Bessel van der Kolk (82), psiquiatra: «Para ser feliz, entender tu dolor no es suficiente; tu cuerpo debe volver a sentirse a salvo»
La recuperación real empieza cuando el organismo deja de reaccionar como si la amenaza siguiera presente

Bessel van der Kolk | Instagram
Durante décadas, la salud mental se explicó casi exclusivamente desde la mente. El sufrimiento se interpretaba como un problema de pensamientos, recuerdos o emociones mal procesadas. Sin embargo, uno de los investigadores más influyentes en el estudio del trauma sostiene que esa visión es incompleta. Para el psiquiatra neerlandés Bessel van der Kolk, comprender el dolor no basta para sanar. El cuerpo también debe participar en el proceso.
La frase que resume esta idea se ha difundido ampliamente en entrevistas y textos de divulgación sobre trauma: «Para ser feliz, entender tu dolor no es suficiente, tu cuerpo debe volver a sentirse a salvo». El planteamiento conecta con décadas de investigación clínica del especialista, conocido por su trabajo sobre el trastorno de estrés postraumático y por su libro más influyente, El cuerpo lleva la cuenta.
Van der Kolk, nacido en 1943, ha dedicado más de cuarenta años a estudiar cómo las experiencias traumáticas alteran no solo la mente, sino también el sistema nervioso, la memoria y las respuestas físicas del organismo. Sus investigaciones han contribuido a cambiar la forma en que la psicología y la psiquiatría entienden la recuperación emocional, introduciendo una mirada más amplia que incluye tanto los procesos psicológicos como los biológicos.

El trauma no vive solo en la mente
El punto de partida de su trabajo es una observación repetida durante años en consulta. Muchos pacientes que habían vivido situaciones extremas, desde abusos infantiles hasta experiencias de guerra o violencia, podían explicar perfectamente qué les había ocurrido. Conocían el origen de sus miedos, de su ansiedad o de sus bloqueos emocionales.
Sin embargo, a pesar de esa comprensión racional, seguían sintiendo que su cuerpo reaccionaba como si el peligro continuara presente. Palpitaciones, tensión muscular constante, dificultad para relajarse o episodios de pánico aparecían incluso cuando la situación objetiva era segura.
Esa contradicción es clave para entender su teoría. Según el psiquiatra, el cerebro racional puede comprender la historia del trauma, pero no siempre logra desactivar las respuestas automáticas del cuerpo. «El organismo sigue reaccionando con mecanismos de supervivencia aprendidos en el pasado». En otras palabras, el trauma no queda almacenado únicamente como un recuerdo. También se manifiesta en la forma en que el sistema nervioso responde al entorno.
Cómo eecuperar la sensación de seguridad
La idea central que defiende Van der Kolk es que el trauma altera los sistemas de alarma del cerebro. El cuerpo queda atrapado en un estado de alerta permanente, como si el peligro pudiera reaparecer en cualquier momento. Este estado de hipervigilancia afecta a múltiples aspectos de la vida cotidiana. Muchas personas con experiencias traumáticas tienen dificultades para dormir, para concentrarse o para confiar en los demás. Incluso en contextos seguros, su organismo sigue preparado para reaccionar.
Desde esa perspectiva, la recuperación no consiste únicamente en analizar lo sucedido o poner palabras al dolor. Implica algo más profundo, reentrenar al sistema nervioso para que vuelva a reconocer la calma y la seguridad. En su trabajo clínico, el especialista ha defendido terapias que integran el cuerpo en el proceso de recuperación. Entre ellas menciona prácticas como el yoga, la respiración consciente, el movimiento rítmico o determinadas terapias somáticas. Estas estrategias buscan ayudar al organismo a salir del estado de alerta crónica y recuperar una sensación básica de control.
Una nueva forma de entender la felicidad
Una de las ideas más conocidas del investigador aparece en el propio título de su libro más famoso, El cuerpo lleva la cuenta. Con esa expresión explica que las experiencias traumáticas dejan huellas físicas en el sistema nervioso, incluso cuando la mente intenta olvidarlas o racionalizarlas. Según sus estudios, el trauma puede modificar circuitos cerebrales relacionados con la memoria, las emociones y la percepción del peligro.
Por eso muchas personas reaccionan de forma automática ante estímulos aparentemente cotidianos, como un sonido, una mirada o una situación social. No se trata de una reacción consciente. Es una respuesta biológica que el cuerpo aprendió para sobrevivir en un momento de amenaza. Esa memoria corporal puede mantenerse activa durante años si no se trabaja de forma específica. Para el psiquiatra, comprender este mecanismo es fundamental para cambiar la forma en que se tratan los trastornos relacionados con el trauma.
Para Van der Kolk, el bienestar no depende solo de interpretar correctamente lo que nos ocurrió. También está ligado a algo más básico, la sensación corporal de seguridad. Cuando el organismo vuelve a experimentar calma, conexión y estabilidad, la mente puede reorganizarse y las emociones se vuelven más manejables.
