La dura vida personal de Milena Smit ('Amarga Navidad'): su familia, el maltrato que sufrió de un exnovio, un aborto y su actual pareja
De un descubrimiento casual en redes a musa de Almodóvar, la actriz ha forjado una carrera marcada por la superación

La vida personal de Milena Smit | Gtres
La actriz Milena Smit vuelve a situarse en primera línea con Amarga Navidad, la nueva película de Pedro Almodóvar que se estrena este viernes. Se trata de un drama que gira en torno al duelo, la memoria y los límites entre la vida real y la ficción. La historia sigue a Elsa, una directora de publicidad que, tras la muerte de su madre en plena Navidad, intenta evadirse refugiándose obsesivamente en el trabajo, hasta que una crisis emocional la obliga a parar y enfrentarse a su dolor. A partir de ahí, la película mezcla su proceso de reconstrucción personal con una reflexión más amplia sobre cómo los creadores utilizan sus propias experiencias (y las de otros) para hacer arte.
En este contexto, Milena Smit forma parte de un reparto coral encabezado por Bárbara Lennie, junto a nombres como Leonardo Sbaraglia, Aitana Sánchez-Gijón o Carmen Machi. La presencia de la joven en el filme reafirma su posición como una de las actrices más relevantes de su generación, pues con apenas 29 años ha logrado abrirse paso en el cine y la moda con una fuerza poco común.
De Instagram al cine y a ser musa de Almodóvar
La historia de Milena Smit es, en cierto modo, una excepción dentro de la industria. Nacida en Elche en 1996 —pero criada en Murcia—, de padre holandés y madre holandesa, su salto a la interpretación se produjo de manera inesperada cuando el director David Victori la descubrió en redes sociales y decidió ficharla para protagonizar No matarás, junto a Mario Casas. Aquel thriller no solo marcó su debut, sino que le valió una nominación al Goya como actriz revelación.
Antes de aquello, su contacto con el mundo artístico se limitaba al modelaje. «Aunque lo de modelo me había llevado a hacer algún videoclip, nunca antes había hecho un casting. Eso sí, cuando terminé de rodar, ya tenía claro que esto era lo que la vida me había preparado. Fue entonces cuando empecé a formarme y a trabajar muchísimo para estar a la altura de esta profesión», confesó en una entrevista.
Tras ese primer éxito, llegaron más oportunidades, entre ellas un casting que cambiaría su carrera para siempre. Sin saberlo, se presentó a pruebas para una película de Pedro Almodóvar. Fue superando fases hasta que, en la última lectura, le comunicaron que el proyecto era Madres paralelas. Allí conoció a Penélope Cruz, con quien conectó de inmediato y coprotagonizó el filme.
A partir de ese momento, su carrera despegó sin freno. En cine, ha seguido ampliando su filmografía con títulos como Tin & Tina o El hombre del saco. En cuanto a series, su consolidación llegó con La chica de nieve, adaptación del bestseller de Javier Castillo, en la que interpretó a una periodista obsesionada con la desaparición de una niña, un papel que la acercó al gran público y reforzó su proyección internacional. El éxito de la serie de Netflix disparó su fama.
Además, ha combinado estos proyectos con trabajos en el ámbito de la moda y otras colaboraciones audiovisuales, manteniendo una carrera versátil que alterna cine de autor, producciones comerciales y plataformas.
Sus padres y sus hermanas
Milena Smit ha tenido una relación compleja en su pasado, marcada por una vida difícil y por haber tenido que independizarse muy joven: «Al irme tan temprano de casa, he pasado por muchas cosas muy duras que me han hecho madurar a una velocidad muy grande». La relación con sus padres, que están separados, pasó por altibajos, pero es algo que ha cambiado con el tiempo: «Me da mucho gusto también la relación que tengo ahora con mis padres, que es mucho más sana, más cercana y más bonita».

