The Objective
Daños colaterales

Agente 111.487: el 'fiel escudero' de Ábalos y Koldo que se escapa del banquillo

Al inspector Rubén Eladio no le quedó más remedio que regresar a su cuerpo policial en septiembre de 2025

Agente 111.487: el ‘fiel escudero’ de Ábalos y Koldo que se escapa del banquillo

Rubén Eladio y José Luis Ábalos. | Ministerio de Transportes.

El exministro de Transportes y exsecretario de Organización del PSOE José Luis Ábalos y su asesor, Koldo García, convirtieron en su «fiel escudero» al inspector Rubén Eladio López Martínez, mientras se enfrentaban a casos tan mediáticos y escandalosos como el Delcygate y Mascarillas. El agente 111.487 había abandonado el Cuerpo Nacional de Policía para convertirse en asalariado del ministerio. Sus relaciones personales con Ábalos lo convertían en un escolta especial, que cubría las espaldas a su señor. El inspector atesoró muchas de las confidencias, como se refleja en las investigaciones de la UCO de la Guardia Civil, pero nunca fue llamado a declarar durante la instrucción de la causa ni se sentará en el banquillo del Tribunal Supremo junto a sus jefes en el juicio del próximo mes de abril. 

Su activismo a favor de los socialistas y de Podemos mientras dirigía un grupo en la Unidad de Asuntos Internos de la Policía, presentándose como el azote de las cloacas del Estado y del Ministerio del Interior del Partido Popular le sirvió para alcanzar sus ambiciones profesionales. Tan estrecha era su relación con el titular de la cartera de Transportes que apareció junto a él en la noche electoral de julio de 2023. El PSOE celebraba su victoria en la sede de Ferraz de unas elecciones que había perdido. Solo con la suma de los votos de sus socios Pedro Sánchez podía seguir otros cuatro años en la Moncloa.

Nada más llegar a la sede del departamento en Nuevos Ministerios, en el paseo de la Castellana de Madrid, sus antiguos compañeros le dieron el sobrenombre de «fiel escudero». Era de dominio público que el inspector se convertía en el leal asistente de Ábalos y Koldo, que sí se sentarán en el banquillo del palacio de las Salesas por el caso mascarillas.

Los correos cruzados con Koldo

En las investigaciones de la UCO figuran correos cruzados entre Koldo y Rubén Eladio López, según desveló THE OBJECTIVE. En uno de ellos, el agente 111.487 proponía el fichaje de uno de sus amigos en la Policía para un puesto clave en AENA. En un correo fechado en junio de 2020, destacaba que, de esa manera, ellos controlarían la información de todo lo que sucediera en el aeropuerto de Madrid. Con el antecedente del incidente de la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez y en plena crisis de la pandemia, la sugerencia del asistente de Ábalos era tentadora.

En otro correo a Koldo, el agente López demostraba que su ambición no tenía límites. Le decía al aizcolari: «Koldo, te remito el CV del inspector para que vaya de enlace de policía a AENA… Te comentaré el redefinir nuestras competencias. Sería que yo tuviera como competencia el coordinar y supervisar a los directores de seguridad y a los oficiales de enlace de Policía y Guardia Civil de las empresas adscritas al Ministerio».

Estaba claro que el fin último del equipo de Ábalos era instaurar un control férreo para impedir que se produjeran casos como el Delcygate o acumular información confidencial que perjudicara a los contrincantes políticos del Gobierno de Sánchez. Además, los correos que figuran en el sumario del caso Koldo desvelan otras tareas ajenas a su cargo, como la de coordinar con abogados para interponer querellas contra aquellos periodistas que se atrevieran a revelar datos sobre el encuentro con Ábalos de Delcy Rodríguez, entonces la número dos del expresidente Nicolás Maduro.

Entre abril y junio de 2021 remitió a sus jefes Koldo García y Ábalos una serie de correos sobre acciones legales a emprender contra el especialista en marketing, Roberto Carbajal; contra Federico Jiménez Losantos y contra Cristina Seguí. Sobre el director de La Mañana de Federico de es.Radio recomendaba: «Adjunto remito los comentarios de las grabaciones… Yo soy partidario de la acción penal pues la afirmación que realiza en la segunda grabación de que introdujo cocaína es muy grave y se podría aprovechar en la querella cautelares para que deje de citar en relación con el Delcygate».

