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Resaca: cinco mitos para combatirla que no funcionan (y la empeoran)

La realidad ante el alcohol es que la única forma segura de consumirlo es no consumirlo

Resaca: cinco mitos para combatirla que no funcionan (y la empeoran)

Un hombre con dolor de cabeza. | ©Gtres.

La resaca no hace prisioneros al día siguiente de haber bebido alcohol. Mucho o poco, dependerá del nivel de tolerancia, pero su presencia está vinculada, principalmente, a la cantidad de alcohol ingerido. En torno a las formas de sobrellevarla, una colección de mantras de la sabiduría popular han pretendido combatirla con ciertos trucos que, como veremos, no funcionan.

Para ello, hay que tener claro que, por ejemplo, el alcohol nos deshidrata a marchas forzadas —razón por la que el dolor de cabeza del día siguiente es habitual— o vapulea nuestro estómago a la mañana siguiente. Falsos mitos como seguir bebiendo, intentar ‘empapar’ lo bebido con algo de comida o pretender ‘quemar’ el alcohol son ideas que, no por repetidas, dejan de ser falsas.

Los síntomas, más o menos comunes, son del todo conocidos. Hablamos de dolor de cabeza y mareos, además de náuseas o la sensación de fatiga. Además, también es frecuente que seamos más sensibles a la luz y a los sonidos. A nivel orgánico, también puede venir caracterizada por un aumento del ritmo cardíaco y, en ciertos casos, cuadros relacionados con la salud mental. Desde Mayo Clinic explican que se pueden producir episodios de depresión, ansiedad e irritabilidad.

En el caso del malestar intestinal, a menudo asociado a episodios de náuseas o de irritación, topamos con que el alcohol ataca al revestimiento de la pared estomacal y aumenta la secreción de ácido. Por este motivo, el malestar estomacal o las náuseas son recurrentes.

También está muy relacionado el dolor de cabeza por una deshidratación de la que no somos conscientes. El alcohol inhibe la liberación de la vasopresina, una hormona que ordena a los riñones retener líquidos. Al no producirse, aumenta la frecuencia y las ganas de orinar, además de aumentar la excreción de líquidos. Si a eso le sumamos que podríamos ingerir ciertas bebidas diuréticas como la cerveza, la sed, el cansancio y las cefaleas pueden aparecer

A ello se debe sumar la presencia de congéneres en ciertas bebidas. Estos compuestos, sumados al alcohol etílico, se generan en la fermentación y contribuyen al sabor y olor de las bebidas alcohólicas, en especial de las oscuras. Por este motivo, ron, coñac, brandy o whisky suelen generar peores resacas, según informa Mayo Clinic. Además, también es habitual que el vino, sobre todo los que tienen una gran presencia de sulfitos, aumenten el dolor de cabeza en las personas sensibles a este derivado del azufre que se utiliza en la elaboración del vino para garantizar su estabilidad.

Resaca: cinco falsos mitos desmentidos

La única forma real de evitar tener resaca es no beber alcohol. A partir de ahí, ciertas pautas podrían ayudar a mitigar sus efectos. La primera y que funciona, siempre sin excesos, es beber con el estómago lleno o mientras estamos comiendo. De esta manera se consigue absorber más lentamente o en menor medida el alcohol. En cualquier caso, no se trata de la panacea y evidentemente, si aumentamos el consumo, la resaca acabará apareciendo.

Tampoco hace milagros el hecho de beber agua entre copa y copa, pues es una forma de equilibrar la hidratación, pero el hecho de beber agua abundantemente no exime a la resaca de su presencia. Por estos motivos, el auténtico camino para no tener resaca es prescindir del consumo de alcohol. A partir de ahí, veamos falsos mitos.

‘Sudar’ el alcohol

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Sudar el alcohol haciendo deporte intenso no es una buena idea, pues nuestro cuerpo ya estaría deshidratado. ©Unsplash.

