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Patricia Ramírez, psicóloga, sobre el autocuidado: «Tener hábitos diarios que te cuiden es un derecho, no un regalo»

Practicar el cuidado personal es, en esencia, aprender a vivir de manera consciente y generosa con uno mismo

Patricia Ramírez, psicóloga, sobre el autocuidado: «Tener hábitos diarios que te cuiden es un derecho, no un regalo»

Autocuidado | Canva pro

Nuestra vida cotidiana, marcada por la rapidez y las exigencias constantes, muchas veces nos hace olvidar algo fundamental: cuidarnos a nosotros mismos. La psicóloga Patricia Ramírez subraya que el autocuidado no es un lujo ni un premio, sino un derecho. «Tener hábitos diarios que te cuiden es un derecho, no un regalo», afirma, insistiendo en la importancia de establecer rutinas que protejan tanto la salud física como la mental.

Para Ramírez, el equilibrio es la clave. Vivir en equilibrio significa distribuir el tiempo de manera consciente entre trabajo, descanso, cuidado personal y hábitos saludables. No se trata solo de escapadas esporádicas o de fines de semana en un balneario. «Pensamos que irnos un fin de semana a un balneario es desconexión, es un regalo, pero no el autocuidado. El autocuidado es diario», explica. Cada día, asegura, debemos comprometernos con pequeños gestos que nos mantengan en contacto con nuestro bienestar.

Hábitos diarios innegociables

Estos hábitos, lejos de ser opcionales, deben considerarse innegociables. Se trata de actos sencillos que permiten reconectar con uno mismo y con las propias necesidades. Ramírez menciona ejemplos concretos: dedicar tiempo al ejercicio, elegir los alimentos de manera consciente, cocinar de forma saludable, leer, escribir o disfrutar de un café con una amiga. Todas estas actividades, aparentemente pequeñas, contribuyen a que la vida no se sienta como una presión constante, sino como un espacio en el que se puede reposar, reflexionar y recuperar energía.

Autocuidado

Consecuencias de descuidar el autocuidado

La especialista advierte sobre los efectos de descuidar estas rutinas. Si durante el día no realizamos actividades que nos generen ilusión o nos permitan descansar de manera real, nuestra vida comienza a acumular tensión de forma silenciosa. «Si durante el día no haces cosas que te generen ilusión y que te permitan reposar la vida, vas como una olla a presión acumulando», señala, enfatizando que la falta de autocuidado diario no solo desgasta, sino que puede afectar nuestra salud física y mental a largo plazo.

El autocuidado, por tanto, implica conciencia y consistencia. Ramírez insiste en que no se trata de un acto extraordinario, sino de un compromiso cotidiano con uno mismo. Implica identificar aquellas actividades que nos nutren y asegurarnos de que formen parte de nuestra rutina diaria. Esto requiere disciplina y, a veces, aprender a decir que no a compromisos que invaden nuestro tiempo de bienestar.

Autocuidado como prevención y resiliencia

Además, subraya que cuidar de uno mismo no es un acto egoísta. Por el contrario, quienes practican autocuidado constante suelen estar mejor equipados para enfrentar los desafíos diarios, mantener relaciones más sanas y desarrollar una mayor resiliencia emocional. El autocuidado, entonces, se convierte en un mecanismo preventivo, una manera de protegernos antes de que el estrés o la fatiga nos pasen factura.

Cuidar de uno mismo no es un acto egoísta

La psicóloga también destaca la dimensión emocional del autocuidado. No se trata únicamente de la salud física o de la apariencia externa, sino de cultivar espacios de bienestar mental y emocional. La lectura, la escritura, la creatividad o incluso un simple momento de tranquilidad permiten a la mente relajarse, procesar emociones y fortalecer la sensación de plenitud. Estos pequeños actos diarios, afirma, construyen un escudo invisible contra el desgaste emocional y nos ayudan a mantenernos centrados en nuestras prioridades.

El mensaje de Ramírez es claro: el autocuidado no es un premio que nos damos de vez en cuando, sino un derecho diario que debemos ejercer sin culpa. Adoptar hábitos que nos protejan y nos reconecten con nuestras necesidades más profundas no solo mejora nuestra salud, sino que también nos permite vivir con mayor plenitud y autenticidad.

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