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Hugo Dixon: “Con el Brexit pasamos de ser un importante poder europeo a ser un eunuco político”

Hugo Dixon es un hombre inteligente, rápido, impaciente. Tiene un alto concepto de sí mismo. Desde el punto de vista intelectual, la oposición al Brexit le parece, con razón, de una evidencia banal: tanto es así, que su esfuerzo pedagógico (fórmula y eslogan) suena condescendiente, casi desganado. En el terreno de la acción política, sin embargo, desde un punto de vista práctico, la batalla contra el Brexit le ilumina los ojos, le activa la imaginación, lo teacuwensiona. Es un combate a la altura de su ambición. Es quizá el combate de su vida y desde hace unas pocas semanas cree que puede ganarlo.

Hugo Dixon: “Con el Brexit pasamos de ser un importante poder europeo a ser un eunuco político”

Hugo Dixon es un hombre inteligente, rápido, impaciente. Tiene un alto concepto de sí mismo. Desde el punto de vista intelectual, la oposición al Brexit le parece, con razón, de una evidencia banal: tanto es así, que su esfuerzo pedagógico (fórmula y eslogan) suena condescendiente, casi desganado. En el terreno de la acción política, sin embargo, desde un punto de vista práctico, la batalla contra el Brexit le ilumina los ojos, le activa la imaginación, lo tensiona. Es un combate a la altura de su ambición. Es quizá el combate de su vida y desde hace unas pocas semanas cree que puede ganarlo.

Dixon estudió en Eton y se graduó en PPE (Filosofía, Ciencias Políticas y Económicas) en Balliol College, Oxford. Trabajó en The Economist y fue lead writer del Financial Times (FT), donde llegó a dirigir la Lex Column. En 1999 fundó Breakingviews; diez años después, vendió la compañía a Thomson Reuters. Es uno de los fundadores de People’s Vote, la plataforma que agrupa a las distintas organizaciones que promueven un nuevo referéndum. Tiene 54 años y suficiente dinero para vivir sin lujos. O, mejor dicho, con el gran lujo de dedicarse a lo que de verdad le importa.

¿Quién es usted? ¿Cómo pasa del Lex Column al lex populi, del periodismo económico al activismo político? ¿Por idealismo? ¿Por pragmatismo?

Durante mis más de 20 años de carrera en el periodismo, he librado batallas continuamente; mi trabajo ha sido siempre un periodismo de campaña, activista. En el FT, como director de Lex Column, en Breakingviews he defendido los intereses de accionistas e inversores y he luchado siempre para que consiguieran un trato justo.

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Hugo Dixon. | Foto: Angeles Rodenas | The Objective

En lo que respecta al Brexit, supongo que siempre he sido proeuropeo, pero sin pensarlo demasiado: di por hecho que el Reino Unido siempre formaría parte de la Unión Europea (UE). Cuando los partidarios del Brexit empezaron a proclamar que el Reino Unido podía mantenerse en el mercado único sin formar parte del proceso político, me rebelé: era evidente que no podríamos participar en el mercado único sin convertirnos en un rule taker, es decir, sin tener que acatar las normas de la UE.

En las últimas semanas, People’s Vote ha dejado de ser una organización relativamente marginal con un objetivo absolutamente improbable. El apoyo creciente de medios influyentes, como el FT y The Economist, y de algunos políticos relevantes laboristas y conservadores le ha dado impulso al movimiento.

En 2013 escribí un libro, publicado en 2014: The IN/OUT Question: why Britain should stay in the EU and fight to make it better. Fue el primer libro que abordó el debate del Brexit, antes de que este estuviese en la agenda política.

Después de las elecciones de 2015, que ganó Cameron tras prometer que convocaría un referéndum, lancé InFacts, una web para defender la permanencia del Reino Unido en la UE. Nos dedicamos a desmentir sistemáticamente las innumerables mentiras de los partidarios del Brexit. Me indignó la mendacidad de su campaña: falsedades, imprecisiones, ambigüedades. ¡Había tantas! Aplastabas una mentira y surgía otra. Nuestro objetivo era hacer una defensa del Remain basada en los hechos y en los datos. Basada en la verdad. Era solo periodismo, pero periodismo de campaña, activista: la objetividad puesta al servicio de un combate político.

Después de la derrota en el referéndum del 23 de junio de 2016, había poca esperanza entre los partidarios del Remain. Fuimos una de las pocas organizaciones que no abandonaron la lucha. Y a principios de 2018 la gente empezó a creer en la posibilidad de un nuevo referéndum. Así que nos unimos a la organización que había dirigido la extinta campaña del Remain, Open Britain. Juntamos los equipos y sumamos otras organizaciones, como European Movement. Entre todos, lanzamos People’s Vote en abril.

