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Enfoque global

La confianza europea en Trump se esfumó hace tiempo

«Trump comprende el temor de los aliados a que la OTAN se desintegre y explota esta sensibilidad para obtener ventajas»

La confianza europea en Trump se esfumó hace tiempo

Donald Trump. | Presidencia de Ucrania (Zuma Press)

La creciente disputa sobre la guerra de Irán ha puesto de manifiesto los profundos desacuerdos entre Estados Unidos y los restantes miembros de la OTAN, lo que aporta motivos para valorar los elementos de futuro para la vigencia de la Alianza. 

Mientras el presidente estadounidense Donald Trump insta a los aliados europeos a apoyar los esfuerzos militares para reabrir el estrecho de Ormuz, varios miembros clave de la OTAN se oponen públicamente, aludiendo a las diferencias puestas de manifiesto en el caso concreto de Irán, no solo sobre estrategia, sino también sobre la finalidad de la Alianza. Esta brecha refleja un cambio más amplio en las relaciones transatlánticas, que se ha estado gestando durante años y que podría profundizarse si el conflicto en Irán se prolonga, al igual que el de Ucrania.

Se ponen de manifiesto argumentos que utiliza el presidente Trump para implicar a la OTAN, en forma de seguidismo, como adoptar medidas unilaterales sin contar con los aliados y luego presionarlos para que apoyen esas acciones. Trump comprende el temor de los aliados a que la OTAN se desintegre y explota esta sensibilidad para obtener ventajas siempre que puede.

Trump ni siquiera intentó convencer a los aliados más importantes de Estados Unidos; es más, ni siquiera les informó de su decisión. Y, sin embargo, cuando Irán respondió, como era de esperar, cerrando el estrecho de Ormuz, el presidente estadounidense exigió a los aliados que enviaran sus armadas a escoltar a los petroleros, a pesar de que la US Navy se ha opuesto hasta ahora a hacerlo. 

Existen opiniones sobre la conducta de Trump, desde la fanfarronería a «punto de inflexión», pasando por la afirmación de que la confianza europea en Trump desapareció hace mucho tiempo, durante su primer mandato. Otros, sin embargo, advierten que la disputa actual conlleva riesgos reales, ya que existe la probabilidad estimable de que la administración Trump aproveche la oportunidad para enviar señales negativas contundentes sobre la OTAN.

Europa contraataca

Trump ha pedido a los aliados de la OTAN que aporten fuerzas navales, incluidos buques de escolta y dragaminas, para asegurar el tránsito por el estrecho de Ormuz y sus «aproches», planteando la solicitud como una prueba de la solidaridad de la Alianza. Al mismo tiempo, adoptó un tono contradictorio, insistiendo en que «no necesitamos a nadie» y describiendo a Estados Unidos como «la nación más fuerte del mundo». «Sería muy perjudicial para el futuro de la OTAN» si los países europeos no respondieran, declaró la semana pasada. «Llevo años diciendo que, si alguna vez los necesitáramos, no estarían ahí», añadió.

Muestra de la tensión existente es que los gobiernos europeos se han mostrado reacios a involucrarse en un conflicto que no iniciaron. El ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, fue taxativo: «Esta no es nuestra guerra. Nosotros no la empezamos». El canciller alemán Friedrich Merz se hizo eco de esa postura, haciendo hincapié en el papel defensivo de la OTAN y cuestionando si la intervención en Irán entraría dentro de sus cometidos.

El Reino Unido también se ha resistido, y el primer ministro Keir Starmer ha declarado que Gran Bretaña «no se verá envuelta en una guerra más amplia» y ha recalcado que cualquier acción militar requeriría una base legal clara. España ha adoptado una postura aún más en clave interna, calificando la guerra de «ilegal», dudoso calificativo, y negándose a permitir que las fuerzas estadounidenses utilicen bases operadas conjuntamente para atacar a Irán.

En el seno de la Alianza, el Secretario General de la OTAN, Mark Rutte, ha intentado adoptar un tono más neutral, afirmando que los miembros coinciden en que el estrecho debe reabrirse, pero que aún están debatiendo la mejor manera de responder.

