The Objective
Gente

La etapa más humilde del escritor Javier Castillo: «Mi madre trabajaba limpiando y mi padre, como albañil»

A pesar de ser ahora un superventas, el reconocido escritor malagueño comenzó su carrera escribiendo en el tren

La etapa más humilde del escritor Javier Castillo: «Mi madre trabajaba limpiando y mi padre, como albañil»

Javier Castillo junto a su mujer, Verónica, en una imagen de archivo. | Gtres

Javier Castillo se ha convertido en un éxito de ventas. El escritor es uno de los autores españoles más leídos desde que publicara El día que se perdió la cordura y dejara atrás su vida convencional trabajando en una empresa de Málaga. Y es que, hasta el momento de haber rozado el éxito con los dedos, Castillo tenía un trabajo normal y aprovechaba los viajes en tren hasta su empleo para poder escribir. Aunque eso sí, desde hace unos años, en su casa sí que había una persona especialmente conocida; su mujer, Verónica Díaz, quien cuenta con varios miles de seguidores en sus redes sociales.

A pesar de que ahora Javier vive un momento de lo más dulce, sobre todo económicamente, antes de llegar a ese nivel, también supo lo que era la vida obrera, algo que vivió en primera persona durante su infancia. «Crecí en una familia muy humilde, muy trabajadora. Mi madre trabajaba limpiando casas y mi padre como albañil en la construcción, aunque después de eso se iba a trabajar de camarero», contó en una ocasión. Además, confesó que había tenido que madurar «muy pronto». «Yo era muy niño cuando mi madre tuvo un problema de salud, y eso provocó que me hiciera responsable muy pronto. Tuve que madurar muy de golpe», apostilló.

Javier Castillo, un escritor de éxito

Javier Castillo junto a su mujer. | Gtres

Su primer trabajo fue con 14 años, durante el verano, «como pastelero en la panadería de barrio». A esto hay que sumarle que también trabajo como barrendero, en los 100 Montaditos e hizo prácticas en Caja Rural. «Compatibilizaba los trabajos con los estudios, que me pagaba yo, y escribía en mis ratos libres. Dedicarte profesionalmente a escribir era impensable, no existía en mi mundo. Eso no era un trabajo, era un hobby», ha explicado.

A día de hoy, Javier Castillo (Málaga, 1987) es el autor de thriller más exitoso de España y un auténtico fenómeno global. Su vida ha cambiado drásticamente en los últimos años: ha pasado de ser un asesor financiero que escribía en el tren a ser un rey midas de la literatura con millones de lectores en todo el mundo. Su carrera es el sueño de cualquier autor novel. Empezó autoeditando El día que se perdió la cordura en Amazon por 2 euros, y hoy es una pieza clave en la industria del entretenimiento. La chica de la nieve se convirtió en uno de sus éxitos masivos, contando con una adaptación en Netflix, que se estrenó en 2023, y lo catapultó a la fama internacional.

Su infancia en El Palo

Recientemente se ha consolidado con El juego del alma, lo que lo mantiene en una colaboración constante con la industria audiovisual. En 2026, ya ha superado la barrera de los 3 millones de ejemplares vendidos, traduciéndose a más de 60 países. A pesar de su éxito internacional y de viajar constantemente a Madrid o Los Ángeles para reuniones de guion y promociones, Javier se mantiene fiel a sus raíces. Vive en Málaga junto a su mujer, la influencer de moda Verónica Díaz, y sus tres hijos, Gala, Bruno y Pablo. Su vida personal es muy conocida por sus seguidores, ya que tanto él como su mujer comparten mucha naturalidad en redes sociales. Forman una de las parejas más mediáticas y queridas de España, mostrando el equilibrio entre el trabajo creativo y la crianza.

Javier es extremadamente metódico. Escribe sus novelas pensando en escenas, casi como si fueran guiones de cine, lo que explica por qué sus libros son tan adictivos y fáciles de adaptar a la pantalla. Aunque ya no viaja diariamente para trabajar en finanzas, el tren sigue siendo un lugar donde suele encontrar inspiración, un guiño a sus orígenes como escritor. En este 2026, Javier se encuentra en plena fase de expansión de su universo literario. Tras el impacto de La grieta del silencio (2024), Javier ha seguido explorando el suspense con tintes emocionales, centrándose mucho en la psicología de los personajes y los secretos familiares.

Es, año tras año, el autor que registra las colas más largas en la Feria del Libro de Madrid y en Sant Jordi, dedicando horas interminables a firmar ejemplares para sus fans. Se le define como un hombre cercano, muy agradecido con sus lectores y muy ambicioso en el buen sentido de la palabra. Ha roto el estigma de que un autor comercial no puede ser de calidad, defendiendo siempre el entretenimiento como un valor fundamental de la literatura.

Un barrio con fuerte tradición marinera

Sin duda alguna, mucho de lo que es ahora tiene que ver con lo que un día fue, con su infancia. Javier creció en El Palo, un barrio malagueño de fuerte tradición marinera y carácter obrero. Su infancia fue la de un niño de los años 90 en el sur: mucho tiempo en la calle, jugando con amigos y muy vinculado a la luz y el bullicio de Málaga. Sus padres eran personas trabajadoras que le inculcaron el valor del esfuerzo. Javier siempre recuerda con cariño que, aunque no sobraba nada, nunca le faltaron libros ni apoyo para sus intereses. Desde muy pequeño, Javier mostró una faceta que él mismo define como «muy imaginativo».

No era el típico niño que solo jugaba al fútbol; le fascinaba inventar historias. Se dice que era capaz de transformar cualquier objeto o situación cotidiana en una aventura épica. Más que los libros en un inicio, lo que le marcó fue el cine de suspense de los 90. Películas con giros de guion impactantes fueron las que empezaron a moldear su forma de entender la narrativa: visual, rápida y adictiva. Aunque hoy es un autor de éxito, su relación con la lectura no fue la de un académico académico, sino la de un buscador de emociones. Devoraba novelas de misterio y aventuras. Siempre ha mencionado que autores como Agatha Christie o el suspense clásico le fascinaban porque le hacían sentir que el libro era un puzle que él debía resolver.

Era «muy imaginativo»

Esta etapa fue clave para que aprendiera, casi de forma inconsciente, la estructura de los cliffhangers (finales abiertos) que ahora maneja a la perfección. A pesar de su gran imaginación, Javier era un niño y adolescente muy centrado. Era bueno en matemáticas y muy organizado, una dualidad que le acompañaría toda la vida. Ese pragmatismo fue el que le llevó a estudiar Empresariales más tarde, pensando en tener un futuro estable, mientras mantenía su pasión por escribir como un secreto personal.

Muchos se preguntan cómo un niño que creció en la luminosa Málaga, en una familia cariñosa, terminó escribiendo thrillers tan oscuros. Javier ha explicado que su infancia fue tan feliz y segura que precisamente eso le permitía jugar con el miedo en su imaginación sin que le resultara traumático. Para él, el suspense era un juego de «qué pasaría si todo esto se torciera». Javier solía escribir pequeños relatos y cuentos ya de niño, pero durante mucho tiempo fue algo que guardaba para sí mismo. No fue hasta mucho después, cuando trabajaba como consultor financiero, que rescató esa pulsión infantil de contar historias para escribir su primera novela en los trayectos del tren de cercanías Fuengirola-Málaga.

Publicidad