La España de Torrente es la de Sánchez
«Lo ‘torrentiano’ se hace especialmente real a la hora de denominar a los partidos de extrema izquierda»

Fotograma de 'Torrente presidente'.
Como ya sabrán, imposible no haberse enterado, el fin de semana pasado se estrenó en los cines Torrente presidente, haciendo una taquilla que ni en sus mejores sueños conseguirá a partir del próximo viernes Almodóvar con su última película de título Amarga Navidad. El muy «oscarizado» y «goyesco», manchego de triste rictus, cuya figura no tiene nada de quijotesca. Alimentada de las distintas subvenciones públicas y su alineamiento a todos los postulados progres. Le gusta decir «no a la guerra», para luego mostrarse belicoso, radical, déspota con quienes piensan de manera distinta a la suya. Un pacifismo el suyo, prefabricado y de plástico, de colores chillones como el de sus películas.
Habla de Trump, de Milei, por supuesto de Franco, pero se olvida del presente de su país. Una desmemoria sesgada, interesada, donde la corrupción no se expande por todos los poros del gobierno, donde «encamarse» con el hermano político de la banda terrorista de ETA, esa que utilizó bombas, explosivos, pistolas, esos instrumentos que matan y que tanto horripilan ahora a la izquierda en Irán, pero por los que no se han manifestado nunca en España durante los años del plomo. Ellos que son tan feministas, y algunos de los representantes políticos de esos partidos que tanto aman, han forzado y denigrado sexualmente a varias mujeres, además de ser unos puteros consumados. Pero a Pedro Almodóvar eso no le afecta o puede que lo desconozca. Su mirada es tan amplia que lo que pasa en su país se le queda corto y microscópico.
Pero un servidor quería escribir también sobre Santiago Segura y el éxito de la última película de la saga de Torrente. Segura sí que está en la diana de la progresfera. Y es que ha cometido delitos tan graves como no pedir el carnet del partido al que votan a los que quieren ver sus películas. En querer hacer películas para todos y no sólo para una parte del país. Por cometer esa ofensa tan grave de poner dinero y producir una película donde ETA queda como los asesinos que son, y eso es algo que, por lo que sea, no pueden soportar. Esa película fue La infiltrada, ganadora del premio Goya del año pasado a mejor película junto a El 47.
Una realidad tan torrentiana la de España en los últimos años, que no se le ha parado de pedir a Santiago Segura que hiciera una película para demostrar que la realidad y la ficción a veces se igualan, y no hay una que supere a la otra. Segura fue un visionario sin proponérselo. Pensó que exagerar la ficción minimizaba la realidad, pero con cada película de la saga ambos extremos se iban juntando en su punto medio. El único centro aceptado en España y donde converge todo es en el «torrentismo». Pero con Torrente presidente, Santiago Segura da un paso más y ya no se sabe si estamos viendo una película, un documental, los informativos de cualquier cadena de televisión o, en definitiva, la vida misma.
El pasado domingo se celebraron las elecciones en Castilla y León. Ganó Mañueco; no confundir con un maño que parezca un muñeco y le rece a la Virgen del Pilar, aunque por perfil podía parecerlo perfectamente. También ganó, según los suyos, Carlos Martínez, el candidato socialista y a la vez el alcalde de Soria. En esa localidad está claro que le quieren mucho, como demuestran los resultados obtenidos y que para nada esperaban. Dicen que se debe a que es una figura alejada del sanchismo dentro del partido, pero a mí me han contado que es debido a que en su ciudad le han votado hasta los torreznos. Después está Vox, que se está acostumbrando a quedar tercero, como el Atlético del Cholo, pero jugando más al ataque, cosa no muy difícil, aunque estén siempre a la defensiva.
Pero lo torrentiano se hace especialmente real a la hora de denominar a los partidos de extrema izquierda. En la última película de la saga, esos partidos se llaman «Pudimos» y «Restar». Podemos y Sumar desaparecen como lo hacen de las instituciones donde ha habido elecciones en lo que llevamos de año. «Pudimos», pero ya no; se muestra nostálgico. Cualquier tiempo pasado fue mejor. El líder tenía la fuerza de Sansón hasta que se cortó el pelo. Se ha quedado sin representación tanto en Aragón como en Castilla y León, y la nada que siempre fueron está a punto de aplastarles. Lo de «Restar» también es de traca. Lo suyo ha sido «sumar» un fracaso tras otro. Ser la muleta de Pedro Sánchez cuando la cojera crónica electoral la han sufrido ellos. Ser toreados de manera servil, bajar la cabeza ante el capote de Sánchez y humillar como sólo lo pueden hacer en ese partido. Un partido tan joven y que pertenece ya al pasado como los dinosaurios, cuya extinción también parece cercana. La clarividencia de Santiago Segura asusta, pero aún más que un personaje como Torrente y un presidente como Sánchez sean quienes mejor representen y entiendan lo que hoy es España.
