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Lola Herrera, a sus 90 años: «Si volviera a nacer, posiblemente no sería madre»

La actriz se casó con Daniel Dicenta, con quien tuvo dos hijas y de quien se divorció a mediados de los años 60

Lola Herrera, a sus 90 años: «Si volviera a nacer, posiblemente no sería madre»

Lola Herrera junto a su hija. | Gtres

Lola Herrera siempre tuvo claro que quería ser madre y, sobre todo, estaba dispuesta a sacar a sus hijas adelante. Y es que su trabajo no siempre le permitió desarrollar esa faceta de la maternidad que, en algunas ocasiones, supuso un reto difícil de gestionar. No hay que olvidar que Lola nació en una época complicada para las mujeres y, sobre todo, para aquellas decidían salir de casa y buscarse la vida por su cuenta. La actriz tuvo claro los valores que quería inculcarle a sus hijas y, por eso, supo que tenía que predicar con el ejemplo.

Dolores Herrera Arranz nació en Valladolid en 1935. Aunque hoy la conocemos como una gran dama del teatro, sus primeros pasos fueron musicales. De hecho, comenzó participando en concursos de radio como cantante de música ligera. A mediados de los años 50 se trasladó a Madrid, donde debutó en el cine y el teatro. Fue en las tablas donde descubrió su verdadera vocación, integrándose en prestigiosas compañías de la época.

Lola Herrera, un referente en la interpretación

Lola Herrera junto a Ernesto Alterio. | Gtres

Fueron las obras de Miguel Delibes las que marcaron un antes y un después en su vida. En 1979, estrenó el monólogo de Carmen Sotillo, una mujer que vela el cadáver de su marido y repasa su vida en común. Un papel que, sin duda, le ha acompañado durante toda su vida. Lo ha interpretado durante más de 40 años en distintas etapas de su vida. Ella misma reconoce que el personaje de Carmen y ella han «envejecido juntos», convirtiéndose en una de las interpretaciones más icónicas de la historia del teatro español.

Aunque el teatro es su hogar, Lola ha sido una presencia constante en la pantalla. Función de noche fue una película casi documental y muy valiente para la época, donde ella y su exmarido, el actor Daniel Dicenta, diseccionan su fracasada relación frente a la cámara. Fue un ejercicio de honestidad brutal que impactó a la sociedad española. Las nuevas generaciones la conocieron gracias a papeles en series como Un paso adelante o Las chicas del cable. Su vida personal estuvo marcada por su matrimonio con Daniel Dicenta, con quien tuvo dos hijos: Natalia Dicenta —también una reputada actriz y cantante— y Daniel. Tras su separación, Lola se convirtió en un símbolo de la mujer independiente y profesional que toma las riendas de su destino.

En todo este tiempo ha recibido la Medalla de Oro a las Bellas Artes o el premio Max de Honor. A sus casi 91 años, sigue demostrando una lucidez y una energía envidiables, siendo una de las voces más críticas y sensatas sobre la situación de la cultura y la mujer en España. Si hablamos de su vida personal, lo cierto es que ha sido un ejercicio de honestidad pública poco común en su generación. No se ha guardado las sombras, especialmente en lo que respecta a su matrimonio y a una visión de la maternidad que huye de los idealismos románticos.

Se casó a mediados de los años 60 con Daniel Dicenta

Lola se casó en 1967 con el actor Daniel Dicenta. Fue una relación marcada por la inestabilidad y las infidelidades de él, que terminaron por dinamitar la convivencia. Lo más relevante de este episodio no fue la ruptura en sí, sino cómo la gestionó en la película Función de noche (1981). En este filme, Lola se sienta frente a su exmarido y le reprocha años de silencios, falta de orgasmos y soledad emocional. Fue un acto revolucionario de catarsis que la liberó definitivamente. Lola tiene dos hijos, Natalia y Daniel, con quienes mantiene una relación muy estrecha —especialmente con Natalia, con quien ha compartido escenario—. Sin embargo, sus declaraciones textuales sobre el hecho de ser madre han sido a menudo directas y desmitificadoras.

Y es que ha admitido que no le contaron «la verdad» sobre la maternidad. «Tiene una cara muy dura de renuncia y cansancio», aclaró. Ha afirmado que ser madre es «la responsabilidad más grande y, a veces, la más ingrata». Para ella, la maternidad no es un camino de rosas, sino una tarea que consume una energía vital inmensa. En varias entrevistas ha confesado: «Yo no tenía vocación de madre, me vino» o «he sido madre porque en mi época era lo que tocaba». Con esto, Lola denuncia la presión social que empujaba a las mujeres de los años 50 y 60 a la maternidad como único destino.

Su visión de la maternidad

Ha hablado abiertamente del sentimiento de culpa que arrastran las actrices de su generación por pasar tanto tiempo fuera de casa. «He sufrido mucho por no estar más tiempo con mis hijos, pero el trabajo era mi tabla de salvación». Tras su separación, Lola tomó la decisión de no volver a convivir con nadie. Ha defendido su soledad como un espacio de libertad conquistado a pulso. Vive sola y disfruta de su espacio, asegurando que tras años de cuidar de otros y de lidiar con estructuras familiares rígidas, su prioridad es su propia paz. A pesar de sus duras palabras sobre la maternidad, lo cierto es que es una madre presente y orgullosa. Natalia Dicenta ha sido su gran apoyo y confidente, formando un tándem artístico y vital muy poderoso.

Es más, siempre ha intentado no idealizar ese momento. «La maternidad está muy idealizada. Es una cadena que te ata para siempre y que te hace vivir con el miedo en el cuerpo», contó en una ocasión. «A mis hijos los quiero por encima de todo, pero si volviera a nacer, con la mentalidad de hoy, posiblemente no sería madre», apostilló, reconociendo la cruda realidad de muchas personas.

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