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Hugo Dixon (derecha) y Joaquín Güell (izquierda). | Foto: Angeles Rodenas | The Objective

¿Quién financia su movimiento?

People’s Vote es una organización paraguas con múltiples asociaciones por debajo; cada una está financiada individualmente y de forma distinta.

¿Han convencido al mundo empresarial de que les financie? ¿Les apoya al menos una parte del establishment?

No. Es complicado para las empresas apoyarnos, especialmente para las compañías cotizadas: necesitan la aprobación expresa de sus accionistas.

¿De cuántos fondos disponen?

¿El conjunto de las organizaciones?

Al ex periodista financiero le cuesta concretar.

Sí, la totalidad del movimiento.

Hemos conseguido miles de pequeñas aportaciones gracias al medio millón de participantes registrados en nuestra base de datos. El mayor contribuyente individual es Julian Dunkerton, fundador de Superdry, que ha donado un millón de libras. En la web de InFacts publicamos el nombre de aquellos que han aportado más de 500 libras. En muchos casos, personas reconocidas en el ámbito financiero, que contribuyen a título individual.

Hace exactamente un mes compartimos desayuno y cena en Madrid, por la mañana en el Instituto Aspen, invitados por José María de Areilza, y por la noche en un restaurante clásico y ruidoso. Dixon fue vehemente y optimista, ante el escepticismo relativo de sus amigos españoles y absoluto de quien representaba al Gobierno británico. Aquella noche se atrevió a asignar probabilidades a las distintas alternativas: Brexit con acuerdo: 50%; Brexit sin acuerdo: 10%; nuevo referéndum: 40%.

En estos treinta días han sucedido muchas cosas. La más determinante es el acuerdo alcanzado entre la UE y el Gobierno británico, ratificado este domingo por los 27. ¿Ha subido o bajado la probabilidad del referéndum desde nuestro encuentro en Madrid?

Ha subido, sin duda.

Es cierto que, al menos hasta hace unos días, da la impresión de que la inercia favorece a su movimiento. Pero, en principio, el acuerdo entre la UE y el Gobierno británico aleja la posibilidad de una salida sin acuerdo y, por lo tanto, hace más remota la opción de un referéndum como mal menor. ¿No es así? ¿Lamenta que Theresa May haya alcanzado un acuerdo con la UE?

No. Siempre quise que hubiese un acuerdo.

¿De verdad?

Sí, de verdad. No quiero que nuestro país corra el riesgo de un crashing out (salida desordenada). Un Brexit sin acuerdo sería un desastre para el Reino Unido.

Quiero que el acuerdo esté encima de la mesa para que el pueblo británico conozca las condiciones de salida y así pueda decidir en base a los hechos, a la verdad. Estoy muy contento de que por fin haya acuerdo, pero el acuerdo es un mal acuerdo, un acuerdo lamentable.

Quizá sea un mal acuerdo, pero es el esperable, ¿no cree?

No lo sé ni me importa. Lo importante es que este es el acuerdo que ha alcanzado el Gobierno y ya no va a cambiar. Sobre este acuerdo es sobre el que tienen que pronunciarse los británicos.

Pertenecer a la UE es bueno por tres motivos, que me gusta resumir en las tres pes: paz, poder y prosperidad. El Brexit dificulta el proceso de paz en Irlanda del Norte, que tantos años hemos tardado en culminar y que tan frágil es. Es malo en términos de poder porque tendremos que acatar las reglas de la UE sin poder participar en su elaboración: nos convertiremos en un eunuco político. Y es perjudicial para la prosperidad porque, a pesar de tener que acatar las normas, no tendremos acceso completo al mercado único de la UE y estaremos en una posición de debilidad para negociar con el resto del mundo.

Estas tres objeciones serían aplicables a cualquier acuerdo.

No necesariamente.

Pero ¿qué parte de este acuerdo es peor de lo que esperaba?

No he dicho que este acuerdo sea peor de lo que esperaba. He dicho que es lamentable.

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Hugo Dixon. | Foto: Angeles Rodenas | The Objective

La objeción fundamental al acuerdo es la cesión de soberanía por parte del Reino Unido. Pero esta era la principal motivación de los partidarios del Brexit para abandonar la UE. ¿No es contradictorio o al menos irónico que acaben apelando a sus mismos argumentos?

No es cierto. Nunca me preocupó mucho la soberanía. Es un concepto que no está claro para mí. Lo que me preocupa es algo parecido a la soberanía, pero distinto: el poder. Estar en la UE multiplica nuestro poder. Porque somos un bloque de 28 países, el mayor mercado del mundo. Compartimos valores fundamentales con los otros 27 países, defendemos la democracia, la libertad y el Estado de derecho. Tenemos intereses comunes, estamos en el mismo lugar del globo, miramos al mundo de la misma manera. Nos preocupan los mismos acontecimientos: Putin y la crisis en Ucrania, la deriva autoritaria de Erdogan en Turquía, la situación en Oriente Medio o el norte de África. Tendremos más poder en el mundo si trabajamos juntos.

