Hablemos, pues, de Vito Quiles
«Uno podría entender que a todos sus interrogados en fuga pudiera parecerles que el periodista es un pesado»

Ilustración generada con IA.
La respuesta oficial al lío de Sarah Santaolalla ha sido unánime en favor de esta desdichada, salvo por parte de la Justicia: Sánchez y su portavoz del Gobierno, su portavoz en el Congreso, Patxiló, y en el Senado, Juan Espadas. También se posicionaron contra el periodista: el homo presapiens del Gobierno, Óscar Puente, que descalificó sus informaciones por «no cumplir el principio de veracidad», el ministro del Interior y el bolo Bolaños, que soltó su bola condenatoria contra Vito Quiles por agredir a Sarah Santaolalla, con exigencia a Feijóo de que se sumara a su condena. A favor de la falsa denunciante también se declararon el ministro del Interior y también la portentosa portavoz, bendita aliteración, Elma Sáiz, que anunció la presencia de Sarah como ponente en la cumbre internacional sobre el odio que se va a celebrar el miércoles en Madrid. Mutatis mutandis, a esta tía se le podría aplicar la interpelación de Cayetana Álvarez de Toledo al secuestrador de Emiliano Revilla, Gonzalo Boye: «Usted es especialista en odio, claro, pero no como víctima, sino como practicante». Y en este plan, que diría el maestro Umbral.
Los dos dieron por buena la denuncia de la mitad tonta, mitad tetas, contra lo que el resto de los ciudadanos pudimos ver en el video de los hechos. Ella, no sé si con sus dos mitades o solo con una de ellas, ha sido el estandarte de la izquierda ante la gozosa jornada que se celebra hoy, 8-M. Lo que se puede ver en el video no tiene relación alguna con la denuncia de esta pájara y así lo ha visto también la juez Sonia Agudo Torrijos, del juzgado de Instrucción número 23 de Madrid, que ha dado en apreciar en el video exactamente lo mismo que todo el mundo: que no hay indicios de acoso ni lesiones graves, que los hechos se enmarcan en el legítimo ejercicio del periodismo por parte de Quiles, que fue Sarah quien inició el incidente al preguntarle quién le pagaba el bótox. En el vídeo no se muestra agresión alguna por parte de Quiles y sí se puede ver cómo es apartado violentamente del lugar. Los informes médicos no concluyen la existencia de lesiones relacionadas con los hechos alegados, pese al autodiagnóstico emitido por la interesada de que habría de llevar el brazo en cabestrillo tres semanas. Lo que se va viendo, además de la nula comprensión lectora de la moza sobre el inequívoco auto de la juez Agudo Torrijos, acredita que el famoso dictamen de Rosa Belmonte era inexacto: la mitad tonta era por lo menos tres cuartos de su ser.
Hablemos, pues, de Vito Quiles. Uno podría entender que a todos sus interrogados en fuga, incomodados por sus preguntas, pudiera parecerles que el periodista es un pesado. Yo lo calificaría de tenaz, aunque esta es una característica que me parece más virtud que vicio.
Pero he visto una docena larga de preguntas suyas al portavoz López y en todas se ha conducido con exquisito respeto hacia su interrogado, sin levantar la voz, para recibir a guisa de respuesta un regüeldo de Patxi López acompañado de un tuteo no solicitado. Le acompañan en su indignidad los periodistas que se toman la zafia respuesta como consigna y reaccionan contra las preguntas de Quiles que ellos deberían hacer y no se atreven, levantándose y acompañando en su salida al inicuo portavoz de los sociatas.
Un precedente: a fines del siglo pasado se produjo en el Reino Unido un caso que viene a cuento. Jeremy Paxman, presentador estrella de la BBC, preguntó al ministro del Interior, Michael Howard, si había intervenido en la destitución del director general del Servicio Penitenciario, Derek Lewis. Ante el escapismo del ministro, Paxman le repitió la misma pregunta 14 veces. Pues bien, la Royal Television Society premió a Paxman por la insistencia, por sus 14 preguntas sin respuesta. Se nota que en la RTS no hay gente como Patxi López y Grande (solo nominalmente hablando, por parte de padre) y Marlaska por parte de madre. Ni como la portavoz del Gobierno, el portavoz socialista en el Senado, el ministro de Transportes, el de Justicia y el propio presidente del Gobierno.
La denuncia falsa de Santaolalla es un delito castigado en el Código Penal con una pena de seis meses a dos años (artículo 456). No sé si será condenada a ello o el juez admitirá la existencia de circunstancias modificativas, pero esta zutana y su novio deberían desaparecer de la parrilla de TVE. Y de todos sus avales gubernamentales, empezando por el yerno de Sabiniano, ¿qué quieren que les diga? Si les parece exagerada la comparación de Quiles con Paxman, comparen a nuestro Gobierno con el del Reino Unido y ya me contarán.
