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Luis Miguel Real, psicólogo, habla alto y claro sobre alcanzar la felicidad: «Nos han vendido la idea de que es solo cuestión de actitud»

Pretender que nuestro bienestar dependa solo del estado de ánimo no es solo una quimera: es una trampa al solitario

Luis Miguel Real, psicólogo, habla alto y claro sobre alcanzar la felicidad: «Nos han vendido la idea de que es solo cuestión de actitud»

Un hombre estresado. | ©Freepik.

Limitar la felicidad a una cuestión de afrontar la vida es un error. Durante siglos, hemos intentado encontrar los caminos para llegar a ser felices y no son pocos los filósofos y pensadores que han intentado hallar una llave que nos atormenta, casi como especie. El siglo XXI no es una excepción, evidentemente, a pesar de que, en la teoría, nos podamos encontrar rodeados de elementos que nos ayudarían a llegar a ella. Sin embargo, nos sigue faltando algo.

No son los tiempos de Séneca. Ni de Marco Aurelio. Ni tampoco intentamos encontrar la felicidad en los bienes materiales. Tampoco vestirnos de estoicismo para hacer que todo nos resbale. Hacia la felicidad no hay atajos. Tampoco, de hecho, hay una definición a la que nos pudiéramos agarrar. Quizá forme parte de nuestro propio libre albedrío como humanos y eso sea lo que nos aterre. Por eso tampoco extraña que en redes sociales proliferen, sobre todo desde hace unos años, vástagos de psicología positiva que insisten en que la felicidad es, a menudo, una cuestión de actitud. Y ahí es donde profesionales como el psicólogo Luis Miguel Real discrepan.

Real usa sus redes sociales para desmontar el relato edulcorado que rodea al bienestar. Su mensaje es directo: la felicidad no se logra solo con frases motivacionales. Hay condicionantes materiales y económicos que pesan tanto o más que la voluntad. Ignorar esos factores equivale a culpar a quien sufre. Una trampa que alimenta, según este profesional, toda una industria del bienestar superficial. Algo que denuncia desde su cuenta de Instagram @luismiguelreal.psicologo.

La felicidad no es una cuestión de actitud

Abrir cualquier red social basta para toparse con decenas de consejos sobre cómo ser feliz. Medita diez minutos, escribe lo que agradeces, repite afirmaciones al espejo. Real lo resume con claridad: «Nos han vendido la idea de que la felicidad es solo cuestión de actitud». El problema es que este enfoque traslada toda la responsabilidad al individuo. Si no eres feliz, el fallo es tuyo, no de tus circunstancias. Una lógica que deja fuera cualquier factor externo.

Es cierto que la actitud influye en cómo afrontamos los reveses. Una mirada constructiva ayuda a sobrellevar dificultades. También sabemos que la alimentación, el ejercicio o el descanso mejoran el ánimo. Vemos personas que, con menos recursos, transmiten serenidad. Pero esa imagen «de cara a la galería» no refleja la complejidad interior. La felicidad tiene demasiados matices para reducirla a un acto de voluntad.

Disociar la felicidad de las circunstancias materiales resulta injusto. No es lo mismo predicar optimismo desde la estabilidad que desde la incertidumbre. Real lo expresa sin ambages: «No es lo mismo ser optimista cuando tienes estabilidad que cuando no sabes cómo pagar el próximo mes». La felicidad no es un interruptor que se enciende con voluntad. Hay factores externos que anulan cualquier esfuerzo individual. Reconocerlo no es pesimismo: es realismo.

El factor económico de la felicidad

El mantra «el dinero no da la felicidad» se repite como un dogma. Encierra una verdad parcial: acumular riqueza no garantiza bienestar. Pero ignorar el papel del dinero es igual de engañoso. El dinero cubre necesidades básicas como vivienda, alimentación o sanidad. Sin esas bases resueltas, hablar de felicidad es pura teoría. Real lo plantea de forma gráfica: «No es lo mismo gestionar la ansiedad con el alquiler pagado que con un nudo en el estómago cada mes».

La independencia económica resulta clave para la salud mental. Disponer de cierto ahorro ofrece un margen que reduce la ansiedad. Tomar decisiones sin el agobio de llegar a fin de mes refuerza la autoestima. Real insiste: «La inseguridad económica pesa, desgasta y afecta a la autoestima». Psiquiatras y psicólogos coinciden en que lo socioeconómico está detrás de muchos cuadros de depresión. Negar esa conexión es cerrar los ojos ante la evidencia clínica.

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A menudo, insistir en que la felicidad es una cuestión de actitud, invisibiliza otros problemas. ©Freepik.

Conviene matizar: tener dinero no equivale a ser feliz. Pero carecer de él dificulta enormemente el camino. Real añade que no se gestiona igual el estrés «cuando tienes acceso a terapia que cuando tu energía se va en sobrevivir». La precariedad no solo limita el acceso a bienes materiales. También recorta el tiempo libre y la posibilidad de invertir en uno mismo. Quien vive al límite tiene pocas opciones de autocuidado.

Respirar tranquilo: el verdadero autocuidado

Si la actitud no basta y el dinero condiciona la salud mental, ¿qué queda por hacer? Lo primero, según Real, es dejar de culpabilizarse. La tristeza o la ansiedad son respuestas lógicas ante situaciones adversas. Sentirse mal no significa estar roto. En sus palabras: «A veces lo que necesitas no es ver las cosas de otra manera, sino exigir condiciones que te permitan respirar». Esa frase resume una filosofía que pone el foco en lo estructural.

El autocuidado real va más allá de baños de espuma y velas aromáticas. Implica dormir lo suficiente, comer bien y moverse con regularidad. Pasa también por poner límites en el trabajo y cultivar relaciones sanas. No es casualidad que quienes más apuros económicos padecen accedan menos a estos recursos. El bienestar requiere tiempo, un lujo que la precariedad confisca. Cuidarse, en definitiva, es también cuestión de justicia social.

La propuesta de Luis Miguel Real no es nihilista ni demoledora. No niega el valor de la actitud ni del esfuerzo personal. Lo que denuncia es la simplificación excesiva de un fenómeno complejo. Ser feliz no depende de una decisión matutina frente al espejo. Depende de factores biológicos, económicos, sociales y psicológicos. Asumir esa complejidad es el primer paso para abordar el bienestar con honestidad.

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