En cuanto a sus hermanas, la actriz tiene muy buena relación: «La suerte de tener personas como ella o mi otra hermana, muy valiente también, super luchadora, son personas que me inspiran mucho a seguir adelante». También destaca su apoyo en situaciones complicadas: «Cuando tienes que pedir ayuda están ahí las primeras». Además, deja claro que su familia —incluidas sus hermanas— fue clave en momentos límite.
La ansiedad y el peso del éxito
El ascenso meteórico de Milena Smit no estuvo exento de dificultades. La actriz ha hablado abiertamente de su salud mental, reconociendo que la ansiedad ha sido una constante en su vida: «Cada uno tiene su tara, y la mía probablemente sea esta. Y está bien reconocerlo. Y está bien dejar de seguir el rollo a la estigmatización de los problemas mentales, porque es que todos los tenemos y, quien diga que no, es que no ha ido a un psicólogo en la puta vida. O no ha sabido reconocer sus propias emociones jamás».
Durante la promoción de Madres paralelas, ese malestar se intensificó: «El equipo, Pedro y Penélope me arropaban un montón porque yo estaba muy frágil y muy débil a nivel emocional en ese momento por todo lo que estaba pasando en mi vida. (…) Me hubiera encantado poder estar más presente a nivel emocional, más entera y más fuerte, sin depender tanto de esa ansiedad por toda la vorágine de cosas que estaban sucediendo, y poder haberlo disfrutado mucho más de una forma lúcida y sin esa presión».
Con el tiempo, ha aprendido a gestionar esa situación y a cuidarse mejor: «A base de todo lo que ha ido sucediendo he empezado a entender cómo yo me tengo que cuidar, cómo me tengo que tomar las cosas. Mi equipo hace un esfuerzo increíble para que yo no esté sobresaturada y también voy muchísimo a terapia. Los que nos dedicamos a esto no podemos permitirnos no ir porque es algo imprescindible, al menos para mí».
Su pareja, Diego Sanjuan, y el maltrato que sufrió de un ex
En el plano sentimental, Milena Smit mantiene una relación con Diego Sanjuan, con quien comenzó a salir en 2022. Del joven madrileño se sabe poco. Tiene la misma edad que la actriz y trabaja en el sector del deporte y la nutricosmética.
Antes de esta etapa, su vida estuvo marcada por una experiencia especialmente dura. La actriz ha relatado que sufrió violencia de género con 18 años, una situación que logró superar tras un proceso complejo. «Empecé una relación, me fui a vivir con él al mes sin conocer quién era realmente y me metí en un pozo horrible. Así me afectó la precariedad, no podía salir de esa situación. Sufrí y aguanté maltrato físico y psicológico porque no tenía dónde estar ni dónde ir», dijo en El mundo.
«Salí de esta situación pidiendo ayuda. Es muy difícil ver donde estás metida, reconocerlo sola. Hay una constante excusa, a mí me daba pena la persona que me maltrataba, consideraba que era una víctima, que hacía cosas que no quería hacer y eso me mantuvo mucho tiempo ahí. Al final tuve que huir literalmente, salir corriendo. Mi madre me obligó a hacerme la maleta y venirme a Madrid. Ni ella ni mi padre supieron nada hasta el final, pero mucha gente allí presenció situaciones de maltrato y no hicieron nada. Eso lo dificulta porque intentas salir, pero acabas recayendo y te sientes culpable».

Al final, huyó de allí y denunció: «Se produjo una agresión muy fuerte y pensé que a lo mejor no lo contaba. Tenía partes de lesiones guardados con intención de denunciar en algún momento. (…) Ya conté hace un año públicamente que había vivido un aborto; era con esta persona. Y es la decisión más importante de mi vida decidir no querer vincularme a esta persona aunque lo llevé con muchísima culpa durante años. No sé si fue la mejor, pero la más importante sí». Ese episodio, que llegó a poner en riesgo su vida, terminó con una denuncia y un proceso judicial que logró cerrar con el apoyo de su familia.
Refugio en lo esencial
Más allá de todos estos duros episodios, Milena Smit ha encontrado refugio en lo sencillo. El contacto con la naturaleza y actividades como montar a caballo forman parte de su equilibrio personal y la ayudan a desconectar del ritmo frenético de su carrera. De hecho, tiene su propio caballo, llamado Silencio.
Su vida, marcada por contrastes —éxito, fragilidad, exposición y reconstrucción—, refleja una personalidad compleja que trasciende la pantalla. Quizá por eso, cada uno de sus personajes parece estar atravesado por una verdad emocional difícil de fingir. Y es precisamente ahí, en esa mezcla, donde reside el magnetismo de Milena Smit.
