Periodismo

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Ladran, luego citamos

Ladran, luego citamos

El pasado domingo me encontré con unas declaraciones de Pablo Casado, creo que en el fragor de una suerte de mitin, en las que en un momento dado soltó algo parecido a: «y entonces me acuerdo del ingenioso hidalgo cuando dijo aquello: ladran, luego cabalgamos». Cualquiera que haya escarbado mínimamente fuera del imaginario popular sabe que esa frase no aparece en ninguna de las dos partes del Quijote. Más difícil es saber de dónde sale, aunque la creencia general es que aparece por primera vez en unos versos de Goethe. Mi tesis es que probablemente se tratase de algún refrán que es de todos y no es de nadie, de esos que los bardos de uno y otro lado recogen en sus distintas composiciones por simple sabiduría folclórica. Tanto da.

El otro naufragio

El otro naufragio

La mejor crónica política que se ha escrito sobre el Procés es la de Lola García. Pero El naufragio –un libro de periodismo puro, de muchos hechos y poquísima opinión, a punto de publicarse por fin en catalán– explica pormenorizadamente una parte de lo ocurrido.

El error Sánchez

El error Sánchez

No parece un hombre de palabra. De hecho, desde el primer momento nadie creyó que hubiera escrito el libro que firma. La duda era si lo había leído. Tampoco parece tener una idea clara de España.

El feminismo del luto

El feminismo del luto

Creo que era en el mismo diario El País donde leí hace años una declaraciones de Pedro Almodóvar sobre los curas del Conferencia Episcopal y su predilección por el negro. El cineasta venía a decir que era el color de los que no amaban la vida ni sus alegrías. Las palabras de Almodóvar tenían mucho sentido, ya que él ha sido quien hizo de los colores vivos y chillones una huella indistinguible de su cine. De un cine libre y posfranquista.

La defensa de lo obvio

La defensa de lo obvio

En La deriva reaccionaria de la izquierda (Página Indómita, 2018) Félix Ovejero desgrana con tino la irracionalidad que se ha apoderado de buena parte de la izquierda, que ha dejado de lado –para que lo recoja la derecha- un bien demasiado valioso: la sensatez.

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