¿Acaso el agente 111.487 también actuaba como comisario político para abrir checas contra periodistas independientes? ¿Qué pintaba un asesor de seguridad recomendando al ministro acciones contra profesionales de la información? Aquello desprendía un tufo similar al de los kompromat de la extinta KGB.

Un disfraz desmontado por un comandante 

La libertad de acción y el desparpajo con el que el agente López se dirigía a sus jefes denotaban una acumulación de poder más allá de sus competencias del cargo para el que había sido contratado. El policía se había incorporado al Ministerio de Transportes en medio de la polvareda levantada por la visita de Delcy Rodríguez a Madrid, un viaje que provocó una crisis política e institucional. El avión tomó tierra en Barajas en la madrugada del 19 al 20 de enero de 2020 y la contratación del agente 111.487 se consumó un par de semanas después. Si uno tiene en cuenta que ese tipo de contratos no se resuelve en unos pocos días por los entramados burocráticos, habría que convenir que López Martínez ya podría asesorar al ministro cuando se produjo el incidente del aeropuerto.

Lo más flagrante era que Rubén Eladio pasaba a formar parte del staff del ministerio como responsable de la Unidad de Emergencias y Coordinación y Gestión de Crisis del departamento, en sustitución del coronel de la Guardia Civil, Ignacio Alcázar. Pero, desde el primer momento, todo indicaba que aquel nombramiento era todo un disfraz. El inspector carecía de las más mínimas exigencias y experiencia para coordinar las emergencias y mucho menos las crisis. Sus excompañeros del Cuerpo Nacional de Policía señalan que, tras sus fracasos en otros destinos y operaciones policiales, Rubén Eladio accedía a su nuevo puesto para convertirse en los ojos y oídos de Ábalos y dedicarse a la máquina del fango. Sus dos grandes valedoras eran las supuestas periodistas Leire Díez, conocida como la fontanera del PSOE —«Ni fontanera ni cobarde»— y Patricia López, fallecida recientemente.

En el sumario figuran también las notas sobre una de las reuniones que mantuvo el comandante Villalba con Leire Díez, el 10 de marzo de 2025 en Leganés, que después entregó al Servicio de Información de la Guardia Civil. El contenido del punto cuatro no deja dudas sobre el papel preeminente del agente 111.487 en la trama: «Hasta ahora, quien ha marcado la estrategia a seguir del ministro Ábalos, así como su asesoramiento, ha sido el inspector Rubén Eladio. El ministro lo cree a puntillas. También se la ha marcado hasta que cambió de abogado a Koldo. Rubén Eladio quiere quedar con Leire porque dice que él puede dirigir la operación de inteligencia que está llevando a cabo Leire», aseguraba Villalba.

 El guardia civil mantenía que Leire Díez no quería saber nada del policía porque no se fiaba de él: «De hecho, Rubén Eladio está buscando que le paguen por el asesoramiento que está haciendo, según él, en pro de esta gente y liderar la operación de inteligencia junto a Leire. El ministro está abducido por ELADIO [sic]. Leire, ha conseguido que Koldo se aleje de Eladio y pase de él porque les interesa al PSOE, al resto de los mencionados les da un poco igual lo que hagan, ya que los dan por amortizados».

Según Villalba, la fontanera del PSOE siempre se mostraba reticente sobre el inspector: «La única preocupación de ELADIO [sic] debería ser el dar las gracias. Su único interés debería ser pelear para conservar su puesto de trabajo en el ministerio y que deje de tocar las pelotas con sus operaciones de inteligencia que no llegan a ninguna parte». 

Una pieza del engranaje de la venta a Canarias

En el sumario del caso mascarillas (causa 155/2025), Rubén Eladio también aparece mencionado en una docena de veces en un informe de la UCO, entregado al magistrado del Supremo el 30 de octubre de 2025, sobre «las contrataciones formalizadas por parte de la Comunidad Autónoma de Canarias». Los agentes de la Guardia Civil lo sitúan en el centro de la operación de la venta de mascarillas al Gobierno de Canarias. Como director de Emergencias de Fomento, como encabeza su WhatsApp, el hombre de confianza Ábalos cruzó mensajes con Koldo en medio de las gestiones. Hablan sobre la certificación de las mascarillas: «Ni Sevilla ni Alicante certifican conforme a la normativa que la empresa quiere», le decía Rubén Eladio a su jefe Koldo García.