Una grieta profunda

Para muchos analistas, la disputa no se limita a Irán y refleja desacuerdos más profundos sobre el papel de la OTAN. El analista Daniel Hamilton afirmó que los debates europeos se han centrado históricamente en la defensa del territorio de la OTAN, no en unirse a las operaciones lideradas por Estados Unidos fuera del área central de la Alianza y compartidas con Israel: «Hasta ahora, ese debate se ha centrado en qué deberían hacer los aliados europeos de la OTAN cuando se ven amenazados. Todavía no se ha abordado qué deberían hacer con respecto a las contingencias ‘fuera de su área de influencia’, un tema que a menudo ha sido motivo de divisiones entre Estados Unidos y Europa durante varias administraciones», afirmó.

El exembajador de la OTAN, Ivo Daalder, declaró que las consecuencias de la guerra de Irán tendrán «repercusiones mucho mayores» que las de la guerra de Irak y sacudirán la seguridad económica, las alianzas y el orden mundial. «El daño ya infligido a la economía global es mucho mayor que las consecuencias económicas de la guerra de Irak en su totalidad. Pero eso no es todo. Geopolíticamente, la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán tendrá repercusiones mucho mayores que las que tuvo la guerra de Irak», añadió.

La reticencia europea también se debe a la preocupación de «depender de una estrategia que no han diseñado ni controlan». La disputa surge además en un momento delicado, antes de la Cumbre de la OTAN de 2026 que se celebrará en Ankara, la capital de Turquía, el próximo mes de julio.

Si bien Trump ha cuestionado repetidamente el valor de la OTAN y ha sugerido que Estados Unidos podría reconsiderar su papel. Ian Lesser, del German Marshall Fund, afirmó que «no preveía ningún cambio radical en la membresía o participación estadounidense», destacando el fuerte apoyo a la Alianza en el Congreso estadounidense. Sin embargo, advirtió que el tono de los desacuerdos actuales podría tener efectos duraderos.

«Volver a estar en sintonía va a ser difícil»

La guerra en Irán también está poniendo de manifiesto las prioridades contrapuestas dentro de la Alianza. A una mayoría de los gobiernos europeos les preocupa que el conflicto iraní esté desviando la atención de su principal prioridad en materia de seguridad: Ucrania.

Se señala que la guerra también es profundamente impopular entre la opinión pública europea debido a su efecto dominó sobre la inflación y el coste de la vida. Otro factor es que Estados Unidos no informó ni consultó con sus aliados de la OTAN antes de lanzar las operaciones, lo que aumentó la frustración en las capitales europeas. La magnitud de la brecha podría depender de la duración de la guerra. Si el conflicto se prolonga, sin un resultado concluyente y las dificultades económicas se acumulan, el escenario atlantista sería peligroso.

Por ahora, los líderes europeos parecen decididos a evitar la implicación directa, al tiempo que mantienen el apoyo político a la Alianza. Se estima que los líderes políticos se instalarán en la demora, mientras puedan permitírselo, pues es probable que el apoyo a Washington tenga un carácter más simbólico que verdaderamente operativo.

Al mismo tiempo, las prioridades de Estados Unidos parecen estar cambiando. Washington se está alejando de su contribución integral en la vida política, económica y de seguridad de Europa, y que en el futuro la tendencia es que su participación será más «selectiva». Es probable que Estados Unidos también pudiera verse tentado a enfrentar a los europeos entre sí para obtener ventajas marginales a corto plazo en cuestiones que la administración Trump consideraría importantes.

Este enfoque tiene implicaciones que van más allá de Irán, incluso para Ucrania, ya que se estima que desde la OTAN no se ayuda a que Ucrania logre la victoria. Sería paradójico que el futuro de Ucrania se decidiese en Europa, no en Estados Unidos.

Los analistas comparten el criterio de que, si bien las tensiones entre Estados Unidos y países europeos no son nuevas, ya que se refieren a desacuerdos pasados ​​sobre Irak, Vietnam y la crisis de Suez, el momento actual suele ser diferente. Se dice que lo que parece claro, es que Estados Unidos y los países europeos tienen prioridades diferentes, por lo que la coordinación entre ellos se ha vuelto mucho más compleja de lo que solía ser. 

Volver a ponerse de acuerdo va a ser difícil; al fin y al cabo, ya no hay consenso sobre qué representa exactamente la OTAN.

Enrique Fojón es analista del Instituto para el Bien Común Global de la Universidad Francisco de Vitoria

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