The Objective
Lifestyle

Josep María Esquirol (63), filósofo: «La felicidad no es un estado de plenitud; está relacionada con darse cuenta de que uno va en la buena dirección»

Se trata de reconocer que se está construyendo una vida que merece ser vivida, día a día, con sentido y dirección

Josep María Esquirol (63), filósofo: «La felicidad no es un estado de plenitud; está relacionada con darse cuenta de que uno va en la buena dirección»

Josep María Esquirol | Marc VilaEFE

En el panorama filosófico contemporáneo, destaca con claridad la voz de Josep María Esquirol. Su pensamiento sobre la felicidad se aleja de los clichés de la autoayuda y propone un enfoque diferente: la felicidad no se alcanza como un estado de plenitud, sino que tiene que ver con darse cuenta de que uno va en la buena dirección.

Para Esquirol, la existencia humana no es una serie de metas que alcanzar, sino un continuo de experiencias, decisiones y encuentros que dan sentido a la vida. Su concepción de la felicidad se distancia de la idea hedonista o maximalista que identifica la vida feliz con la ausencia de dificultades o con una satisfacción continua. La felicidad, según él, no es contraria al dolor ni a la tristeza, sino una forma de percibir y orientar la vida de manera consciente.

La acción como núcleo de la felicidad

En sus intervenciones, Esquirol resume su pensamiento afirmando que la felicidad está relacionada con la acción. Esa acción se reconoce cuando uno percibe que está contribuyendo a algo valioso, que ha experimentado belleza o que ha vivido encuentros significativos. Esta definición rompe con la visión tradicional que asocia la felicidad con estados emocionales prolongados, y subraya que las dificultades no son un obstáculo que la anule, sino un componente inevitable y necesario de la existencia.

Su propuesta dialoga con la tradición aristotélica de la eudaimonía, que entiende la felicidad como realización de una vida virtuosa, no como placer momentáneo. La filosofía de la felicidad ha debatido históricamente si se trata de un estado mental, una cualidad de vida bien vivida o un objetivo ético. Y es que Esquirol retoma esta idea situando la felicidad en la acción, la atención y el sentido con que se vive el presente y se proyecta el futuro.

En obras como La escuela del alma, Esquirol enfatiza la importancia de la atención y la proximidad como condiciones para que la vida sea significativa. La felicidad no se limita a la satisfacción individual, sino que se despliega en la interacción con el mundo y con los otros, en la forma en que cuidamos y cultivamos nuestras relaciones y experiencias cotidianas.

La escuela del alma

Este enfoque implica una crítica a la idea de felicidad ligada a logros materiales o reconocimiento social. Según Esquirol, la vida auténtica se encuentra en la atención a lo cotidiano y en apostar por actividades que conectan con lo esencial, incluso si implican esfuerzo y sacrificio. La felicidad no es un resultado, sino un proceso consciente y valioso que surge de la orientación ética y existencial de cada acción.

Felicidad orientada: una brújula más que un destino

La propuesta de Esquirol puede definirse como felicidad orientada, que no promete un estado constante de bienestar, sino la conciencia de que uno camina hacia algo valioso. Saber que se avanza en la dirección correcta, que se mantienen vínculos significativos y que se honran los propios valores, constituye un motivo de alegría y satisfacción, aun cuando el camino sea difícil.

En una sociedad saturada de estímulos y obsesionada con la satisfacción inmediata, esta concepción de la felicidad como conciencia de dirección resulta especialmente pertinente. Frente a la ansiedad por alcanzar un ideal de plenitud, Esquirol invita a valorar la vida como un proceso consciente de sentido, donde la claridad en la acción, la intensidad de los vínculos y la atención al presente configuran la verdadera experiencia de la felicidad.

Publicidad