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Internacional

Qué ha cambiado (y qué no tanto) con el  chavismo como aliado de EEUU

El chavismo ahora tiene a un nuevo mejor amigo y vive una luna de miel con el gobierno estadounidense de Donald Trump

Qué ha cambiado (y qué no tanto) con el  chavismo como aliado de EEUU

Delcy Rodríguez. | EP

En las vastas planicies ganaderas de Brasil persiste un práctica que escandalizaría a cualquier animalista urbano. Cuando los grandes arreos se disponen a vadear ríos hirvientes de pirañas, los vaqueros disponen de la res más vieja y agotada. Es «o boi das piranhas».

Le propinan un par de machetazos y la empujan hacia el agua, para que su sangre y su carne distraigan a los frenéticos peces mientras los arrieros hacen cruzar la manada un poco más abajo, para seguir su camino bajo el sol. La mal llamada revolución bolivariana, el infausto movimiento político impulsado por el excomandante de paracaidistas Hugo Chávez, lleva casi tres décadas atravesando sus propios lodazales mientras ha llevado a Venezuela rumbo al despeñadero.

El 3 de enero de 2026 este régimen «popular, militar y policial», tan admirado por la izquierda caviar europea y por trasnochados incapaces de venirse a vivir las miserias económicas de Venezuela, sufrió su mayor derrota violenta, y fuera de las urnas, con la captura de Maduro. Pero solo sacrificó a uno de sus desgastados protagonistas.

Todavía el régimen sigue vivo y campante, mientras se recompone, busca fondos desesperadamente y otorga a EEUU concesiones económicas principistas para aferrarse al poder como a un clavo ardiente. Es así como modificó la Ley de Hidrocarburos para permitir inversiones privadas en todas las etapas de la industria petrolera, antes sagrado territorio reservado al Estado y sus amigos.  También hace lo propio con la Ley de Minería y la del sector eléctrico.

El chavismo ahora tiene a un nuevo mejor amigo y vive una luna de miel con el gobierno de Donald Trump. Las relaciones bilaterales están en su mejor nivel en casi 30 años y ese es el principal cambio en esta película. En contrapartida, los incondicionales amigos radicales Irán, Rusia, China y Cuba han sido excluidos de nuevos y viejos negocios energéticos y mineros en Venezuela, por orden de EEUU.

Washington le ha dado su total apoyo y reconocimiento a Delcy Rodríguez, la presidenta encargada dejada en lugar de Maduro tras la espectacular incursión militar que desmontó la retórica nacionalista socialista y dejó en evidencia a la Fuerza Armada Venezolana y a todo el chavismo. Trump también le levantó las sanciones financieras personales a Delcy y la espera pronto en Washington.

El gato pardo peinado para otro lado

En estos tres meses algunas cosas han cambiado por aquí, pero en el fondo todo sigue igual. Venezuela permanece en manos de un régimen autoritario que controla todas las instituciones, la diferencia es que ahora el chavismo es tutoreado por Estados Unidos. Todavía no hay libertades civiles, ni derechos políticos, los disidentes son los sospechosos habituales y no hay en el horizonte, hasta la fecha, ninguna posibilidad de unas elecciones libres y democráticas.

Maduro es, a qué decirlo, el buey lanzado a las pirañas. Y mientras se desvanece el culto a su personalidad, ilustrado durante años por la propaganda oficial con afiches, vallas y monigotes, el chavismo teje su estrategia, definida en enero por Delcy en medio del estupor de la derrota: planean preservar el poder a toda costa, mantener la estabilidad y lograr el regreso de Maduro y Cilia Flores al país.

El regente designado, el secretario de Estado Marco Rubio, ha afirmado que el objetivo fundamental era mantener la estabilidad, «evitar una guerra civil»,una inmigración masiva, y disturbios en las calles. La segunda etapa, según Rubio, ya está ocurriendo y es la supuesta recuperación económica en Venezuela que además «beneficia a Estados Unidos».

