Aristóteles, filósofo, ya lo adelantó a sus 60 años: «Amar es desear el bien del otro por encima del propio»
Cuando pensamos en querer a alguien, a menudo olvidamos que amar también significa desear que esa persona sea mejor cada día

Aristóteles | Canva pro
Aristóteles, filósofo de la Grecia Clásica, ya lo adelantó a sus 60 años: «Amar es desear el bien del otro por encima del propio». La frase aparece en su obra Retórica, concretamente en el Libro II, Capítulo 4, y resume de manera sencilla una de las ideas centrales de su ética: el amor como acto deliberado de reconocimiento y cuidado hacia el otro. Considerado uno de los padres de la filosofía, las enseñanzas de Aristóteles siguen de plena actualidad, más de 2.300 años después, influyendo en cómo entendemos la amistad, el amor y la felicidad en nuestra vida cotidiana.
Sin dejar de lado a pensadores contemporáneos como Byung Chul Han, que reflexiona sobre la depresión, o José Antonio Marina, con sus ideas sobre el respeto hacia todas las personas, Aristóteles ofrece una mirada atemporal sobre las relaciones humanas. Sus conceptos, lejos de quedar confinados a la teoría, pueden aplicarse directamente a nuestras parejas y vínculos afectivos.
La ‘philia’: amor y amistad según Aristóteles
Lo primero será entender que Aristóteles no separaba el amor de la amistad al hablar de la philia. De manera simplificada, la philia es el amor que une a las personas cuando se desean mutuamente el bien, se reconocen como valiosas en sí mismas y comparten una vida, valores o proyectos. Para él, las relaciones humanas felices no se basan en la pasión impulsiva ni en el sentimiento momentáneo, sino en un vínculo estable, elegido y recíproco.
Por ello, en su Retórica (Libro II, Capítulo 4), afirma: «Amar (philein) es querer para alguien aquello que uno cree bueno, por él y no por uno mismo, y ser capaz de realizarlo, en la medida de lo posible». Esta frase condensa la esencia del amor aristotélico: amar significa desear activamente el bien del otro, por el valor intrínseco que ese bien tiene para la persona amada, no por la satisfacción propia.

Aplicando la filosofía de Aristóteles al amor de pareja
La filosofía de Aristóteles al servicio del amor muestra que, aunque él no abordó el concepto de pareja tal como lo entendemos hoy, sus reflexiones ofrecen claves precisas para construir relaciones sentimentales felices. La base está en un querer activo del bien del otro, compartir valores y apoyarse mutuamente para crecer como personas. Este tipo de compromiso no siempre es evidente, pero es fundamental para la estabilidad y la satisfacción en la pareja.
Expertos contemporáneos como Arthur C. Brooks, profesor de la Universidad de Harvard, encuentran en la teoría aristotélica una sorprendente resonancia con la psicología moderna: «una pareja feliz se construye sobre el compañerismo, el afecto mutuo y la generosidad equilibrada». Aunque han cambiado los contextos sociales y culturales, la visión de Aristóteles sigue siendo una referencia sólida para entender por qué algunas parejas logran relaciones verdaderamente duraderas y plenas.
En la misma línea, la psicóloga Silvia Congost señala que el enamoramiento surge de manera espontánea, pero el amor se construye: requiere humildad, esfuerzo y disciplina. Es necesario reconocer que no somos ni más ni menos que la otra persona, enfrentar juntos los momentos difíciles, recordar por qué elegimos estar juntos, mantener la fe en la relación, saber comunicar lo que sentimos y expresar nuestras necesidades. Amar no es algo que simplemente sucede, sino un aprendizaje constante que implica compromiso, práctica y gestión consciente de todos estos ingredientes para que la relación crezca y se mantenga sólida.
