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Cupra VZ5: el coche más potente jamás salido de Martorell deja atrás a casi todos

La versión más ambiciosa de la marca supera a todos sus rivales directos en la mayoría de asignaturas

Cupra VZ5: el coche más potente jamás salido de Martorell deja atrás a casi todos

Cupra Formentor VZ5.

No es un coche normal. Es un caballo de carreras con piel de urbano moderno. De hecho, es el modelo más potente salido jamás de la factoría de Seat en Martorell. Si Cupra es la niña bonita del grupo Volkswagen, el VZ5 es el que sujeta la bandera. Y lo hace bien alto con sus casi 400 caballos, una potencia de deportivo italiano.

La gasolina anda entonando el canto del cisne, pero su voz se resiste. En un mundo en el que los hidrocarburos se andan trocando por el más silencioso litio, Cupra ha decidido dejar decibelios sobre la mesa. Si el Formentor es su modelo más exitoso, el VZ5 en serie limitada es el que preside su catálogo. Cupra instala cinco cilindros bajo el capó, que desarrollan 390 caballos y que pondrán cardíacos a sus propietarios. Es un coche para los que todavía sienten mariposas cuando el cuentarrevoluciones sube más rápido que el pulso.

Aquí no hay engaños. El VZ5 se planta en escena con fibra de carbono en el rostro y cuatro salidas de escape bien visibles. El nuevo frontal prescinde de la parrilla tradicional y adopta ese lenguaje de diseño que ya se vio en la última rinoplastia de toda la gama. Todo es más afilado, más sobrio y más técnico, pero sin abandonar su impronta. Con unas leyes de la aerodinámica comunes para todos, los coches se parecen cada día más, pero un Cupra se reconoce desde lejos.

La silueta mantiene las medidas del modelo, con sus 4,45 metros de largo, aunque gana en presencia con unos pasos de rueda más marcados y unas espectaculares llantas de 20 pulgadas. El color Gris Enceladus le sienta como un traje a medida: sobrio de lejos, especial de cerca. Hay reflejos dorados si el sol incide como solo lo hace en nuestro país y, cuando eso pasa, cobra un sentido del que carecen casi todos: una personalidad única.

Las diferencias con sus hermanos las marcan los detalles. El emblema VZ5 en el parachoques, los discos firmados por la japonesa Akebono, la fibra de carbono en los faldones y en la trasera, y unos escapes diseñados para ser vistos. Todo es exclusivo, hasta el número de unidades. Serán 4.000 para todo el mercado global, y esta vez también con volante a la derecha. Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda podrán acceder al VZ5.

Pero este coche no se compra por sus cifras: se compra por lo que transmite. Es una máquina de desarrollar sensaciones. Los asientos de competición firmados por Sabelt abrazan con convicción. Son duros, y no hay concesiones para caderas delicadas ni espaldas vagas, que esto no es un sillón. Es cuando llegan las curvas el momento en que se comprende por qué están ahí. Sujetan, inmovilizan, convierten tu cuerpo en una pieza más del chasis. Si vas a hacer trayectos largos con frecuencia, piénsalo dos veces.

El volante es un acierto en cada sentido. Lleva botones físicos, de los que hacen clic, de los de siempre. Además, incluye dos selectores: uno para el arranque, el otro para el modo de conducción. Si se mantiene pulsado el botón Cupra, el coche entra en su estado más puro. Se afila, se tensa, se vuelve agresivo. Y hay que prepararse.

La dirección cambia también con cada modo. En Comfort es ligera, ideal para callejear o para dejar que el coche se mueva sin más. Pero en el modo Cupra se convierte en otra cosa. Ofrece resistencia, detalle, incluso crudeza. Se nota lo que ocurre bajo las ruedas, no tanto por la precisión milimétrica, sino por la transmisión de sensaciones. Parece que se toca el suelo con la palma de la mano. El asfalto habla contigo y el traductor es el VZ5.

Por ciudad, el coche se siente contenido, pero siempre preparado. La suspensión adaptativa DCC filtra bastante bien los baches, incluso con las llantas de 20 pulgadas. El tarado no llega a la suavidad de un SUV de lujo, pero tampoco lo pretende. Para generar esas sensaciones, hay que incluir el sonido. No es escandaloso, pero siempre está presente.

