Elisa Blázquez, nutricionista, habla claro sobre el ayuno intermitente: «Viene bien no cenar un día a la semana, pero no generalizaría»
Esta actividad puede ser una herramienta útil en algunos casos, pero no una receta universal válida para todos

Ayuno intermitente | Canva pro
El ayuno intermitente se ha consolidado como una de las tendencias nutricionales más populares de los últimos años. Asociado a la pérdida de peso, la mejora del metabolismo y la prevención de enfermedades, su popularidad en redes sociales contrasta con la cautela de muchos profesionales de la salud. Elisa Blázquez, nutricionista, introduce matices en un debate que, según advierte, se ha simplificado en exceso.
«El ayuno hay que personalizarlo», afirma con rotundidad. Para Blázquez, uno de los principales problemas es que cuando se habla de ayuno intermitente no todo el mundo está hablando de lo mismo. Algunas personas entienden que significa no comer en todo el día, mientras que otras se refieren simplemente a no cenar. «Por eso hay que afinar bien de qué estamos hablando», subraya, porque bajo una misma etiqueta conviven prácticas muy distintas.
«Lo ideal es hacer tres comidas y descansos digestivos»
Desde su experiencia clínica, Blázquez defiende que una pauta razonable para la mayoría de la población es realizar tres comidas al día y evitar el picoteo constante. En este enfoque, introduce una visión más flexible del ayuno intermitente. «Esos pequeños ayunos entre el desayuno, la comida y la cena ya son descansos digestivos», explica, y añade que este tipo de pausas también pueden considerarse ayuno intermitente.
La ciencia respalda parcialmente esta idea. Diversos estudios publicados en revistas como Cell Metabolism indican que espaciar las ingestas puede mejorar la sensibilidad a la insulina y reducir la inflamación. No obstante, los propios investigadores señalan que estos beneficios dependen de múltiples factores, como el estado de salud, el estilo de vida y la regularidad de los horarios.

No cenar un día a la semana, cuándo puede tener sentido
Blázquez reconoce que, en determinados casos, realizar un ayuno más prolongado puede aportar beneficios. «A quien le siente bien y pueda, por ejemplo, no cenar un día a la semana», apunta, en referencia al popular ayuno de 16 horas. Este tipo de práctica implica alargar el periodo sin comer desde la tarde hasta la mañana siguiente. Durante ese tiempo, el organismo activa procesos fisiológicos que pueden resultar positivos. «El cuerpo en el ayuno obtiene beneficios, ayudamos al intestino a recuperarse, a la microbiota a regularse y también favorecemos procesos de detoxificación», explica la nutricionista.
Qué dice la evidencia científica sobre el ayuno prolongado
La investigación científica respalda parte de estas afirmaciones, aunque con importantes matices. Estudios del Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de Estados Unidos señalan que durante el ayuno se activa la autofagia, un mecanismo de limpieza celular relacionado con la salud metabólica. También se ha observado una mejora en algunos marcadores de riesgo cardiovascular. Sin embargo, los expertos coinciden en que estos efectos no son universales ni automáticos. La respuesta al ayuno varía de una persona a otra y no todos los organismos lo toleran igual, especialmente en contextos de estrés, enfermedad o alta demanda energética.
Por qué no se debe generalizar el ayuno intermitente
Este es el punto en el que Blázquez es más contundente. «Yo no generalizaría y no diría ahora mismo que todo el mundo tiene que ayunar», afirma. Existen perfiles para los que esta práctica puede resultar contraproducente, como personas con trastornos de la conducta alimentaria, problemas hormonales, mujeres embarazadas o quienes realizan actividad física intensa. El mensaje coincide con el consenso de la mayoría de sociedades científicas, que recomiendan huir de las soluciones universales y priorizar la individualización de la dieta.
Más allá de modas y titulares, Blázquez resume su postura en una idea sencilla. «Vamos a intentar no comer a todas horas», señala. Respetar los tiempos del cuerpo, mantener horarios regulares y adaptar las estrategias nutricionales a cada persona sigue siendo, según la experta, la base de una alimentación saludable.