El Reino Unido es un gran poder europeo, uno de los más influyentes entre los 28, junto a Francia, Alemania, Italia, España y Polonia. Somos los grandes. En solitario, el Reino Unido es un poder europeo importante, pero no un poder global. No vamos a volver al siglo XIX, cuando teníamos un imperio y un cuarto del mundo estaba pintado de rojo. Esto no va a volver a pasar. Por eso, lo que me preocupa no es la soberanía sino el poder: pasamos de ser un importante poder europeo a ser un eunuco político.

Volvamos a la paz: ¿qué implicaciones tiene el Brexit en términos de política interna y, en particular, en lo que respecta a Irlanda y Escocia?

El Reino Unido tiene una responsabilidad histórica con Irlanda: durante siglos, fomentamos la división entre protestantes y católicos. No digo que seamos los únicos responsables, pero sí que tenemos una gran responsabilidad por un conflicto que condujo a mucha violencia y, más recientemente, a una guerra civil en Irlanda del Norte. En los últimos años, hemos conseguido la paz y la pertenencia a la UE ha sido un factor crucial. Hemos conseguido que la gente no estuviera tan preocupada sobre si eran parte del Reino Unido o de Irlanda porque eran parte de la UE y no había ninguna frontera. Este acuerdo del Brexit, si sale adelante, establecerá algún tipo de frontera entre Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Esto causará malestar y frustración entre los protestantes de Irlanda del Norte. Otras soluciones alternativas supondrían algún tipo de frontera entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda; esto causaría malestar entre los católicos. La única solución es evitar cualquier tipo de frontera, es decir, seguir en la UE.

¿Qué piensa del backstop provision (mecanismo de salvaguarda) previsto para la frontera entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte? ¿Podría mejorarse?

El acuerdo es el que es. No veo ninguna forma de cambiar este mecanismo.

¿Y Escocia?

El Brexit no pondría en riesgo la paz; nadie aventura un problema de violencia en Escocia. El problema es que los escoceses votaron por una mayoría aplastante a favor de quedarse en la UE y están siendo apartados de la UE contra su voluntad. Esto genera mucha frustración.

¿Qué peso tiene el nacionalismo inglés en el Brexit?

El nacionalismo inglés es sin duda uno de los principales factores del Brexit, sobre todo a la derecha del espectro político. El sentimiento antiinmigración es otro de esos factores; no es lo mismo. Y el sentimiento antiinmigración no es fundamentalmente antieuropeo. Los populistas manipularon el relato para dar a entender que la libertad de movimiento dentro de la UE facilitaba la entrada de inmigrantes de otros lugares (Siria, Norte de África, etc). La campaña del Brexit fue muy eficaz a la hora de hacer creer muchas mentiras; entre otras, que Turquía entraría a formar parte de la UE en 2020.

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Hugo Dixon. | Foto: Angeles Rodenas | The Objective

Haga usted un pronóstico: ¿qué pasará cuando llegue la votación sobre el acuerdo al Parlamento británico a mediados de diciembre?

Primero, no estoy seguro de que se vote a mediados de diciembre. Es posible que el proceso se retrase. Segundo, puede haber hasta noventa parlamentarios de los partidos que sustentan al Gobierno (Partido Conservador y DUP) que voten en contra del acuerdo.

¿Cree que la pregunta presentará tan solo una alternativa?

Sí, habrá una sola alternativa: acuerdo sí o no. Votarán en contra los hard brexiters (partidarios de un Brexit duro) y los partidarios de seguir en la UE.

¿Seguro?

Sí. Entre los laboristas habrá alguno que vote a favor, pero no serán suficientes para aprobar el acuerdo.

¿Es ese su mejor escenario para el People’s Vote?

Sí, el mejor y el más probable. Y también es probable que el Parlamento deje claro que el voto negativo al acuerdo no significa que el Parlamento escoja un crashing out. Habrá entonces un intento por parte del partido laborista de cesar a Theresa May, pero la moción de censura fracasará.

¿No cree que Theresa May debería entonces dimitir?

No necesariamente. No si presenta un plan alternativo creíble. Se iniciará entonces un período de incertidumbre de varias semanas en el que todo el mundo, incluido el Parlamento, tratará de buscar una solución razonable. Tardarán poco en darse cuenta de que el acuerdo no se puede cambiar, ni internamente ni, sobre todo, desde el punto de vista de la EU. Y la única salida sensata será el referéndum.

¿Quién hará campaña a favor de la permanencia en la UE? ¿Algún partido?

