José Carbonell (59), psiquiatra, sobre buscar pareja para ser feliz: «Tienes más una relación de dependencia que equilibrada»
Cuando se quiere a alguien por necesidad y no por elección, se está condenando esa relación a un fracaso en picado

Una pareja con dependencia emocional | Canva pro
La creencia de que tener pareja es una condición indispensable para ser feliz continúa muy arraigada en la sociedad. El relato cultural, encabezado durante décadas por las populares películas de Disney y Hollywood, ha presentado el amor romántico como el punto de llegada, el elemento que completa a la persona y da sentido a su vida. Sin embargo, cada vez más especialistas en salud mental alertan de los riesgos de este enfoque. Entre ellos, el psiquiatra José Carbonell, que cuestiona abiertamente la idea de buscar pareja como vía para alcanzar el bienestar emocional.
La felicidad no debería ser un objetivo delegado en la pareja
José Carbonell defiende que «el momento en el que una persona se enamora es determinante para la salud de la relación». En su opinión, «las personas que se encuentran bien consigo mismas, estables y satisfechas con su vida, son las que están en mejores condiciones para iniciar un vínculo sano». Cuando ocurre lo contrario y se busca pareja para compensar una sensación de vacío, soledad o infelicidad previa, el riesgo es construir una relación basada en la necesidad y no en la elección.
El psiquiatra explica que, en estos casos, «lo que se establece no es una relación equilibrada, sino una dinámica de dependencia emocional». La pareja pasa a ocupar el lugar de salvador, de sostén emocional o de fuente exclusiva de felicidad, «una carga difícil de sostener a largo plazo» y que suele generar conflictos, inseguridad y frustración.
El mito de que sin pareja no se está completo
Carbonell reconoce que «muchas personas creen firmemente que solo podrán sentirse plenamente felices si tienen pareja». Ese ideal, profundamente interiorizado, lleva a pensar que estar solo es sinónimo de fracaso o carencia. Sin embargo, advierte que «esta visión suele ocultar una falta de trabajo personal previo». Y es que cuando una persona no se siente válida o satisfecha por sí misma, es habitual que traslade esa expectativa a la relación. La consecuencia suele ser una necesidad constante de aprobación, miedo al abandono y dificultad para tolerar los espacios individuales. Lejos de aportar estabilidad, la relación termina convirtiéndose en una fuente añadida de malestar.
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El estado óptimo para que una pareja funcione
Para José Carbonell, «el escenario más favorable para que una relación prospere es aquel en el que ambos miembros se encuentran en un buen momento vital». Esto no implica una felicidad permanente o una vida sin problemas, sino una base de estabilidad emocional y autoestima suficiente para compartir sin depender. Cuando cada persona ha desarrollado su autonomía, la comunicación fluye con mayor facilidad, se pueden hacer planes en común desde el deseo y no desde la necesidad, y los conflictos se afrontan sin que la relación se perciba como una amenaza constante. En ese contexto, la pareja suma, pero no sustituye el bienestar individual.
La visión de Carbonell coincide con la de Silvia Congost, psicóloga especializada en dependencia emocional, que lleva años señalando que «el amor sano no nace de la carencia». Congost explica que «cuando se busca pareja para llenar un vacío interno, se está poniendo en el otro una responsabilidad que no le corresponde, la de hacernos sentir completos». Según la psicóloga, este tipo de vínculos suelen estar marcados por «el miedo a perder, el sacrificio excesivo, la dificultad para poner límites». En lugar de disfrutar del vínculo, la persona vive pendiente de no quedarse sola, lo que termina deteriorando la relación y la autoestima.
La importancia de estar bien solo para amar sano
Congost insiste en que «aprender a estar bien sin pareja no significa renunciar al amor, sino prepararse para vivirlo de forma más sana». Cuando una persona se siente completa por sí misma, no necesita controlar ni retener al otro, y puede construir una relación desde la libertad y el respeto mutuo.
Tanto ella como José Carbonell coinciden en una idea clave: «la pareja no debería ser un parche emocional ni una solución a los problemas personales». La felicidad no aparece automáticamente con una relación, y confiar en ello suele conducir a vínculos desequilibrados. En cambio, cuando dos personas emocionalmente estables deciden compartir su vida, las posibilidades de construir una relación sana y duradera aumentan de forma significativa.

Congost señala además que «uno de los motivos por los que generamos dependencia emocional y no podemos soltar una relación, aunque sepamos que no nos aporta satisfacción, es el miedo a la soledad». Explica que nuestro cerebro asocia estar solos con estar aislados, apartados de los demás y sin contacto con nadie, pero «eso no es la soledad real». La verdadera soledad consiste en aprender a estar con nosotros mismos, poder vivir un domingo por la tarde sin planes ni nadie a quien recurrir, y sentirnos en paz y bien con nuestra propia compañía. Tener pareja no es imprescindible, pero sí es fundamental contar con un círculo social enriquecedor, ya sea de una o veinte personas, con quienes exista conexión y afecto, aunque no sea amor de pareja.
