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La ruta valenciana que enamora a Nuria Roca: de su restaurante favorito a un rincón escondido

La presentadora es una apasionada de su tierra y, por eso, cada vez que puede, viaja a la Comunidad Valenciana

La ruta valenciana que enamora a Nuria Roca: de su restaurante favorito a un rincón escondido

Nuria Roca, en una imagen de archivo. | Gtres

Nuria Roca está muy ligada a sus orígenes valencianos. Es por eso que, cada vez que tiene un poco de tiempo libre, se escapa hasta esta pequeña región que marcó su infancia y que, ahora, también tiene gran presencia en su presente. Esto ha hecho que se convierta en una de las mejores embajadoras de su tierra y sus gustos combinan la tradición de la huerta con la nueva vanguardia valenciana. Así, la presentadora ha ido definiendo cuáles son sus sitios favoritos, qué restaurantes no puede perderse nunca y qué rincones forman parte de su memoria más especial.

Si Nuria tiene un refugio sagrado, es Náquera. Es el pueblo de su infancia y donde reside su madre. Ella misma define este lugar como su «oasis», un sitio sin tele ni micros donde vuelve a ser niña. Le encanta pasear por la Sierra Calderona. Uno de sus puntos favoritos para desconectar es el Mirador del Garbí, que ofrece unas vistas espectaculares del Mediterráneo y la montaña. Además, a Nuria le encanta disfrutar con la comida.

Los restaurantes favoritos de Nuria Roca en Valencia

Uno de sus lugares favoritos, en el centro de Valencia, es Pelayo Gastro Trinquet. Le fascina porque une la gastronomía moderna con la cultura del trinquet —la pelota valenciana—. Es un sitio con una decoración impresionante donde se siente «muy en casa». «Para disfrutar de la gastronomía valenciana te voy a recomendar un lugar muy especial que es el Pelayo Gastro Trinquet, donde se jugaba a la pelota valenciana», dijo en una ocasión. Tampoco se pierde Casa Roberto, donde se puede degustar la paella valenciana más auténtica. Es el sitio que siempre recomienda junto a su marido, Juan del Val, para comer el arroz tradicional con su socarrat perfecto. Además, no se pierde La Sastrería, ubicado en el barrio del Cabañal. Le encanta por su estética —está forrado de azulejos preciosos— y por su cocina marinera innovadora.

El restaurante Napicol, en Meliana, es un imprescindible cuando busca la esencia de la huerta valenciana. Está a pocos minutos de la ciudad y es famoso por cocinar con productos recién cogidos de la tierra. Cuando está en el centro de Valencia, Nuria suele dejarse ver por la calle de Paz o la calle del Mar. Recientemente, ha mostrado su fascinación por el nuevo Museo Hortensia Herrero, una joya artística en un palacio rehabilitado que se ha convertido en su visita cultural obligada. Como buena valenciana, valora el producto de proximidad. Le gusta pasear por los puestos del mercado para comprar productos típicos que luego se lleva a Madrid.

De La Albufera a la playa de la Patacona

Aunque veranea mucho en Menorca, cuando está en Valencia prefiere la Playa de la Patacona (Alboraya) antes que la Malvarrosa. Es una zona con un aire más bohemio y tranquilo, llena de casitas de colores y locales con encanto para tomar un café frente al mar. Como buena valenciana, es una defensora radical de la autenticidad del arroz de su tierra, especialmente frente a otros cultivos. «El arroz no me lo toquéis… El bueno de verdad es el de La Albufera, en Valencia», ha dicho en alguna que otra ocasión. Además, también ha recomendado un atardecer en La Albufera. «No te lo puedes perder: coger una barquita, visitar una barraca, comerte una paella… vas a disfrutarlo de lo lindo», explicó.

Sin duda alguna, su oasis es cuando vuelve a Náquera, a la casa de su madre. «Es la casa familiar y es como volver a ser pequeña. En ese lugar no existe tele, no existen focos, no hay micros y es todo fantástico. De vez en cuando viene muy bien», contó. Así, Náquera se ha convertido en su rincón secreto, en aquel que más disfruta. Situado a solo unos 25 kilómetros de la capital, es conocido popularmente como la «Puerta de la Sierra Calderona».

Volviendo siempre a Náquera

Náquera vive abrazada por el Parque Natural de la Sierra Calderona. Esto marca su clima —mucho más fresco que el de la ciudad en verano— y su estilo de vida. Uno de los lugares más importantes para los naqueranos es el Pino de Salt, un pino centenario en un entorno de gran belleza con vistas que alcanzan el mar. Por su parte, la Cueva de los Estudiantes está situada cerca de la cima de los Trencalls, es famosa no solo por su valor geológico, sino por las leyendas que la rodean. También, nos encontramos con infinidad de rutas de senderismo, ya que es el punto de partida para subir al Garbí o al Puntal de Mateu. Si te gusta caminar, es el paraíso, con senderos rodeados de rodeno —la piedra roja típica— y pinos.

El pueblo conserva ese aire de «sitio de descanso» que adquirió a principios del siglo XX. La ermita de San Francisco fue construida por los propios vecinos en estilo neogótico, ofrece una de las mejores panorámicas del golfo de Valencia. Es el símbolo del pueblo. Además, paseando por sus calles, verás casas señoriales de familias que buscaban en Náquera el aire puro para curar enfermedades respiratorias o simplemente huir del calor. Si vas a Náquera, es pecado no mencionar la gastronomía, y más concretamente el Asador El Pastoret. Es un lugar de culto para los amantes del almuerzo valenciano (esmorzaret). Sus bocadillos son famosos en toda la provincia por su tamaño gigantesco y la calidad de sus brasas. Ha recibido el premio Cacau d’Or, que es algo así como la «estrella Michelin» de los almuerzos.

Náquera es un pueblo de unos 8.000 habitantes que en verano triplica su población. No tiene playas —aunque se vea el mar a lo lejos—, pero su lujo es otro. En verano, tan solo se escuchan las chicharras y el silencio es el que prima por sus calles. Además, es un pueblo donde todavía se cena en la calle a la fresca en los meses de julio y agosto. Náquera es el refugio de montaña de Valencia. Es el lugar para quienes prefieren las botas de montaña a las chanclas, el bocadillo de brasa a la comida rápida y el aire de la sierra a la humedad del puerto.

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