Tambores de guerra... electoral
«El PSOE anticipa que ‘se está abriendo un espacio’ con el ‘No a la guerra’ que Sánchez intenta aprovechar»

El expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, el presidente Pedro Sánchez, Eneko Andueza e Idoia Mendia, en un acto político en Bilbao en 2024. | EP
Viene circulando desde hace 15 días: la posibilidad de que un fracaso de la negociación presupuestaria en Cataluña provoque la coincidencia de las elecciones catalanas con las andaluzas a finales de junio, y que esto pueda animar a Pedro Sánchez a forzar un adelanto de las generales. Aunque hay razones electorales para ello —la movilización del votante socialista con la doble urna y fijar un marco de campaña favorable en clave catalana—, en Moncloa lo descartan. Tanto el núcleo duro del Gobierno como la cúpula del Gobierno catalán coinciden en su convicción de que ERC acabará apoyando los presupuestos de la Generalitat y, por lo tanto, Salvador Illa no se verá en la necesidad de disolver el Parlament y convocar elecciones. Pero aun en el caso de que ERC rompiera la baraja, en Moncloa tampoco están en eso.
En el núcleo duro del Ejecutivo tampoco le dan credibilidad a la supuesta estrategia del PP de convocar unas seudogenerales antes del verano, coincidiendo con las andaluzas, desde su convencimiento de que Vox no facilitará las investiduras de María Guardiola en Extremadura —como ha demostrado esta semana—, Jorge Azcón en Aragón y Alfonso Fernández-Mañueco en Castilla y León. Se dan la circunstancia y coincidencia de que, en el caso de que hubiera una repetición en estos tres territorios, cada uno con plazos diferentes para la disolución y convocatoria de elecciones en función de sus estatutos, los tres coincidirían llamando a las urnas el domingo 28 de junio. Justo el día en que tenía previsto celebrar sus elecciones a la Junta de Andalucía su presidente, Juan Manuel Moreno Bonilla. Sin embargo, en la cúpula del Gobierno y el PSOE están convencidos de que Vox acabará facilitando los Gobiernos en Extremadura y Aragón, sobre todo este último, y no contemplan una repetición electoral en ninguno de esos tres territorios.
Tomando lo expuesto como punto de partida, es interesante desentrañar qué hay detrás de la intervención que Pedro Sánchez hizo desde el Palacio de la Moncloa el pasado lunes, cuando recuperó la proclama electoral del «no a la guerra». El viejo mantra fue un freno a la inercia argumental en sus propias filas, donde insisten en que «el plan A de Pedro es retrasar las generales a octubre/noviembre de 2027», como desveló THE OBJECTIVE. Sin embargo, la afirmación de Sánchez y su intento de utilizar la guerra como instrumento electoral abrieron los ojos súbitamente a muchos de sus colaboradores, forzados a admitir que «Pedro está pensando en elecciones». La pregunta es: ¿qué significa y qué hay detrás de este movimiento?
La obsesión de Sánchez: «La ventana de oportunidad»
En realidad, los tambores de guerra que Pedro Sánchez está tocando no son todavía tambores electorales, pero está trabajando para que lo sean. Sánchez trabaja para un «Irak 2»: fijar un marco político favorable que arrincone al PP y beneficie al PSOE y, a ser posible, que perdure en el tiempo lo suficiente como para servir de revulsivo electoral en el actual escenario de estancamiento demoscópico socialista. La misma operación que intentó con Gaza y que fracasó porque los vertiginosos ritmos de la actualidad no permitieron que se consolidara el debate en el votante. En términos demoscópicos, la guerra entre Israel y Palestina fue una estrella fugaz que se desintegró a su paso por la conciencia colectiva. Sánchez confía en que no pase lo mismo con Irán porque aspira a que su duración y su dimensión económica se consoliden.
Este es el único sentido de que Sánchez centre su campaña electoral en Castilla y León en Irán, que el PSOE reparta chapas del «No a la guerra» en la Asamblea de Madrid y que envíen argumentarios masivos en todos sus territorios para frustrar sus intervenciones en plenos locales y autonómicos o nacionales con consignas contra las derechas que apoyan la intervención en Irán. En una legislatura sin capacidad de gobernar, sin presupuestos y hambrientos de temas que copan el debate público sin necesidad de votarse en el Congreso, Sánchez ha encontrado su filón.
«Se está abriendo un espacio»
Desde el pasado lunes se comenta en el PSOE que «se está abriendo un espacio» propicio en el que el PSOE se mueve con soltura y el PP con torpeza: la guerra. Un debate que inquieta a los populares y que alimenta el ánimo de los socialistas, cuyos primeros trackings registran por primera vez en muchos meses un ligero repunte en sus perspectivas de voto. Sólo los más experimentados socialistas analizan con frialdad el significado que esto tiene: «Pedro no va a convocar ya, pero quiere aprovechar la ola». Si funciona y Vox se consolida en el 20% de voto y el PSOE sube del 28%, significará que funciona. Y entonces, y solo entonces, «podría contemplar un adelanto». Pero eso «no ocurrirá hasta después de las andaluzas», donde presumen que «nos va a ir mal» porque no se votará en clave nacional y donde Juanma Moreno reforzará previsiblemente su liderazgo.
Según sus cercanos, «la estrategia sigue siendo esperar a que el PP se desgaste lo suficiente como para tener opciones». El primer termómetro de ese desgaste será la noche electoral en Castilla y León del 15 de marzo; si el PSOE logra acercarse lo suficiente al resultado del PP e incluso, según dicen en el territorio, lograr ser primera fuerza. «Todo depende de que Vox siga subiendo y alcance el 20% de voto». En los trackings se sitúa en el 19,7%. Y si este movimiento se consolida, «Pedro tendrá que surfear esa ola, no la puede dejar pasar». Es decir, su plan A pasará a ser el B. Porque si el adelanto electoral no se contempla en este momento, tampoco coincidiendo con las andaluzas; es sencillamente porque no suma y solo serviría para alumbrar un Gobierno entre PP y Vox.
Es la famosa «ventana de oportunidad» de un presidente que vive obsesionado con las encuestas. Resignado desde hace tiempo a no ganar las elecciones, su análisis quirúrgico de los microdatos se centra en aprovechar las rendijas y fisuras para lograr su especialidad: las carambolas. La del 23-J de 2023 le permitió gobernar gracias a apenas 27.000 votos y a venderse posteriormente a los siete escaños de Junts. Pedro Sánchez cree haber encontrado una nueva rendija para erosionar al PP: la guerra. Y confía en acompasar los ritmos bélicos con los políticos y cambiar así la tendencia de las encuestas y las urnas. Solo el tiempo dirá si los tambores de guerra logran el efecto deseado para sincronizarse con unas elecciones.
