Los partidos de Sumar reabren la reflexión sobre su salida del Gobierno tras el batacazo
En IU, Más Madrid, Comunes y Compromís crecen las voces que piden un giro ante el descalabro electoral

Antonio Maíllo con Mónica García en el acto de 'Un paso al frente'. | EP
El descalabro electoral empieza a preocupar seriamente a los socios de Gobierno de Pedro Sánchez. En el archipiélago de siglas que conforman Sumar, como Izquierda Unida, Más Madrid, Comunes catalanes y los valencianistas de Compromís, se escucha cada vez con más fuerza la tesis que apunta a la necesidad de buscar un revulsivo para recuperar fuelle electoral, y que ese golpe de efecto hay que encontrarlo en la salida del Consejo de Ministros. Varios sectores de los partidos mencionados creen que hace falta abordar un planteamiento «rupturista», que pasaría por salir del Ejecutivo y alejarse del PSOE a nivel parlamentario, pero sin exigir una convocatoria adelantada de las elecciones. «Esa seguiría siendo una responsabilidad de Sánchez», explican fuentes consultadas en el espacio de Sumar.
El malestar interno viene de lejos. Este diario ya publicó en enero que se empezaba a reflexionar dentro de las organizaciones políticas de Sumar que había que alejarse de los socialistas. El malestar es más fuerte en ámbitos locales, pero las fuentes consultadas sostienen que esa ola de enfado ha llegado a las mesas de los dirigentes principales de todos esos partidos. «Esto ya está sobre la mesa», aseguran.
Uno de los principales focos de preocupación se encuentra en Andalucía, y más concretamente en Izquierda Unida. La formación que lidera Antonio Maíllo afrontará antes del verano unas elecciones autonómicas que se consideran de máxima importancia. IU quiere evitar que se repitan escenarios parecidos al de Aragón, y menos aún al de Castilla y León, con la desaparición parlamentaria de todas las propuestas de la izquierda alternativa al PSOE.
Temor en Andalucía
El razonamiento que esgrimen en IU es que el candidato socialista de Castilla y León era una buena opción para que el PSOE quitara votos a las demás opciones. El candidato de IU en Castilla y León habló del «voto útil» que el PSOE supo recoger en las elecciones autonómicas del pasado domingo. A nadie se le escapa que la estrategia de la Moncloa de centrar parte de los focos en la cuestión del ‘no a la guerra’ ha quitado a los demás actores de la izquierda parte de sus históricas reivindicaciones. Sin diputados en el parlamento autonómico de Castilla y León, el reloj político de IU ha vuelto al año 2007, cuando José Luis Rodríguez Zapatero dejó sin escaños al partido que entonces lideraba Gaspar Llamazares.
Pero si en Castilla y León el PSOE pudo fagocitar los votos de la izquierda alternativa (entre IU y Podemos perdieron 30.000 votos, es decir, la mitad de lo que alcanzaron en 2022), en Andalucía la debilidad que se achaca a María Jesús Montero -la candidata socialista a la Junta- podría no traducirse en una transferencia de votos a IU. Eso es lo que las fuentes consultadas califican de «efecto arrastre», con una desmovilización electoral que se extienda a todos los sectores de la izquierda.
En IU sostienen que el entorno de Maíllo estaría barajando todas las opciones, incluso una ruptura con Sánchez, que, según afirman, está siendo analizada y barajada por varios sectores del partido. Es más: también en Compromís y Más Madrid existe malestar y la sensación de que lo mejor es desprenderse de «abrazar a un muerto», en referencia a Pedro Sánchez, que sigue sobreviviendo gracias a la transferencia electoral desde la izquierda radical.
Preocupación en muchos territorios
El problema, admiten las fuentes consultadas, es que el electorado ya no distingue entre Sánchez y los demás socios: «Para qué votar a la copia si puedes votar al original». La radicalización del PSOE, como publicó este diario, se ha convertido en un problema para sus socios. Por un lado, porque Sánchez ha ocupado el espacio del antiamericanismo, de la crítica a Israel y del ‘no a la guerra’. Y por el otro, porque los socios de Gobierno se sienten impotentes en otros ámbitos de gestión del poder, como los acuerdos presupuestarios, que están congelados. La fragmentación electoral impide a los socios de Sánchez imponer algunas de sus políticas, como actuar con contundencia en el mercado de la vivienda.
Más allá de un debate sobre la permanencia o no en el Gobierno, quedan varias fórmulas posibles para romper con Sánchez. Por un lado, la ruptura violenta, con un debate anexo al adelanto electoral. Y por el otro, una salida a «la portuguesa», es decir, dejar los sillones ministeriales para recuperar autonomía en el Congreso, y desde allí negociar con Sánchez medida a medida, pero dejando al socialista la responsabilidad de convocar un adelanto electoral. Esta segunda opción es la que en este momento se está moviendo con más contundencia entre las formaciones de Sumar.
El debate sobre la permanencia en el Gobierno afecta prácticamente a todos los territorios, sostienen las fuentes consultadas de los partidos de Sumar. En Más Madrid existen sectores que apuestan por una salida. Los Comunes catalanes sufren el ninguneo del president Salvador Illa, así que también en ese sector se habla de mantener una posición más firme con los socialistas. Y Compromís lleva tiempo alejándose del PSOE: un sector está convencido de que esta es la vía para reforzarse en su región.
El problema atañe también al papel de los ministros. Yolanda Díaz, que va de facto por libre, es la dirigente que más quiere mantenerse instalada en el Consejo de Ministros. Pero otros ministros deben mostrar más sensibilidad hacia las instancias de sus organizaciones. Mónica García y Pablo Bustinduy son partidarios de endurecer el discurso con Sánchez, pero sin romper el Gobierno. Ernest Urtasun se alinea con la vicepresidenta segunda, y Sira Rego, de IU, sabe que depende de lo que decidan los líderes nacionales.
Pero las fuentes consultadas sostienen que, en cuanto uno de ellos decida, aunque sea motu proprio, romper con Sánchez, se abrirá inevitablemente un debate que arrastraría a todos los demás. Desde las pasadas elecciones europeas, cuando Sumar logró un 4,5% de votos, se ha activado una alarma interna que ha ido a más en todas las demás elecciones autonómicas. En el País Vasco, Sumar logró un 3% de votos; en Galicia no llegó al 2% y en Cataluña bajó al 5,8%. En Extremadura, Sumar se presentó en coalición con Podemos y obtuvo un 10% de papeletas, pero el entusiasmo se hundió en Aragón, con un 2,9% de votos, y el domingo en Castilla y León, con otro 2,2% de apoyos.
Las encuestas vaticinan en Andalucía un resultado para la lista de Maíllo de entre un 7-8% de votos, pero el temor a otra derrota preocupa hasta niveles desconocidos hasta ahora. Y cada vez son más las voces, orgánicas y no orgánicas, que apuntan a la necesidad de un alejamiento o ruptura del PSOE de Sánchez, incluyendo una salida abrupta del Ejecutivo para frenar la sangría.
