la reputación de España como actor fiable y respetuoso. He tenido el honor con mis legionarios de desplegar en Bosnia, Irak, Líbano y Afganistán, donde la distancia cultural era abismal. En todos estos sitios, no percibimos nunca un rechazo estructural hacia nuestra presencia, sino una actitud de prudente apertura», recordó.
En su opinión, hay varios hechos que explican que los soldados españoles sean bien vistos en estos países musulmanes o en otros escenarios donde hay que imponer la paz tras una guerra. «Lo atribuyo a varios factores: a nuestra forma empática de aproximarnos a la población local, al legado histórico de mestizaje cultural que forma parte de nuestra identidad y también al atractivo que proyecta el mundo hispano en su conjunto», señaló al respecto.
El director del Ceseden hizo hincapié en que el español es «un gigante silencioso del poder blando global» frente al inglés, que domina el otro poder duro. «No es un instrumento de imposición», subrayó sobre el castellano, aunque también es extrapolable a la posición de España en el concierto internacional, sino un «espacio de encuentro». En este sentido, pidió que no se vea la expansión del español con «nostalgia imperial» o con «romanticismo lingüístico», sino como una forma de «atraer, conectar y generar afinidad cultural» en un mundo «fragmentado» donde la competencia estratégica «se está intensificando».
Tras ello, el teniente general pareció dirigirse a Trump con la siguiente admonición: «Con el poder duro se disuade. Con el poder blando se persuade. Y solo la combinación inteligente de ambos produce la estabilidad legítima que todos buscamos. Nuestro idioma no es solamente patrimonio cultural, es infraestructura estratégica que multiplica nuestra capacidad de interlocución global».
Por si no quedó claro, Ballenilla insistió en que las naciones que «olvidan la dimensión cultural de su poder, terminan dependiendo exclusivamente de la coerción», en una clara alusión a Estados Unidos. «Y la coerción, sin legitimidad, genera resistencia. En un mundo que vuelve a hablar el lenguaje de la fuerza, defender el poder blando no es ingenuidad. Es inteligencia estratégica. Porque al final, lo que decide la influencia duradera de una cultura, de unos valores, no es solo su capacidad de imponerse, sino su capacidad de ser elegida por otros».