Sí, algunos partidos: los Liberal Demócratas, los verdes, el Partido Nacional Escocés, probablemente los laboristas. El Gobierno no. Pero el Gobierno tampoco hizo verdadera campaña a favor del Remain en 2016. Y, al revés que en 2016, los movimientos menos estructurados, más populares, harán campaña a favor del Remain.

¿Qué pasará el 29 de marzo de 2019?

Hará falta pedir una prórroga de unos seis meses a la UE, que por supuesto la concederá.

¿Le preocupa que el calendario vaya más allá de la fecha de las elecciones europeas, de las que en principio saldrá un Parlamento Europeo sin representantes británicos?

No, eso no será un problema. De hecho, hay una excepción prevista en el caso de que el Reino Unido siga siendo miembro de la UE.

Dixon da la impresión de no dar abasto. La sede de People’s Vote se parece a lo que en su día debió de ser el origen del movimiento a favor del Brexit: un grupo relativamente pequeño de voluntarios sin mucho orden ni jerarquía, con un punto de insolencia antisistema.

¿No cree que hemos tenido ya una sobredosis de democracia participativa (por cierto, en la democracia representativa más consolidada del mundo) y que un nuevo referéndum sería profundizar en esa vía?

Creo que los referéndums son legítimos, siempre y cuando haya una fuerte demanda popular y se trate de un asunto constitucional de trascendencia. En el caso del Brexit no había demanda popular y se trataba de resolver un asunto interno del partido Tory. En vez de conseguir la unidad de los conservadores, la decisión de Cameron no ha traído más que división en su partido y en la sociedad. Ha sido un fiasco. Para revertir el referéndum de 2016 hace falta otro referéndum.

Dixon es ahora un activista: no quiere detenerse en asuntos de filosofía política. Es pragmático, ve su objetivo más cerca que nunca, quiere ganar.

¿Se opone al Brexit porque cree que no fue una decisión democráticamente legítima?

No. A pesar de las mentiras, la decisión es legítima. Pero es un error monumental. Y también es legítimo, y aun necesario, un nuevo referéndum porque los hechos han cambiado mucho en estos últimos dos años: disponemos de información fundamental que no teníamos entonces y por fin tenemos el acuerdo sobre el que se debe tomar una decisión. Es legítimo cambiar de opinión; esa es la esencia de la democracia.

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Hugo Dixon (derecha) y Joaquín Güell (izquierda). | Foto: Angeles Rodenas | The Objective

“Una democracia que no puede cambiar de opinión deja de ser una democracia”, sentenció David Davis en 2012, futuro ministro encargado de la salida de la UE, para defender la posición contraria. Desde el punto de vista de la UE, ¿no cree que, si el Reino Unido decidiese finalmente quedarse en la Unión, se prolongaría una inestabilidad insoportable? Estaríamos a tan solo un referéndum de un nuevo Brexit.

No. Creo que sería un asunto zanjado para mucho tiempo. Los británicos hemos aprendido muchas cosas en estos dos años: entre otras, hasta qué punto este asunto ha dividido la sociedad y que el sueño imperial de un Reino Unido como gran potencia global es impensable en los próximos mil años.

People’s Vote toma distancia respecto al centrismo blairista, que tanto rechazo suscita en la sociedad británica. Ha hecho un gran esfuerzo por mantener su transversalidad. En este sentido, supongo que el apoyo de John Major es fundamental. Es el tercer ex primer ministro que se pronuncia a favor del referéndum.

Sí, John Major es el más respetado de los ex primeros ministros y es el único que ha alcanzado el estatus de estadista. Pero también es crucial que Jo Johnson, hermano de Boris y antiguo colaborador mío en el Financial Times, nos haya dado su apoyo: eso es fundamental en clave interna dentro del partido conservador.

¿Qué debería hacer ahora la UE?

Decir la verdad.

Pero ¿no cree que algunas de las peticiones de países como Francia (regulación en asuntos de medio ambiente y laborales para preservar el mercado único dentro del mecanismo de salvaguarda, backstop provision) o España (Gibraltar) pueden reavivar el sentimiento nacionalista que nos trajo hasta aquí?

No. Tienen que ser demandas razonables, pero tienen que ser explícitas y claras. Creo en la claridad y la sinceridad. No podemos repetir mentiras, medias verdades. La verdad es un elemento esencial de la democracia.

¿Qué opinaría su bisabuelo, Winston Churchill, de lo que está haciendo usted?

Es difícil saberlo: cuando nos conocimos, él tenía más de 90 años: ni él ni yo estábamos entonces en plenas facultades intelectuales y no tuvimos oportunidad de discutir a fondo sobre el tema.

En caso de que gane People’s Vote, ¿piensa seguir en política?

¿Por qué no?

Un “por qué no” muy británico. Casi un sí.

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