Después de una noche de desenfreno y copas, seguro que habéis oído alguna vez el ‘quemar’ el alcohol a través del ejercicio. Como es plausible, hacer deporte de manera intensa a la mañana siguiente no es una garantía de evitar la resaca. De hecho, puede ser contraproducente porque seguiremos aumentando la evaporación de líquidos.

En este caso, el camino para paliar parte de la resaca es consumir una gran cantidad de agua e incluso apostar por ciertos alimentos que permitan restablecer el equilibrio hídrico del cuerpo. Por ello, frutas como el plátano, con una gran cantidad de potasio, podrían intentar aliviar ciertos efectos.

Seguir bebiendo alcohol durante la resaca

Parece una obviedad, pero también hay teorías algo descabelladas que pretenden ir camuflando una resaca con otra borrachera o con mantener el consumo de alcohol. Lógicamente, es un error que lo único que va a conseguir es seguir postergando la presencia de la resaca y, una vez que terminemos de beber, agravar los síntomas.

Comer mucho antes de irse a dormir

Es habitual que la comida basura, incluyendo atracos a la nevera en busca de lo primero que pillemos. Por desgracia, no es un camino para evitar la resaca. Una vez que hayamos bebido, el daño ya estará hecho. No obstante, estaremos exigiendo a nuestro organismo un extra de trabajo a la vez que se centra en eliminar el alcohol.

En ese sentido, además es frecuente que lo que comamos tras una noche de fiesta sea comida grasa que dificultará la digestión. En este caso, incluso la ingesta de carbohidratos simples como refrescos, dulces o panes lo único que harán será aumentar la absorción del alcohol y aumentar los síntomas. Sin embargo, antes de beber, consumir ciertos carbohidratos que permitan que no se produzca la hipoglucemia que provoca el alcohol.

Cuando se toma el alcohol, el hígado se centra en su excreción. Al hacerlo, deja de lado la liberación de glucosa y la consecuente falta de energía, por lo que el nivel de azúcar en sangre puede bajar rápidamente. Si esto se produce, llegamos a la hipoglucemia, que puede derivar en arritmias cardíacas, fatiga, temblores o irritabilidad. En este caso, a la mañana siguiente, mejor consumir frutas y verduras, especialmente las más ricas en fructosa.

El analgésico preventivo

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El único consumo seguro de alcohol es el no consumo. ©Unsplash.

Después de atiborrarse a alcohol y antes de meterse en la cama, son muchas las personas que deciden acudir a un antiinflamatorio o un analgésico para contrarrestar el incipiente dolor de cabeza. Ibuprofeno, aspirinas, paracetamol y distintos AINE (como el dexketoprofeno) se cuelan en la madrugada del resacoso.

Como resulta obvio y como advierten todos los prospectos, no se debe consumir alcohol mientras se toman medicamentos. Además, este tipo de medicamentos pueden venir aparejados a ciertos problemas de irritación estomacal o daño hepático, sobre todo si se abusa de ellos. De hecho, en caso de tomar la pastilla al día siguiente, sería preferible apostar por el ibuprofeno, pero nunca convirtiéndolo en hábito.

‘Dormir’ la mona

Esta expresión tan castiza suele ser una solución habitual cuando la borrachera llega a su punto álgido. Es cierto que el alcohol es un poderoso iniciador del sueño, pero el descanso que facilita es fragmentado y por tanto no se consigue descansar. Además, al dormir, nuestro cuerpo entra en un pequeño letargo en el cual las funciones vitales se ralentizan y, por tanto, la expulsión del alcohol también se ve frenada.

En este caso, frente al hecho de realizar ejercicio intenso, el camino correcto sería mantenerse despierto en la medida de lo posible para que el organismo no se acerque a este stand-by. Si esto fuera imposible y el sueño se apodera de nosotros, siempre tumbado de lado para evitar vómitos y, a ser posible, acompañado.

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