Se refiere a la recuperación de las exportaciones petroleras de Venezuela, la mayor parte rumbo a Estados Unidos. El dinero de esas ventas entra en cuentas controladas por el tutor, no por el chavismo. Pese a los frondosos anuncios de inversiones millonarias en la industria del petróleo y el gas, todo permanece en el terreno de las expectativas y de un optimismo cauteloso.

El 38 % de los consultados cree que Venezuela está mejor sin Maduro y el 53% ve positiva la influencia de EEUU sobre el gobierno de este país, según una reciente encuesta de AtlasIntel y  Bloomberg. Para el 79% la situación económica de Venezuela es mala y lo es para el 58% de las familias. Pero el 64% cree que va a mejorar la situación del país de aquí a seis meses. Y el 65% cree que va a mejorar la situación de sus familias.

El pueblo venezolano sigue padeciendo la inflación más alta del mundo (sobre 600 % anualizada), el bolívar, la moneda local, es depreciada a diario, y los salarios y bonificaciones que reciben unos cinco millones de trabajadores públicos, profesores,maestros, policías, militares de bajo rango, jubilados y pensionados, siguen sin superar los 160 dólares por mes. La crisis energética ha empeorado, con más apagones diarios en todo el país, más escasez de gasolina, gas natural, diésel y más cortes de agua.

Sindicalistas, activistas, estudiantes, trabajadores y jubilados, han salido poco a poco a las calles en pequeñas manifestaciones todavía ganadas por el miedo. Este es otro pequeño cambio porque hasta el 3 de enero todo el que se atreviera a protestar en público tenía la cárcel segura de una vez. También han soltado a algunos famosos presos políticos y han anulado injustas  causas penales a otros centenares de ellos, aunque quedan en las mazmorras otros 490, según informes de la ONG Foro Penal.

Una supuesta Ley de Amnistía, impuesta por la Asamblea Nacional, no se parece en nada a las que ayudaron a otros paises a superar pesadillas de otras dictaduras, y a transitar hacia la democracia sin caer en el chantaje de la impunidad y el olvido. La manifiesta motivación de Trump en el proceso que tuvo su punto estelar el 3 de enero era controlar las vastas reservas de petróleo, gas, oro y minerales estratégicos de Venezuela.

Una elecciones libres, el establecimiento de la democracia y un cambio de régimen, no han encabezado la lista de las prioridades de EEUU en Venezuela. Por eso la oposición interna encabezada por Maria Corina Machado, que sigue siendo mayoría según todas las  encuestas, está obligada a recomponerse para no terminar siendo inútil e irrelevante en medio de esta nueva normalidad forzada.

Machado insiste en que «el régimen está más debilitado que nunca» y afirma que «la libertad está más cerca». «En última instancia, tendrá que haber una etapa de transición. Tendrá que haber elecciones libres y justas en Venezuela, y ese momento tiene que llegar», ha dicho Marco Rubio al pedir a los críticos ser pacientes.

Por ahora no hay unas elecciones en el mapa, ni siquiera una hoja de ruta. Y eso que el país lleva más de 90 días sin presidente, ilegítimo o no, y en caso de ausencia la Constitución obliga a convocar nuevas elecciones. Mientras, la estrategia chavista apunta a permanecer en el poder apostando a que se agote el tiempo de sus adversarios, en particular el de Trump, que sí está obligado a someterse a unas elecciones libres y a entregar el mando.

Sin nadie que lo obligue a salir, el régimen seguirá ensayando movimientos pragamaticos, sacrificando intereses prescindibles en función de un bien superior: su permanencia. Pese a que Delcy ha cambiado a algunos funcionarios del gabinete, sigue intacto el intrincado tejido chavista construido durante casi tres décadas en el poder absoluto.

A esa realidad se enfrentan los venezolanos después de tres meses sin Maduro. Y ahora este río está más revuelto, en una  mezcla de intereses políticos y económicos que serían difíciles de conciliar, en caso de que haya una necesaria transición rumbo a una soñada democracia. 

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