El amuleto del que no se separa Sonsoles Ónega y le conecta con su padre y sus raíces
La periodista lució un objeto, con una gran carga simbólica, en la despedida a su progenitor en la Casa de Galicia

Sonsoles Ónega, en la despedida a su padre. | Gtres
Sonsoles Ónega está pasando uno de los momentos más difíciles de su vida. Su padre, Fernando Ónega, fallecía esta misma semana a los 78 años. Lo hacía dejando un gran vacío, no solamente en su vida personal sino, también, en el mundo del periodismo y, especialmente, de la radio, donde fue un pionero. Fue ayer cuando su familia se trasladó hasta la Casa de Galicia donde se despidieron del periodista, y por donde también pasaron los rostros más conocidos de la Comunicación, la Transición y de la política. También, acudió la reina Letizia, una de las mejores amigas de Sonsoles y para quien Fernando fue un gran mentor. En todo momento, la presentadora de Antena 3 se mostró especialmente emocionada y portando un rosario en el cuello —que luego se convirtieron en dos—, que se ha erigido como su amuleto más especial.
Fue a primera hora de la mañana cuando Sonsoles, junto a su pareja y sus hermanos, llegó a la Casa de Galicia. Lo hacía con una camisa y un traje de pantalón y chaqueta en color oscuro. Además, era su novio quien portaba su bolso y también estaba junto a ella en un momento tan delicado. Como decíamos, Sonsoles portaba un rosario, al igual que unas gafas de cristal oscuro.
Sonsoles Ónega y su gesto más especial

Lo cierto es que Fernando Ónega siempre llevó su tierra por bandera. Es por eso que su despedida fue en la casa de sus raíces en Madrid y, en medio de la mañana, aparecieron dos gaiteros que quisieron acordarse de él. Tanto Sonsoles como su familia decidieron rendirle homenaje a través de diversos gestos. El primero fue su mujer, Ángela, quien llegó puntual con un retrato, de un tamaño considerable, del periodista. Por su parte, Sonsoles portó este talismán del que no se ha separado y que, también, le conecta, de una manera u otra, con su progenitor.
El rosario que luce Sonsoles, con cuentas oscuras que recuerdan al azabache —la piedra mágica de Santiago de Compostela—, es un símbolo profundamente vinculado a la protección en la cultura gallega. Fernando Ónega era un hombre que, pese a su perfil cosmopolita en Madrid, siempre mantuvo la «retranca» —como él mismo contó en su momento— y el misticismo propio de su tierra. Que su hija lleve este símbolo es una forma de honrar esas raíces compartidas que su padre le inculcó desde niña. Sonsoles, además, siempre ha sido una persona marcada por las tradiciones. Es por eso que, en momentos como estos, el rosario actúa como un ancla.
La fuerte conexión con su padre

En algunos de los casos, además, no se trata de un acto de religiosidad estricta, sino de aferrarse a un objeto que representa la continuidad y el consuelo. Llevarlo sobre el pecho, cerca del corazón, es un gesto universal de duelo que comunica respeto y recuerdo constante hacia el fallecido. En muchas de las ocasiones, además, este tipo de talismanes tienen una gran carga familiar, siendo una herencia o un regalo con un significado muy concreto. Es más, se sabe que Sonsoles y Fernando han tenido siempre una gran complicidad personal y profesional —él era su primer lector y su crítico más feroz—. En estas últimas horas, además, el collar ha actuado como un punto de conexión física con la memoria de su padre, mientras ella ha ejercido de portavoz ante los medios.
Fernando Ónega era el maestro de la palabra precisa y el respeto a las instituciones. El rosario, como objeto que simboliza la meditación y el silencio, encaja perfectamente con el tono que Sonsoles ha querido dar a la despedida; una mezcla de sobriedad castellana y sentimiento gallego. La conexión entre Sonsoles Ónega y su padre, Fernando Ónega, era mucho más que una relación filial estándar; era una simbiosis intelectual, profesional y emocional. Sonsoles no solo heredó su apellido, sino una forma de entender la vida y el periodismo que la convirtió en la heredera de uno de los grandes maestros de la Comunicación.
Sin olvidarse de sus raíces

Fernando, un hombre de la Transición, serio y analítico, vio con orgullo cómo su hija conquistaba la televisión de entretenimiento y actualidad sin perder el rigor. Él era su fan número uno, pero también su juez más exigente. Y es que la carrera de Sonsoles ha estado marcada por su paso como cronista parlamentaria en el Congreso de los Diputados y, también, por el cambio que vivió al mudarse hasta Antena 3, donde presenta su propio programa. Tanto Fernando como Sonsoles compartieron ese carácter gallego, definido por la ironía, la prudencia y la inteligencia emocional. Se entendían con la mirada. En sus apariciones públicas juntos, se percibía un respeto mutuo casi ceremonial, pero salpimentado con bromas privadas que revelaban una amistad profunda.
Uno de los momentos más emocionantes de su relación ocurrió cuando Sonsoles ganó el premio Planeta. La imagen de Fernando Ónega, visiblemente conmovido y orgulloso entre el público, dio la vuelta a España. Para Sonsoles, ese premio no era solo un logro personal, sino un tributo a la carrera literaria y periodística que su padre le había enseñado a amar. «Todo lo que soy se lo debo a su ejemplo», llegó a decir ella esa noche. Tras su fallecimiento, su conexión se ha hecho aún más evidente a través de los gestos de la periodista. Así, el uso de amuletos o de símbolos tradicionales en su día a día es una forma de sentirle y mantenerlo cerca. Como ha demostrado, Sonsoles ha asumido con una entereza admirable el papel de portavoz de la familia, asegurándose de que el legado de su padre sea recordado.
