The Objective
Lifestyle

Ya lo confirmó Sócrates, filósofo, a sus 70 años, sobre ser feliz: «La vida sin examen no merece la pena»

El filósofo revolucionó la idea de la felicidad al afirmar que era el fruto de una vida gobernada por la razón y el dominio de uno mismo

Ya lo confirmó Sócrates, filósofo, a sus 70 años, sobre ser feliz: «La vida sin examen no merece la pena»

Estatua de Sócrates en Atenas

Desde Atenas, Sócrates (469-399 a. C.) instó incansablemente a sus conciudadanos a reflexionar sobre cuestiones fundamentales como la verdad, la justicia y la felicidad. De hecho, el filósofo estaba convencido de que «la vida sin examen no merece la pena». Una afirmación que dijo cuando tenía aproximadamente 70 años, y que aparece en la Apología de Sócrates de Platón, donde se recrea su discurso de defensa ante el tribunal ateniense en el año 399 a. C.

Aunque insistía en su propia ignorancia como punto de partida del saber, Sócrates sostenía convicciones firmes. La principal era que la felicidad no depende del azar ni del favor divino, sino del esfuerzo humano y del modo en que cada persona orienta su vida.

En concreto, recomendaba someter los deseos al control racional y armonizar las distintas partes del alma. De este modo, se podía alcanzar un estado de serenidad interior casi divino, inaccesible a los vaivenes del mundo exterior. Esta moderación no implicaba una negación de la vida, sino una forma de libertad interior basada en la autosuficiencia y el dominio de uno mismo.

Sócrates defendía que la felicidad se alcanza mediante el esfuerzo humano

En lo que se refiere a la historia de la felicidad, Sócrates ocupa un lugar singular en ella, ya que fue la primera figura conocida en Occidente que defendió explícitamente que la felicidad se alcanza mediante el esfuerzo humano. En aquella época, esta forma de pensar era completamente novedosa, pues para los griegos la felicidad era algo excepcional, reservado a quienes contaban con el favor de los dioses. Y pretender alcanzarla por medios propios se consideraba un orgullo desmedido que atraía severos castigos. En este contexto irrumpe Sócrates con una propuesta radicalmente optimista: la felicidad no es un regalo del destino, sino el resultado de una vida gobernada por la razón.

La felicidad no es un regalo del destino, sino el resultado de una vida gobernada por la razón. La clave de la felicidad consiste en desplazar la atención del cuerpo hacia el alma

Según él, la clave de la felicidad consistía en desplazar la atención del cuerpo hacia el alma, tal y como detallan los expertos. Al armonizar los deseos, el ser humano podía calmar la mente y acceder a una tranquilidad profunda. Por ello, una vida moral resultaba preferible a una inmoral, no solo por razones éticas, sino porque conducía a una vida más estable y satisfactoria.

Sócrates fue un filósofo siempre dispuesto a aprender y a hacer preguntas. Pero al cuestionar opiniones heredadas y seguridades infundadas, desafiaba directamente el orgullo intelectual de sus contemporáneos, lo que explica la hostilidad que acabó despertando. De hecho, fue acusado de corromper a la juventud y condenado a morir envenenado con cicuta. Y afrontó la muerte con serenidad, conversando animadamente con sus amigos hasta el último momento.

Los tres diálogos de Sócrates sobre la felicidad

Aunque Sócrates no dejó nada escrito, su discípulo Platón plasmó su pensamiento en numerosos diálogos donde este aparece como personaje central. Aun cuando el debate académico continúa sobre cuánto hay de Sócrates histórico y cuánto de elaboración platónica, estas tres ideas han sido atribuidas a Sócrates:

  • El Eutidemo: la felicidad y el buen uso de las cosas. El Eutidemo es la primera obra filosófica occidental que aborda explícitamente el concepto de felicidad. En ella, Sócrates sostiene que la felicidad es el fin último de todas las acciones humanas y que no depende de los bienes externos, sino del uso que se haga de ellos. El dinero, la belleza o la inteligencia no son buenos ni malos en sí mismos: su valor depende de la sabiduría de quien los utiliza. La clave de la felicidad reside, por tanto, en la capacidad de orientar la propia vida mediante el conocimiento y la reflexión, no en la mera satisfacción de deseos.

La clave de la felicidad reside en la capacidad de orientar la propia vida mediante el conocimiento y la reflexión, no en la mera satisfacción de deseos

  • El Simposio: Eros y la transformación del deseo. El Simposio se desarrolla en el contexto de un banquete en honor a Eros. Frente a quienes identifican el deseo con la felicidad, Sócrates introduce una visión más compleja: el deseo es siempre carencia y, por ello, nunca puede proporcionar satisfacción plena por sí mismo. Sin embargo, Eros desempeña un papel esencial como impulso que puede ser educado. A través de un proceso de elevación, el ser humano puede pasar del amor por los placeres sensibles al amor por la Belleza en sí. Cuando el alma alcanza esta visión, experimenta una plenitud descrita en términos casi místicos.
  • La República: justicia, placer y felicidad. Por último, en La República, Sócrates se propone demostrar que la persona justa es más feliz que la injusta. La injusticia se manifiesta como un conflicto interno, mientras que el alma justa conserva la serenidad incluso en circunstancias adversas. La felicidad queda así definida como un estado interno, independiente de los factores externos.
Publicidad