Energía sin límites

El comportamiento en autopista revela otra cara del Formentor. A 120, el coche va aplomado, seguro, con una pisada que transmite confianza. El aislamiento no es sobresaliente —el Terramar lo mejora—, pero resulta suficiente. La clave está en la entrega del motor. Incluso en el modo más dócil, el cinco cilindros no se duerme. Hay respuesta, hay par, y hay esa sensación de que todo podría cambiar en un segundo. Basta con pisar el acelerador y la energía llega de manera instantánea. Es el coche perfecto para un atracador de bancos.

Pero es en carretera secundaria o circuito donde el VZ5 se gana su nombre. El chasis se comporta con una neutralidad que recuerda a coches más bajos, más ligeros y más caros. El reparto de par trasero permite que el coche insinúe una salida de atrás, sin llegar nunca a descontrolarse; es noble. El paso por curva es limpio, rápido, emocionante y permite excesos. Con otros coches del mismo segmento acabarías varado en la cuneta.

La tracción total actúa como un copiloto invisible. El diferencial trasero gestiona la potencia con inteligencia, enviándola a la rueda correcta en el momento exacto. En curvas enlazadas, puedes sentir cómo el coche gira sobre sí mismo, como si alguien tirara de la zaga con una cuerda. No es magia, es ingeniería muy bien aplicada.

Frenos de competición, anclas sobre el asfalto

Los frenos Akebono están a la altura del conjunto. Muerden con fuerza, no desfallecen y permiten jugar con las distancias. Permiten frenar tarde, soltar pronto, y el Cupra te premia con una salida limpia y una sonrisa ancha. En circuito, incluso tras varias vueltas exigentes, el conjunto sigue rindiendo sin fatiga aparente.

La excelente caja de cambios DSG es rápida, eficaz y predecible. Pero lo mejor llega cuando se usan las levas tras el volante. Las reducciones suenan con ese petardeo metálico tan típico de este cinco cilindros. Las marchas entran donde deben, no donde el ordenador del coche quiere, y eso en conducción deportiva es fundamental. Aquí no hay retardos ni artificios electrónicos.

El interior sigue siendo un lugar agradable, incluso en uso diario si no se repara demasiado en unos asientos pensados para algo más que para ir al supermercado. La pantalla central de casi 13 pulgadas funciona con rapidez, aunque sigue sin tener botones físicos para la climatización. Los deslizadores táctiles no gustan a todos, aunque responden bien. La instrumentación digital permite configurar un modo con cuentarrevoluciones central, muy al estilo de las carreras. Es justo lo que necesitas cuando conduces rápido: ver el régimen, sentir el motor y olvidarte de todo lo demás.

El espacio trasero es más que decente para un coche de este tipo. Hay sitio para dos adultos y maletero suficiente para bolsas o equipaje variado. Los respaldos se abaten y la superficie queda bastante aprovechable. No estamos ante un coche familiar, pero sí ante un deportivo con sentido práctico. Se puede viajar, hacer vida con él, e incluso se puede llevar a los niños al colegio. Aunque, eso sí, es bastante posible que llegues antes que nadie y encuentres aparcamiento.

No mucha competencia, poca a su altura

Y ahora la pregunta inevitable: ¿vale la pena frente a sus rivales? Hay pocos comparables. Un RS Q3 comparte corazón, pero no agilidad. Un BMW X2 M35i corre, pero no emociona igual. El GLA 45 S de Mercedes es más potente, pero también más frío. El Formentor VZ5 es un unicornio. Combina una carrocería original con un motor que ya no debería existir y una puesta a punto que sorprende por su equilibrio.

Frente al Formentor VZ de 333 caballos, el VZ5 no ofrece un salto abismal en cifras, pero sí en sensaciones. Acelera en 4,2 segundos frente a los 4,8 del cuatro cilindros, pero lo importante no es la cifra, sino cómo lo hace. Hay más empuje, más sonido, más carisma. Y eso, en tiempos de sobrealimentaciones genéricas y propulsores clónicos, es una rareza.

Con un precio que ronda los 72.000 euros, no es una compra racional, sino una compra emocional. Si se elige la versión de 333 caballos bien equipada, el precio se planta en sesenta y pico mil. Por apenas 10.000 euros más, se puede poseer este cinco cilindros, muy probablemente el último de su estirpe.

Porque quizá en unos años miremos atrás y recordemos con una sonrisa el tiempo en que los coches molestaban a los vecinos, los cambios se sentían en la espalda y los asientos te abrazaban como un piloto de rally. El VZ5 está llamado a ser uno de los últimos en recordárnoslo. Es la forma que tiene Cupra de decir que, por ahora, aún queda gente con gasolina en la sangre.

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