En otros mensajes se constata que Koldo, mientras estaba en contacto con el policía, hablaba con el entonces presidente de Canarias, Víctor Torres, en la actualidad ministro de Política Territorial y Memoria Democrática de Pedro Sánchez. En ese cruce de mensajes, el inspector informaba a Koldo de que las mascarillas no habían pasado «ni siquiera la primera prueba», por lo que no serían válidas, según los agentes de la UCO. 

Su contratación por parte de Ábalos, a quien el policía siempre se refirió como un amigo, causó sorpresa y estupor en su entorno profesional por los antecedentes turbios que arrastraba en los cargos que había ocupado. También por la huella imborrable que dejó marcada en el lodazal en casos como Pequeño Nicolás, Villarejo, Operación Cataluña… Muchos de esos asuntos quedaron contaminados cuando llegaron a la fase final judicial.

Tras su fracaso en el primer destino profesional en la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal, de la que fue despedido, y una corta estancia en la Udyco, Rubén Eladio recaló en la Unidad de Asuntos Internos (UAI), dirigida por el controvertido comisario Marcelino Martín Blas. Allí participó en la conocida como Operación Cataluña y en el caso Pequeño Nicolás. De esta última investigación, conocida como el caso Nicolay, fue expulsado por la juez instructora y, más tarde, imputado por un delito de retardo en la administración de justicia y por hacer caso omiso a sus órdenes de cierre de la investigación. Rubén Eladio, tras la separación de su jefe de la UAI, era el responsable de la comisión judicial constituida para dirigir las pesquisas contra Francisco Nicolás Gómez Iglesias, conocido como el Pequeño Nicolás.

Rubén Eladio, según la juez, había retrasado la entrega del último informe policial contraviniendo sus órdenes para que la instrucción sumarial siguiera abierta y así perjudicar a algunos de los encausados. La magistrada le había solicitado un informe sobre la relación de documentos policiales del sumario para darlo por concluido, pero Rubén López dilató de manera voluntaria, obsesionado con la inculpación del comisario Villarejo y los periodistas que habían investigado el caso (INTERVIÚ, El Confidencial y El Mundo). Pretendía pinchar teléfonos a los periodistas y requisar documentos en sus despachos profesionales.

La magistrada calificaba sus investigaciones de «netamente prospectivas» y «carentes de base objetiva suficiente». La Fiscalía, asimismo, lo acusaba de «falta de imparcialidad». Más tarde, la sentencia de la Sección Séptima de la Audiencia Provincial de Madrid confirmó los métodos espurios del policía: absolvía a José Villarejo de los delitos de descubrimiento y revelación de secretos. 

El escrito de la Fiscalía.

Un policía con vocación tardía

Pero en un Cuerpo tan jerárquico como es la Policía, lo que más les rechinaba era el ascenso del inspector al máximo escalafón profesional de la Administración: el agente 111.487, que ocupaba la categoría más baja de la escala ejecutiva de la Policía con un nivel 24 y un salario medio de entre 30 y 35.000 euros netos, era premiado por Ábalos con un nivel 30, que le aseguraba unos emolumentos netos anuales de unos 45 o 50.000 euros. Para ello, Rubén Eladio tuvo que darse de baja de la Policía al ser un destino incompatible. Pasó a otra administración del Estado, pero siguió manteniendo en suspenso temporal su condición de inspector. No se trataba de un destino en Servicios Especiales, sino el cese en el Cuerpo. Perdía la antigüedad, pero no le importaba porque su protector Ábalos lo mantendría siempre cerca de él con plena generosidad. 

El agente 111.487 hasta su incorporación en Transporte, solo lució la placa del Cuerpo una docena de años. Por tanto, se podría afirmar que aprovechó sabiamente sus oportunidades, logrando un ascenso profesional meteórico.  La vocación de policía le llegó tarde a Rubén Eladio y eso que su padre y uno de sus hermanos eran miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado. El agente López, nacido en Gijón en 1975, juró su cargo como funcionario del Cuerpo Nacional de Policía en marzo de 2009 cuando había cumplido 34 años, una edad inusual para un aspirante a policía. Antes había aprobado las oposiciones, con el límite de la edad, y había pasado por la Academia de Ávila formando parte de la 20.ª promoción en el furgón de cola de los aspirantes, como recuerdan sus compañeros.

Además, Rubén Eladio, antes de ser adoptado por Ábalos, ya había sido contratado, tras la llegada de Sánchez a la Moncloa, como jefe de seguridad del Ministerio de Trabajo. De allí también salió por la puerta de atrás. ¿El motivo? Enfrentarse a unos guardias civiles. Él afirma que solo mantuvo un incidente con un agente, que no cumplió sus órdenes de seguridad, pero la verdad es que no duró mucho tiempo en Trabajo como en otros destinos anteriores.

Durante un tiempo, Rubén Eladio López Martínez también apostó por la vía sindicalista, consiguiendo un puesto de «sindicalista liberado» dentro del sindicato CEP ayudado por uno de los profesores de la Academia de Ávila. No duró mucho tiempo porque, según confesó a sus allegados, aquello le quedaba pequeño. Aunque la realidad fue otra y muy distinta: quiso hacerse con el control con métodos subrepticios y se enfrentó a otra facción del sindicato.

El agente López reunía la virtud de «saber venderse» por cada lugar por el que pasaba. Para ello contaba con la ayuda propagandística del diario Público y otros medios de comunicación. Sus periodistas daban pábulo y publicidad a la mayoría de sus actuaciones. La cabecera del magnate trotskista Jaume Roures logró endiosarlo como un héroe que combatía las cloacas del poder, sobre todo, del Partido Popular.  El máximo responsable de la Policía, el exDAO Eugenio Pino, lo desenmascaró públicamente en un escrito que presentó en un juzgado.

El ocaso de un protegido del PSOE y Podemos

Con ese apoyo mediático y con el soporte del PSOE y Podemos inició una cacería desde su destino como jefe de Grupo en la Unidad de Asuntos Internos contra periodistas, superiores jerárquicos de la Policía y contra personal del Ministerio del Interior de la última legislatura de Rajoy. El agente López era definido por sus compañeros como «un tipo correoso, vengativo y aficionado a enfrentarse a los periodistas», como reflejan los correos del sumario del caso Koldo. Para ello, dispuso de medios, asociaciones y abogados para presentar demandas y querellas contra profesionales que habían informado de sus actuaciones, que nunca prosperaron en los tribunales. También era aficionado a redactar largas cartas de rectificación sin fundamento.

La caída de Ábalos y Koldo también provocó la defenestración del agente policial. El nuevo ministro Óscar Puente pasó de él. Conocía sus antecedentes y lo incluyó en el mismo paquete de corrupción de sus dos compañeros de partido. Antes, el ex secretario de Organización se esforzó y prometió a la esposa de Rubén Eladio que su marido seguiría en el ministerio con la misma categoría, algo que no sucedió, aunque el policía niega esos encuentros.

A Rubén Eladio no le quedó más remedio que regresar a su cuerpo policial, en septiembre de 2025, después de una experiencia en el ministerio de cinco años. Todo se retrasó tras sufrir un aparatoso accidente practicando surf que le provocó graves heridas y lo mantuvo fuera de circulación durante meses. A comienzo de 2026 se incorporó a su nuevo destino para percibir su antiguo salario, aunque él mantiene que su toma de posesión en la Jefatura Superior de Policía fue en agosto de 2025. 

Ya de vuelta en el Cuerpo, se presentó a las oposiciones para obtener la categoría de inspector jefe, pero no aprobó. Ya había tenido el accidente y se presentó al concurso cojeando. Cuando un funcionario policial presenta una lesión grave, generalmente, le conceden un puesto adaptado, pero ese no fue el caso de López. El agente ocupa un destino en la comisaría madrileña de Vallecas, pero él nunca ha aclarado cuáles son sus competencias.

El agente 111.487, después de colocarse en la cresta de la ola como cuando practicaba surf, regresaba a su antigua casa, donde había sido expulsado de su primer destino en la UDEF por el comisario jefe José Luis Olivera. Su historial en la Policía no le auguraba un futuro complaciente como sus años en la UAI y como «fiel escudero» de Ábalos y Koldo. Se convertía en un personaje tóxico para el PSOE, Grande-Marlaska y Pedro Sánchez, que se olvidaban de él. Su valedor desde la cárcel de Soto del Real poco podía hacer.

AVISO RECTIFICATORIO

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